El hospital Infantil realiza 500 intervenciones al año con cirugía mayor ambulatoria
Zaragoza.- La cirugía mayor ambulatoria es una modalidad quirúrgica cada vez más en auge, tanto en los sistemas públicos de salud como en los privados. Aunque se puede realizar también en pacientes adultos, los niños están siendo grandes beneficiados de esta técnica que reduce al mínimo la estancia en el hospital. “La cirugía mayor ambulatoria disminuye el trauma y el estrés del niño a la que vez que aumenta su confort y el de su familia”, ha señalado el subdirector del hospital Infantil, Juan Carlos Bastarós.
Para poder realizar una intervención mediante esta técnica tanto la patología como los propios pacientes deben cumplir una serie de características. Tienen que ser operaciones a realizar en quirófano, bajo anestesia general, con una duración inferior a los 90 minutos, sin pérdidas hemáticas significativas, no ser necesaria la realización de incisiones amplias, no presentar dudas diagnósticas y tener un dolor postoperatorio leve o moderado.
Los pacientes que pueden ser intervenidos por este sistema deben estar sanos, ser colaboradores, sin obesidad excesiva, sin alergias y sin neumo, psico o endocrinopatías. Sólo el hospital Infantil opera cada año a 500 niños con cirugía mayor ambulatoria, lo que representa el 16% de las cerca de 3.000 operaciones que se realizan al año. En total, desde que en 1999 se comenzó a trabajar con este procedimiento, se ha operado a 2.742 niños. “Con este tipo de cirugía se consiguen liberar hasta 1.500 camas al año. Así, estas camas se pueden destinar a otros enfermos con otras patologías y se consiguen reducir las listas de espera”, ha explicado el jefe del servicio de Cirugía Pediátrica, José Antonio Esteban.
La cirugía mayor ambulatoria supone un mayor grado de responsabilidad tanto para el facultativo que realiza la intervención como para la familia del niño, que tendrá que ocuparse de los cuidados postoperatorios. Además, deben cumplirse también unas condiciones socio-familiares. “El lugar de residencia del paciente debe estar como máximo a 70 kilómetros, la familia debe estar capacitada para darle al paciente unos cuidados mínimos y se debe disponer de vehículo y de teléfono”, ha explicado Esteban. Independientemente de que el paciente cumpla estos requerimientos, es necesario que éste o la familia, en el caso de los niños, acepte libremente la realización de la intervención con esta modalidad quirúrgica.
El proceso
La estancia del niño en el hospital cuando se le interviene con esta modalidad es de unas 7 horas. El paciente es ingresado a las 8 de la mañana. Antes de la intervención es sometido a una exploración. Después se pasa al quirófano donde se sigue el protocolo anestésico habitual. Cuando termina la operación, el paciente pasa a la sala de despertar y después a la sala de readaptación. Tras un riguroso control médico, el niño es dado de alta. “Se comprueba la recuperación neurológica, la ausencia de complicaciones y de ansiedad”, explica el jefe de Cirugía Pediátrica.
La permanencia de los pequeños en el hospital no se alarga más de 7 horas. “El niño viene al hospital a las 8 de la mañana después de haber dormido en su cama y vuelve a su casa a la hora de merendar, mientras que, si se interviene de la forma habitual, el ingreso se alarga dos días”, ha señalado el jefe de sección de Cirugía Pediátrica, Juan Elías.
Aunque en ocasiones los facultativos se encuentran con reticencias por parte de las familias, la mayor parte motivadas por el temor a complicaciones postoperatorias, el grado de satisfacción se sitúa entre el 95 y el 98%. “Los padres jóvenes nunca ponen ningún problema, y en el caso de tener que operar a alguno de sus hijos más de una vez, son ellos mismos los que piden que se utilice este tipo de cirugía”, explica Bastarós.