JOSÉ MIGUEL MONSERRATE

"Necesitamos llegar a las personas"

La Fundación DFA atesora más de 35 años de trabajo con personas con discapacidad física. Conseguir la plena normalización social es uno de los objetivos, objetivos que se concretan en aspectos relacionados con la accesibilidad y la atención temprana. José Miguel Monserrate es, desde el pasado mes de septiembre, su presidente.

Zaragoza.- José Miguel Monserrate Monforte, el hasta ahora vicepresidente de Fundación DFA, ha pasado a ocupar el cargo de presidente desde el pasado mes de septiembre. Monserrate toma de este modo el relevo al frente de la Fundación a Armando Carcas, presidente desde 2003, que pasa ahora a ser el vicepresidente de la entidad.

La Fundación DFA atiende a unos 30.000 usuarios, y Monserrate se propone continuar con la misma línea de trabajo desarrollada en los más de 35 años de historia de la entidad, aportando el esfuerzo, la ilusión y la capacidad de trabajo necesarios para evolucionar hacia la plena normalización social de las personas con discapacidad física.

Pregunta.- ¿Con qué primer objetivo llega a la presidencia de DFA?
Respuesta.- Cada cierto tiempo hacemos análisis y vemos que tenemos unas debilidades. Tienes unas carencias que has dejado en el camino, y el primer objetivo es revitalizar alguno de los fines de la Fundación. Porque la Fundación no cambia pero la sociedad sí y tienes que actualizarte a las necesidades sociales. Nos hemos marcado unas metas, tanto internas como externas, porque la Fundación ha crecido mucho.

P.- ¿Qué demandas son ésas que van a intentar reavivar?
R.- Esto pasa como con la terminología. Cuando en los años 70 nos dieron los certificados de discapacidad éramos subnormales, luego pasamos a minusválidos, ahora discapacitados físicos… Cuando fundamos DFA peleábamos por la accesibilidad, por el empleo, por esas cosas que se consideran básicas en el desarrollo personal. Esto no está al 100% cumplido pero son necesidades en las que la sociedad está muy concienciada. La discapacidad ya se visualiza, vas por la calle y no te extraña ver sillas de ruedas ni bastones.

P.- Hay que avanzar, entonces, por conseguir otras mejoras.
R.- Exacto. Una vez semi conseguidos estos hitos ahora tenemos que avanzar un paso más. Por ejemplo, tienen trabajo pero el que han desarrollo hasta ahora era en el sector terciario; el nivel cultural de las personas con discapacidad ha aumentado y vamos a intentar que encuentren trabajos con valor añadido. En el área de prevención, antiguamente no existía atención temprana y por la experiencia de estos años vemos que un niño que no tratas es una persona adulta con unas patologías muy serias, no va a tener confianza ni ese grado de normalidad mínimo que se puede pedir. Por eso hay que hacer hincapié en la atención temprana.

La Fundación DFA atiende a unos 30.000 usuarios
La Fundación DFA atiende a unos 30.000 usuarios

P.- ¿Y en qué otros aspectos quieren incidir?
R.- También en que las personas que tienen patologías crónicas (polios, lesiones medulares, accidentes) llegan a ser, por su falta de tratamiento, personas dependientes muy pronto. Fomentar una rehabilitación, ir dos días a la semana al gimnasio, que se puedan poner de pie para que la sangre pueda circular… Antes no se daba importancia a esto. Y también en el ocio. Si queremos la plena integración tenemos que conseguir que una persona pueda ir a ver un palacio, un museo, ir a un concierto…

P.- ¿Es el mundo rural el gran olvidado?
R.- Es otra de las carencias en las que queremos trabajar. En Zaragoza alguien se preocupa por tener un sitio en La Romareda para ver el fútbol. En el mundo rural no pueden salir de casa. Una persona con movilidad reducida no sólo es alguien en silla de ruedas, es una persona mayor, una embarazada, que van a consultorios médicos y tienen escaleras para subir porque está en un primer piso. El mundo rural está muy olvidado.

P.- ¿Y de cara al interior, qué quieren mejorar?
R.- La Fundación tiene 950 trabajadores, de los que más del 80% tienen discapacidad, y los que no lo son es porque no encontramos profesionales con discapacidad, sino serían el 100%. Hemos detectado que quizá hayan perdido ese cariño a la Fundación, que hayan perdido el horizonte de dónde trabajan. Vienen a trabajar, a ganar un dinero y se van. Al equipo directivo nos duele un poco que no tengan esa conciencia de que están en una ONG y que con su labor se están realizando otras acciones que no son propias de una empresa.

Imagen de DFA

P.- ¿Realmente la gente sabe qué es DFA?
R.- Todo el mundo la conoce pero en realidad nadie conoce DFA ni los servicios que ofrecemos. Nadie sabe que tenemos en atención temprana cerca de 300 niños de 0 a 6 años que vienen con todo tipo de problemas (ictus, dislexias, motóricos…). Intentamos que se superen y también educar a los padres sobre cómo tratarlos. La gente sabe que DFA es una ONG grande, a veces incluso nos dicen que somos casi paraestatales, y nada más lejos de la realidad. Somos bastante críticos con la Administración, aunque colaboramos con ella porque tenemos plazas concertadas en centros de día y residencias. Llega un momento que hasta tenemos mala imagen, el pequeño te ve grande y comernos a nadie está muy lejos de nuestra ideología.

P.- ¿Les afecta la crisis?
R.- Personalmente tengo una contradicción. Soy consciente de la que está cayendo, se dice que no hay dinero y no estoy muy de acuerdo, lo que hace falta es redistribuirlo de otra forma. Habría que redistribuir el asociacionismo, porque creo que tenemos una atomización excesiva, sobre todo en el mundo rural. No veo lógico que en Aragón haya cerca de 150 entidades de discapacidad física. En un pueblo hay asociaciones de dos personas, de una sola, y qué puede hacer una persona… Soy partidario de trabajar en equipo. En el mundo rural, al estar tan atomizado, se dispersan los recursos, y en momentos de crisis, pides y nadie tiene nada. Hay que reestructurarlo.

P.- Y a las personas, ¿cómo las afecta?
R.- Nos olvidamos de que nuestros trabajadores, además de ganar un sueldo, tienen unos gastos complementarios por su discapacidad, que compran medicamentos y otras cosas para su vida diaria. Una silla de ruedas (no cara) para una persona que quiera tener una cierta movilidad puede valer unos 2.600 euros. La Seguridad Social te da 300, te compres lo que te compres. No vamos a pedir que nos den más o menos, pero sí es verdad que las personas con discapacidad tenemos más gastos. Ganamos igual o parecido dinero que en la empresa normalizada pero ese sobre coste hace que nuestra precarizad en casa sea más grave.

Monserrate apuesta por pontenciar la atención temprana
Monserrate apuesta por pontenciar la atención temprana

Accesibilidad en las ciudades

P.- ¿Es Zaragoza una ciudad accesible?
R.- Es bastante accesible pero siempre tenemos que pedir el 150% para intentar llegar al 100%. Hay verdaderas salvajadas, pero las hay en todo el mundo. He viajado bastante y considero Zaragoza una ciudad muy accesible. Mi mujer va en silla de ruedas, yo tengo polio, tengo que tirar de ella y sé lo que supone. Me he encontrado sorpresas, como China, con ciudades más accesibles que muchas europeas. En París sólo hay una línea de metro accesible y alguna de autobús. El tranvía de Holanda o de Bélgica no es accesible porque no tiene plataforma de elevación.

P.- ¿Qué echan en falta en Zaragoza?
R.- La independencia que tiene la gente para andar por las calles es bastante buena. Somos críticos en la zona de plaza de los Sitios y en el centro. Lo que se construye nuevo se va haciendo más o menos bien, aunque a veces tenemos peleas con la discapacidad visual, por ejemplo. Pero echamos en falta en los edificios públicos una ley que ha prescrito hace unos años y que tenía que hacerlos accesibles. Algunos nos han hecho caso pero la mayoría no.

P.- ¿Por ejemplo?
R.- Ningún conservatorio de música es accesible. Todos tienen escaleras. Ninguna persona con discapacidad puede estudiar música. Ni estudiarla ni escucharla, porque el Auditorio también es inaccesible. La Sala Multiusos sí, pero la Sala Mozart no. A las personas con silla de ruedas las colocan en el pasillo central y eso es ilegal, porque se trata de una salida de emergencia y no se puede poner nada ahí. Si hubiera un incendio sería zona de paso. Se han dado ideas relativamente baratas y en eso influye también la persona que tiene que tomar la decisión.

P.- Pero también se habrá topado con mejores situaciones…
R.- Por supuesto. Al Paraninfo de la Universidad de Zaragoza entrábamos siempre por una rampa de la parte de atrás, tienes que llamar, que te abra el conserje… Para ver una exposición o un acto había muchos problemas. Hablamos con el rector, Manuel López, le presentamos un proyecto y le gustó. Contrató un equipo de arquitectos para que lo desarrollara, y lo hizo al 100% tal y como se lo dimos. Tuvo algún problemilla con Patrimonio porque la rampa pegaba al edificio. Cuando Patrimonio se niega hacer accesible cualquier edificio les diría que quitaran los váteres, la luz… Porque si has instalado eso has tenido que llevar cañerías, desagües… ¿Por qué no puedes llevar una rampa? Al final, la rampa se tuvo que sacar un poco hacia fuera para que no tocara el edificio. El rector se empeñó, consiguió financiación y lo va a hacer. Eso es interés de una persona, le ha costado un año, pero lo hace y le doy las gracias por ello.

Monserrate considera el mundo rural como el gran olvidado
La Monserrate considera el mundo rural como el gran olvidado

P.- Imagino que la actitud de las personas a la hora de moverse es muy importante…
R.- Tenemos una residencia en el centro con 24 personas con gran discapacidad y se van a ver conciertos, el domingo se van al rastrillo que ponen al lado de La Seo, los del Actur se van a Gran Casa… La actitud es fundamental para querer salir e integrarse.

Hacerse visibles

P.- ¿Hay que ser un poco “pesado”, estar ahí, hacerse oír?
R.- Sí. Hay que ser pesado, hay que insistir, agotar muchos medios. Cuando ves que lo están haciendo mal intentas influir sobre ese proyecto, y si no te hacen caso intentas ir un escalón más arriba. Tenemos muy claro que tenemos que ir subiendo, aunque no sea nuestro fuerte lo de las escaleras (risas). Al final nos topamos con la incomprensión o el olvido.

P.- ¿En qué sentido ese olvido?
R.- En febrero firmamos un manifiesto con los cinco partidos del Ayuntamiento de Zaragoza para conseguir que la ciudad tuviera un transporte accesible y universal con, por ejemplo, un 5% de licencias de taxis adaptados. Hasta el momento no se han sacado más licencias. Que no pedimos que saquen más, sino que reconviertan las que hay. Que si quitan los autobuses amarillos, por ejemplo, el dinero se lo den al sector del taxi. No han tomado ninguna medida. Hace un mes hablamos con Servicios Públicos insistiendo en este tema.

P.- ¿Todavía queda por hacer de cara a la sociedad en general?
R.- Es muy complicada la comunicación e igual no sabemos transmitir lo que somos. Hay un sector de la sociedad que nos ve como los pesados, “ya están aquí los cojos”. Aparte de visualizarnos nos ven como un colectivo que, en algunas acciones, molesta. A veces nos planteamos salir a la calle y protestar, pero eso lo hace cualquiera y la gente casi no hace caso a las manifestaciones. No sería difícil porque somos muchos, pero si cortas la Puerta del Carmen los conductores y la gente se cabrea, y es antipopular. Entonces, mientras no des mucho mal, piensan: “Ahí está el cojo, que se las arregle”. Necesitamos llegar a las personas. Hemos pasado a ser ese colectivo que se queja, y como oyen ayudas dicen: “De qué se quejan, si tienen lo que quieren”. Y hay que ver las ayudas, las posibilidades de cada uno…