Zaragoza.- El hospital Universitario Miguel Servet ha inaugurado este viernes las nuevas instalaciones de la Unidad de Grandes Quemados del centro y para ello ha contado con la visita del presidente aragonés, Marcelino Iglesias, y de la consejera de Salud, Luisa María Noeno. Este servicio forma parte del hospital de Traumatología, Rehabilitación y Quemados, actualmente uno de los edificios que se están remodelando dentro del plan de obras en el que está inmerso este centro sanitario.
Esta nueva unidad se encuentra en la planta cuarta del edificio de Traumatología y ocupa 1.345 metros cuadrados. Además, se han incorporado siete habitaciones individuales, dos boxes de críticos, dos salas de curas, un quirófano, que incorporará un sistema de transmisión de imágenes, y una sala de recepción de urgencias, a través de la que entrarán a la planta los heridos más graves.
“Esta sección se divide en dos zonas, por un lado está la de hospitalización y por otro, la zona estéril donde si sitúa el quirófano, la bañera y ahí estará el acceso directo a urgencias”, ha explicado la gerente del Área I del Servicio Aragonés de Salud, Ana Sesé.
Iglesias ha señalado que esta unidad se pone en servicio “siempre que ocurre una catástrofe y el resto de servicios de otros hospitales envía al Miguel Servet a los accidentados que no pueden atender”. Esta Unidad de Quemados incorpora las últimas tecnologías para facilitar la atención y cuidados a los pacientes. Así, se han incorporado salas de curas con toma de gases que permiten la sedación o anestesia del herido, bañeras con un mayor número de prestaciones que mejoran las condiciones de las curas y cama gravitacionales específicas para los grandes quemados.
“Esta unidad forma parte de las nueve unidades de quemados de referencia para toda España”, ha señalado Ana Sesé, quien también ha destacado la importante inversión que se tiene que realizar tanto para su montaje inicial como para su funcionamiento habitual.
Desde la apertura de la sección en 1971, se han atendido a 1.574 pacientes, algunos de ellos derivados de sucesos de gran magnitud, como es la explosión que afectó, en 1978, al camping de Los Alfaques en Tarragona, 215 fallecidos. También fueron atendidos los heridos del atentado del Hotel Corona de Zaragoza y el incendio de la discoteca Flying que tuvo lugar en 1990.
Asimismo, Iglesias ha hecho hincapié en la evolución de las obras que se están realizando en el hospital, tanto en el Servicio de Traumatología como en los Servicios Generales, en Urgencia y en consultas externas. Por ello, el presidente aragonés ha indicado que se espera que “en un año esté todo terminado”.
Cualificación profesional
Las quemaduras son las lesiones más complejas de todos los traumatismos, ya que afectan a todo el organismo. La razón fundamental para la existencia de una Unidad de Grandes Quemados es la de mantener al paciente aislado del resto del hospital para evitar, en lo posible, la infección de la quemadura, lo cual se muestra como una medida eficaz para la disminución de la mortalidad y de las secuelas. Los pacientes con quemaduras necesitan servicios altamente especializados y profesionales cualificados.
Los pacientes de esta unidad estarán atendidos por cirujanos plásticos, un anestesista y enfermeras y auxiliares de enfermería, aunque en la atención a quemados participa un equipo multidisciplinar en el que se incluyen también intensivistas, internistas, especialistas en enfermedades infecciosas, psicólogos o psiquiatras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y respiratorios, dietistas y trabajadores sociales.
En cuanto a los cuidados y tratamientos que se prestan, una vez superada la primera fase de la quemadura, que consiste en reponer la pérdida de los líquidos circulantes, se tienen que eliminar todos los tejidos quemados y reponer la cobertura cutánea bien con injertos de piel del propio paciente, si la quemadura no es muy extensa, o cultivando una pequeña porción de piel y aplicándola cuando ese cultivo ha producido la cantidad de piel suficiente.
En una fase posterior comienza un periodo de rehabilitación que ayuda al herido a recuperar el máximo nivel posible de funcionalidad e independencia y a mejorar su calidad de vida general, tanto en el aspecto físico como psicológica y socialmente. La duración de todo este proceso requiere una hospitalización que, en ocasiones, llega a los dos o tres meses, varias intervenciones quirúrgicas y múltiples curas.