Cuando el buen tiempo empieza a abrirse paso en Aragón, los días se alargan y apetece salir a pasear y contemplar el entorno natural. Es en este momento cuando los campos frutales de la Comunidad se convierten en un espectáculo natural difícil de ignorar: los cerezos en flor estallan en blanco y rosa, cubriendo laderas, valles y bancales con un manto que dura apenas unos días.
Contemplar la flor del cerezo se ha convertido en un pequeño ritual de primavera. Aunque el Valle del Jerte (Extremadura) y Las Caderechas (Burgos) se llevan buena parte de la fama, también en Aragón hay enclaves que permiten disfrutar de este fenómeno con mucha menos masificación. Desde la comarca de Valdejalón hasta los montes del Bajo Aragón-Caspe, pasando por Huesca y el Pirineo, la floración del cerezo se convierte en una excusa perfecta para una escapada rural. En este artículo te mostramos cuatro lugares dónde disfrutar de este espectáculo natural sin salir de nuestra Comunidad.
- LA ALMUNIA Y RICLA, EL CORAZÓN FRUTAL DE ZARAGOZA
- BOLEA, FLORACIÓN A LOS PIES DE LA COLEGIATA
- MAELLA Y EL BAJO ARAGÓN-CASPE, CEREZOS ENTRE SECANO
- UNA RUTA PARA TODOS EN FRAGA Y EL BAJO CINCA,
LA ALMUNIA Y RICLA, EL CORAZÓN FRUTAL DE ZARAGOZA
La comarca de Valdejalón, en la provincia de Zaragoza, es uno de los principales puntos agrícolas de Aragón. Municipios como La Almunia de Doña Godina, Ricla o Calatorao se llenan de cerezos en flor entre finales de marzo y principios de abril. El paisaje se transforma por completo, con hileras blancas que se abren paso entre viñedos, almendros y huertas.
Pero más allá de la imagen primaveral, Ricla es un territorio profundamente ligado al cultivo de fruta de hueso. Además de los cerezos, predominan especies como melocotoneros, albaricoques o ciruelos, mientras que las frutas de pepita tienen una presencia casi testimonial.
“El 30% de los campos frutales que tenemos son cerezos, y el 70% restante corresponde a otras variedades de fruta de hueso”, explica el concejal de Agricultura de Ricla, Pedro Cabañero, a ARAGÓN DIGITAL.
El sistema de cultivo también marca la diferencia. Los campos cuentan con regadío por goteo a partir de pozos subterráneos, lo que, unido a la calidad del suelo, favorece el desarrollo radicular de los árboles y garantiza producciones estables.
La floración, además, no es uniforme. “Entre unas variedades de cerezo y otras puede haber hasta 15 o 20 días de diferencia en la floración”, señala Cabañero, lo que alarga el espectáculo natural y permite disfrutarlo durante más tiempo.
En los últimos años, ayuntamientos y productores han empezado a organizar rutas y actividades en torno a la floración. Aunque no hay grandes eventos turísticos como en otras regiones, sí se respira un ambiente tranquilo y auténtico que permite disfrutar de la naturaleza sin agobios.
BOLEA, FLORACIÓN A LOS PIES DE LA COLEGIATA
En la Hoya de Huesca, a los pies de los Pirineos, se encuentra Bolea, un pequeño municipio conocido por su colegiata renacentista y por los paisajes que lo rodean. En primavera, los campos de frutales que salpican el entorno brotan con fuerza, y los cerezos en flor se convierten en protagonistas durante unas semanas.
Bolea es la capital del municipio de La Sotonera, que agrupa a siete núcleos rurales de la zona. Es precisamente en esta localidad donde se concentra el cultivo de cerezo, gracias a unas condiciones particulares. “Bolea tiene un microclima que permite este tipo de cultivo, algo que no ocurre en otros núcleos del municipio”, explica la alcaldesa de La Sotonera, Isabel Bailo.
La floración, además, depende en gran medida de factores como la altitud o el clima, lo que explica las diferencias respecto a otras zonas de Aragón. Y es también un fenómeno especialmente delicado: “La flor del cerezo es muy incierta y muy efímera; apenas dura una semana antes de que caigan los pétalos”, apunta la alcaldesa. Este año, la previsión es que el momento de máxima floración llegue a principios de abril y la previsión del inicio de la recolección de la cereza será a mediados de mayo.
Además, en el mes de junio se celebra la Feria de la Cereza, una cita tradicional donde se pueden probar las variedades locales recién recolectadas. Una excusa más para volver cuando el paisaje cambie las flores por el fruto.
Pasear por los caminos rurales de Bolea permite disfrutar de un entorno privilegiado, con vistas a los Mallos de Riglos, al castillo de Loarre y a las sierras prepirenaicas. La combinación de patrimonio, naturaleza y tranquilidad convierte esta zona en una opción ideal para quienes buscan desconectar sin hacer grandes desplazamientos.
MAELLA Y EL BAJO ARAGÓN-CASPE, CEREZOS ENTRE SECANO
En el extremo oriental de Zaragoza, en la comarca Bajo Aragón-Caspe, se encuentra Maella, una localidad agrícola que linda con la comarca del Matarraña y cuenta con un paisaje árido y quebrado que sorprende en primavera. Aquí, en medio del secano, florecen los cerezos, ofreciendo un contraste visual que llama la atención por su rareza.
Las variedades que se cultivan en esta zona son tempranas, por lo que la floración suele adelantarse respecto a otras partes de Aragón. La estampa de las flores blancas sobre los campos rojizos y pedregosos es tan breve como intensa, y atrae a aficionados a la fotografía y senderistas en busca de paisajes diferentes.
Y si bien la imagen de los cerezos en flor resulta especialmente llamativa, lo cierto es que en Maella su presencia es muy reducida. “De toda la cooperativa, solo hay dos socios que tienen cereza”, explica el concejal de Agricultura, José Antonio Moreno. Predominan, en cambio, otros cultivos como el melocotón, la nectarina o el almendro.
En estas semanas, la floración ya ha comenzado a teñir el paisaje. “Ahora mismo lo tenemos prácticamente todo en flor, salvo el ciruelo y el melocotón tardío, que están empezando ahora”, señala Moreno a ARAGÓN DIGITAL.
Otras localidades cercanas como Fabara o Nonaspe también cuentan con explotaciones agrícolas donde florecen los cerezos. Aunque la mayoría de los campos son privados, muchos pueden observarse desde caminos o carreteras locales, lo que facilita su disfrute sin necesidad de acceder a fincas cerradas.
En el conjunto de la comarca, la floración también se ha convertido en un atractivo creciente. De hecho, la vecina localidad de Caspe celebró la III Andada “La Flor de Caspe” el pasado 16 de marzo, un recorrido entre más de 400 hectáreas de frutales en flor que reunió a numerosos participantes.
UNA RUTA PARA TODOS EN FRAGA Y EL BAJO CINCA
En el Bajo Cinca, al este de la provincia de Huesca, la floración es una cita ineludible. Aunque los melocotoneros son los más abundantes, también los cerezos tienen un papel importante en el paisaje primaveral de Fraga y su entorno. “En Fraga hay todo tipo de cultivos de fruta de hueso: cerezos, melocotoneros, albaricoque, nectarina o paraguayo”, explica la concejala de Agroindustria y Turismo, Verónica Alins. Esta diversidad hace que la floración no sea uniforme. “Los cultivos están en diferentes fases de floración según la zona”, añade.
La Huerta de Fraga se caracteriza por estar formada principalmente por pequeñas explotaciones familiares, lo que configura un paisaje agrícola accesible y cercano. Uno de los rasgos distintivos de la zona es su precocidad. “La floración en Fraga suele ir una semana por delante de lo habitual”, señala Alins, lo que permite adelantar también la campaña. Si las condiciones acompañan, la recolección de la cereza podría comenzar ya en la última semana de abril.
Además, el ayuntamiento organiza anualmente la Ruta de la Floración, que reúne a cientos de visitantes.El pasado 8 de marzo se celebró la IX edición, que reunió a unas 800 personas llegadas de distintos puntos de España y del extranjero, con visitantes procedentes de lugares como Las Palmas, Reino Unido o Canadá.
El recorrido permite adentrarse en los campos frutales y disfrutar de las vistas mientras se aprende sobre el trabajo agrícola de la zona. Es una propuesta pensada para todos los públicos, con visitas guiadas, actividades familiares, catas y exhibiciones vinculadas al mundo rural.
Además de ser un evento visualmente impactante, la ruta sirve para poner en valor el papel del agricultor y fomentar un turismo más sostenible. Los cerezos no son mayoría, pero sí aportan un punto de variedad y belleza en medio del mosaico frutal del Bajo Cinca.
La floración del cerezo es un espectáculo fugaz, pero inolvidable. Aragón lo ofrece con discreción y belleza en múltiples rincones, desde los valles del Ebro hasta las montañas del norte. No hace falta ir muy lejos para dejarse impresionar por la naturaleza: basta con saber mirar, dejar el coche en el arcén y caminar entre flores.
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