La empresa Murillo Rafting mantiene que desconocía la existencia de la cueva en la que se ahogó una joven

La familia de la Alicia Gallego Bouzas, la joven gallega de 22 años que falleció ahogada en Murillo de Gállego cuando practicaba rafting el 8 de agosto de 2009, ha solicitado dos meses de multa y reclamado la responsabilidad civil a la empresa. La defensa ha esgrimido que se desconocía la existencia de la cueva en la que cayó la joven.

Ejea de los Caballeros.- Los responsables de Murillo Rafting, imputados en la muerte de la joven pontevedresa ahogada en el río Gállego el 8 de agosto del pasado 2009, han declarado durante la vista oral que en la cueva en la que Alicia Gallego Bouzas quedó atrapada no era conocida ni por la empresa, ni por las guías y que era “imprevisible” un accidente como el ocurrido.

El guía de la empresa, Manuel Castel, ha manifestado que a Alicia la “tuvieron que pisar”, porque si no es “imposible” entrar en ese agujero. Y es que, según Castel, los puntos de seguridad que llevaba la joven al igual que el resto del grupo –el chaleco salvavidas y el neopreno- permiten mantener el cuerpo en flotación. “No creemos que tenga capacidad de succionar personas”, ha apostillado el representante de la empresa, Efrén Martínez.

Ambos imputados han afirmado ante el juez del Juzgado de primera instancia de Ejea de los Caballeros que los integrantes del grupo habían recibido unas explicaciones previas sobre las características geofísicas del recorrido que iban a realizar así como de las medidas de seguridad tanto personales como de las de la propia embarcación en caso de necesidad.

Los hechos juzgados sucedieron el 8 de agosto del pasado 2009 cuando la joven natural de Villagarcía de Arosa (Pontevedra) se encontraba practicando rafting en el río Gállego a su paso por Murillo de Gállego en un punto situado a 9 kilómetros del pantano de San Juan de la Peña.

Según han relatado ambos, el recorrido que realizó la víctima y sus cinco acompañantes comenzó en Carcavilla, a 9 kilómetros del pantano de San Juan de la Peña. Se trata de un remanso en donde realizaron prácticas de nado y distintas instrucciones para evitar colisiones.

El recorrido realizado tiene forma de “s” con un nivel de dificultad 2. “Lo realizan niños desde los 12 años y no se requiere haber practicado rafting antes”, ha dicho Manuel Castel, el guía del grupo de la joven. De hecho “la única condición que se pide es saber nadar y moverse con normalidad”, ha apostillado Efrén Martínez.

Los dos imputados han insistido en que el lugar donde la joven falleció ahogada “no era un sifón sino un drosaje o cueva en la que, si te metes, no te permite salir a la superficie”. A su vez, el guía ha asegurado que “no se conocía este agujero en 18 años de trabajo”, ha indicado el guía.

El día de autos el caudal del río era de 14 metros cúbicos por segundo, una cantidad inferior a otras en las que se puede practicar rafting, 200 metros cúbicos. Pero, sin duda, el momento más esperado por la familia de la víctima ha sido el relato sobre los momentos previos al accidente.

Así, según Castel, una vez iniciado el recorrido en Carcavilla, un remando del río, el grupo llegó con la embarcación a la zona en la que entraron por el rápido.

En un momento dado, tras esquivar una zona estrecha la barca chocó contra una piedra momento en el que el guía dio la última orden al grupo para evitar el vuelco indicándoles que dirigieran el peso a la izquierda. Sin embargo, la barca volcó y todos los ocupantes cayeron al agua.

Una vez que el guía se apercibió de que faltaba una persona alertó de la situación a uno de los compañeros. De hecho, Manuel Castel se introdujo en la cueva a más de dos metros de profundidad “pero no toqué nada”, ha dicho. Al no obtener resultados dieron parte a la empresa y a la Guardia Civil quienes se ocuparon de la búsqueda y rescate de la víctima.

En la vista ha declarado como testigo de la acusación particular un joven que iba en una embarcación por delante de la que volcó. Así, Jorge Sánchez, que mantuvo un contacto visual con la víctima desde otra embarcación ha explicado que “nos informaron de que había sifones una vez ocurrido el accidente”.

Mientras, a petición de la defensa ha declarado Luis Rodríguez, un guía conocedor de la zona quien ha explicado las diferencias entre un sifón y un drosaje o cueva. El primero se trata de un “túnel subterráneo por el que baja una corriente de agua mientras que el segundo es una pared sumergida como la cueva a la que cayó la joven”.

En la vista, la defensa ha aportado fotografías de las prácticas realizadas por el grupo de la víctima así como un plano o croquis del recorrido junto con un perfil de la roca en cuya parte baja se encontraba la cueva. “Se trata de una roca que no apoya en el suelo por lo que tiene una cavidad muy profunda”, ha explicado el representante de la empresa.

Por su parte, la acusación particular, que ha reclamado dos meses de multa como responsabilidad civil de la empresa , ha tratado de demostrar que los participantes en la bajada del río Gallego no habían sido informados de la existencia de sifones o puntos de riesgo durante el recorrido

Al juicio de faltas ha asistido parte de la familia de la joven -los padres y la hermana mayor-. La madre, María Elisa Bouzas, ha explicado antes de comenzar la vista que “no nos pueden devolver a su hija; pero es necesario que no se vuelva a repetir algo así”.