Los "langostos" de Abizanda predicen buena cosecha de vino
Huesca.- Es una de las tradiciones más mágica y, al mismo tiempo, sorprendente del Pirineo aragonés. El domingo más cercano al 12 de enero, festividad de San Victorián, los vecinos de Abizanda, localidad ubicada a medio camino entre Somontano y Sobrarbe, predicen las futuras cosechas de vino, aceite y cereal según el número de “langostos” de diferentes colores que saltan a un mantel blanco tras la misa.
La tradición comienza con la misa en la ermita de San Victorián, un pequeño templo muy alejado, enclavado en la sierra que queda tras Abizanda, y que constituye un excelente mirador del Pirineo. Tras la misa, todos los presentes se dirigen a una explanada cercana a la ermita, donde sobre un mantel blanco, se coloca la “caridad” compuesta por tortas dulces, pan de anises y vino casero. El sacerdote bendice en nombre de San Victorián los bienes, con un hisopo de romero y, al momento, comienzan a saltar los langostos al mantel. Éstos son unos insectos, a modo de diminutos saltamontes, de diferentes colores. La creencia detalla que el color de cada uno de ellos, negro, claro o verde, representa a los tres cultivos de la zona, vid, cereal y oliva, respectivamente. Así, dependiendo del número que de cada uno de ellos haya en el mantel se prevé la abundancia o carestía de uno u otro cultivo.
Así, este año, según indican los propios vecinos, los langostos auguran una buena cosecha de vino, que de nuevo se repetirá abundante. En mucha menor medida vendrá la oliva, y sobre todo el cereal. Los vecinos confían en estas predicciones, ya que aseguran que tras siglos de llevarse a cabo “siempre se cumple”. Por de pronto, la predicción del año pasado parece haberse cumplido, ya que hubo una presencia muy abundante de langostos oscuros y hubo muy pocos verdes. Curiosamente, en 2004 se han batido récords en recolecta de kilos de uva, mientras que apenas se ha recogido oliva en el Somontano.
Los vecinos finalizan la jornada degustando las tortas y panes bendecidos con chocolate y almendras, todo ello regado con vino de la tierra, que previsiblemente volverá a ser abundante según la predicción de los langostos de este año.