El enemigo público número uno
Zaragoza.- El mejillón cebra, llamado científicamente Dreissena Polymorpha, fue descrito por Peter Simon Pallas en 1771. Originario de las aguas de los mares Negro y Caspio (donde se encuentra en equilibrio ecológico), a partir del siglo XIX se extendió por Europa con la navegación fluvial de los ríos de esa zona y, a partir de los años ochenta del siglo XX, en América del Norte con el transporte marítimo de mercancías.
Se trata de un molusco bivalvo que puede alcanzar unos tres centímetros de longitud, aunque generalmente es más pequeño, y con un aspecto similar a los mejillones marinos. Suele vivir unos tres años; eso sí, en el caso de los adultos, precisa una temperatura mínima de cero grados para sobrevivir, de cinco para alimentarse, de 10 para crecer y de 12 para reproducirse. Experimentalmente se ha concluido que el límite térmico superior para que sobrevivan es de 30-32º.
Esta especie destaca también por su alta tolerancia a variaciones de salinidad y temperatura; incluso resiste varios días fuera del agua (entre 5 y 6 días expuesto al aire), lo cual ha permitido su dispersión a partir de individuos fijados en cascos de embarcaciones o en bodegas de cargueros, si bien las grandes invasiones se han hecho a través de las aguas de lastre de buques de carga.
En la actualidad, ha colonizado numerosas aguas continentales de América del Norte y Europa central y occidental, por lo que está siendo objeto de exhaustivos estudios científicos; ya que está presente en prácticamente todos los países europeos. Precisamente, teniendo en cuenta los antecedentes de otros lugares del mundo, se puede asegurar que su presencia supone un grave riesgo de desastre ecológico y socioeconómico a corto o a medio plazo allí donde se produce.
Este riesgo debe ser contrarrestado mediante medidas de prevención para evitar su introducción en zonas no afectadas y su proliferación donde ya está presente. La gran explosión demográfica que experimenta esta especie una vez introducida, alcanzando elevadas densidades de población, hace prácticamente imparable la progresiva colonización de los distintos sustratos naturales y artificiales que se hallan en contacto con el medio fluvial.
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Algunas larvas se encontraron recientemente en el Ebro, a la altura de Zaragoza |
Ciclo biológico
El ciclo biológico de los dreisénidos, género al que pertenece este molusco, incluye una fase larvaria planctónica, de manera que la capacidad de dispersarse en lugares de poca corriente, o río abajo, es muy elevada. Su crecimiento es rápido y, en condiciones óptimas, puede ser fértil con menos de cinco milímetros de longitud, de modo que el ciclo vital se podría llegar a completar en poco más de un mes.
Las hembras se reproducen en el segundo año de vida; la fecundación es externa y cada puesta ronda los 40.000 huevos. Así, un mejillón cebra puede producir un millón de descendientes en un año.
El ciclo biológico de la especie, de igual forma que el resto de los moluscos bivalvos, presenta dos etapas. La primera es planctónica, en la que se encuentra en la columna de agua, y la segunda es bentónica, en la que se fija al sustrato.
La larva trocófora es el primer estadio planctónico. Sólo tiene unas horas de duración, por lo que, como primera fase de identificación, se considera la larva velíger. Ésta tiene una duración de entre 15 y 28 días, en función de las condiciones ambientales del medio, ya que generalmente dependen de la temperatura del agua. El tamaño que suelen presentar es de entre 70 y 160 micrómetros y se caracterizan por ir incrementando su tamaño hasta la fase de desarrollo pedivelíger.
La última fase planctónica es la larva pedivelígera, de forma umbonada. Durante esta fase, las larvas secretan un biso que les permitirá la fijación al sustrato y van incrementando su peso hasta que no pueden permanecer en la columna de agua. Entonces, se sumergen y se adhieren al bentos sobre cualquier tipo de estructura.
A esta fase le sigue la llamada larva juvenil y, cuando ésta supera los seis milímetros de longitud, pasa a considerarse adulta. Su concha tiene forma triangular y el borde externo romo, con aspecto de un pequeño mejillón marino; pero sólo alcanza los tres centímetros de largo y posee un dibujo irregular de bandas blancas y oscuras en zigzag. Se sujeta al sustrato mediante un biso, formando extensos y densos racimos semejantes a las mejilloneras marinas. Tiene preferencia por aguas estancadas y con poca corriente, inferiores a 1,5 metros por segundo.
Distribución
Desde principios del siglo XX se ha especulado sobre la posible presencia del mejillón cebra en la Península Ibérica. Existen citas de finales del siglo XIX que se refieren a su aparición en el río Duero cerca de Porto (Portugal), pero probablemente se trataba de alguna introducción accidental de especímenes muertos por vía marítima. No obstante, se detectaron ejemplares jóvenes de mejillón cebra en un punto concreto de la cuenca media del río Llobregat, cuyo origen se desconoce, pero se sabe que desaparecieron con las riadas de octubre de 1982.
Las primeras poblaciones del mejillón cebra en la Cuenca del Ebro se detectaron de modo fortuito en julio de 2001 en el embalse de Flix. La vía de entrada del mejillón cebra en un ecosistema libre de esta especie suele ser la suelta de agua con larvas de este molusco invasor, bien transportada en las aguas de lastre de una embarcación, bien en viveros para el transporte de cebo vivo para la pesca, con aguas procedente de otro lugar donde esté presente.
La interacción de diversos factores ambientales hará que la adaptación pueda llevarse a cabo o fracase. En el caso de adaptarse, se puede transformar rápidamente en una temible plaga, con significativos aumentos de población en muy poco tiempo, como ya ha ocurrido en otros países.