Cómo hacer tortas de alma, el postre de Teruel que endulza la fiesta de Todos los Santos

Este dulce tradicional, con forma de media luna, está relleno de calabaza o cabello de ángel. Fotos: E. F.
Este dulce tradicional, con forma de media luna, relleno de calabaza o cabello de ángel y recubierto por azúcar es uno de los manjares más característicos de la provincia de Teruel

El recetario aragonés está lleno de elaboraciones que forman parte de nuestra identidad gastronómica. Son esos platos y postres que se preparan con mucho mimo y memoria siguiendo la receta ancestral de la abuela. Entre guisos, carnes y dulces, hay una receta por excelencia que anuncia la llegada del otoño en Aragón y conmemora la festividad de Todos los Santos: las tortas de almas.

Este dulce tradicional, con forma de media luna, relleno de calabaza o cabello de ángel y recubierto por azúcar es uno de los manjares más característicos de la provincia de Teruel en torno a la festividad del 1 de octubre. Es especialmente popular en las comarcas del Matarraña, Bajo Aragón, Maestrazgo, Andorra-Sierra de Arcos y Cuencas Mineras, aunque también es posible encontrarlas en otras zonas y en otros momentos del año.

El origen de las tortas de alma se remonta a la Edad Media

A veces se las conoce con otros nombres: casquetas, empanadons, pastissets (Cataluña) o rubiols (Baleares), dependiendo del lugar donde se preparen. Pero todas comparten la misma esencia: una masa crujiente, un interior meloso y un sabor que conecta pasado y presente, ideal para acompañar los días fríos de otoño o endulzar el recuerdo en la festividad de Todos los Santos.

  1. UN POSTRE PARA TODOS LOS SANTOS CON HISTORIA
  2. RECETA DE LAS TORTAS DE ALMA
  3. ELABORACIÓN DE LAS TORTAS DE ALMA

UN POSTRE PARA TODOS LOS SANTOS CON HISTORIA

El origen de las tortas de alma se remonta a la Edad Media y tiene raíces árabes, como demuestran sus ingredientes y su forma de preparación. El propio nombre “alma” procede de la antigua tradición cristiana de pedir por los difuntos, y es que, en el siglo IX los cristianos iban de pueblo en pueblo el 2 de noviembre pidiendo tortas de alma a cambio de rezos por los muertos de las familias que las ofrecían.

El propio nombre procede de la antigua tradición cristiana de pedir por los difuntos

En aquel tiempo, las tortas no eran exactamente como las que conocemos hoy, sino panes dulces que simbolizaban el recuerdo de quienes habían fallecido. Con los siglos, la receta evolucionó hacia las empanadillas rellenas de calabaza o cabello de ángel que se preparan en la actualidad, convirtiéndose en una de las recetas más tradicionales de Teruel durante el Día de Todos los Santos.

RECETA DE LAS TORTAS DE ALMA

Aunque existen diversas panaderías y pastelerías tradicionales donde podrás encontrar tortas de alma en todo Aragón, especialmente en la provincia de Teruel, prepararlas de manera casera es una alternativa divertida y saludable para mantener viva la tradición. Aunque existen pequeñas variantes según la comarca, la receta básica es sencilla y económica. Para elaborar unas 12 unidades, se necesitan los siguientes ingredientes:

Ingredientes

2 huevos

2 vasos de aceite

1 vaso de agua

Medio vaso de aguardiente (completando el resto del vaso con agua)

1 kilo de harina

Confitura de calabaza

ELABORACIÓN DE LAS TORTAS DE ALMA

Se mezclan las yemas de huevo junto con el aceite, el agua y el aguardiente. Cuando la masa está a medio amasar, se incorporan las claras montadas a punto de nieve y, poco a poco, se añade la harina hasta obtener una masa homogénea que no se pegue al recipiente. Es importante dejarla reposar unas tres horas, cubierta con un paño limpio, para que adquiera la textura perfecta.

Pasado ese tiempo, se estira la masa y se cortan círculos finos. En el centro de cada uno se coloca una cucharada de confitura de calabaza, doblando después la masa por la mitad para sellarla con forma de empanadilla. Se fríen en aceite bien caliente hasta que estén doradas por ambos lados y, una vez escurridas, se rebozan en azúcar.

El resultado son unas tortas crujientes por fuera, suaves por dentro y con un relleno que desprende el aroma del otoño aragonés. Son perfectas para servir templadas o frías, acompañadas de una copita de anís o un café. Una receta sencilla que demuestra que la tradición sigue viva en los fogones de Teruel.


Queremos conocer tu opinión
Comenta las noticias en nuestras Redes: Facebook, Instagram, TikTok, X, Youtube, Linkedin...
Apúntate gratis a nuestro boletín y llévanos en tu móvil descargándote la App o en el canal de WhatsApp.
Y para contacto directo por mail con nuestros periodistas: redaccion@aragondigital.es
Porque tú también eres Aragón Digital