El Cipotegato exalta y lleva al delirio a los peñistas de Tarazona

Como cada 27 de agosto, el Cipotegato ha salido a pedir el indulto de los habitantes de Tarazona, que lo han recibido con una lluvia de tomates, aunque la fiesta había comenzado bastante antes. Cuando el joven vestido de reo tricolor ha subido a la estatua de bronce en la Plaza de España, tras su recorrido por la localidad, miles de peñistas con "pañuelico" azul al cuello, han saltado, han gritado, y lo han aclamado.

Tarazona.- A media mañana, la Plaza de España de Tarazona, en la provincia de Zaragoza, comenzaba a llenarse de gente que ya no podía aguantar más sin lanzar tomates. A mediodía y con charangas de fondo, eran varios los centenares de peñistas que se agolpaban enfrente del viejo ayuntamiento de Tarazana, esperando con ansia la salida del Cipotegato. Así pues, a las doce en punto el reo abufonado ha cruzado el portico para lograr el indulto, pero no sin antes recibir los tomatazos de los turiasonenses.

José Manuel Jaray Baños ha sido el Cipotegato 2003, y ha ido escoltado por amigos de su peña, la Garrafus, que le han ayudado a hacer su recorrido y a disuadir en parte la avalancha de gente y tomates. A este joven de veinte años los nervios y la emoción se le iban apoderando minutos antes de enfundarse el traje a rayas rojas, verdes y amarillas; y para él ser el Cipotegato de este año es “un orgullo, un honor y un privilegio”. José Manuel fue elegido a través de un sorteo entre unos cien chicos y chicas de Tarazona, motivo por los que todavía se considera más afortunado dado que era la primera vez que se presentaba.

Al final el Cipotegato ha logrado regresar a la plaza, y lo hacía aupado en hombros de los mozos que le han acompañado a lo largo de su recorrido. Seguidamente, José Manuel trepaba a la estatua de Bronce, que representa el característico personaje de Tarazona; y una vez arriba todo era alboroto y jolgorio. Una masa de colorido blanco, ya rosado de tomate, y del típico azul del pañuelo de fiestas voceaba y se exaltaba provocando el delirio, que ha dado comienzo a las fiestas de San Atilano.

LA TRADICIÓN SE REMONTA A LA EDAD MEDIA

El personaje del Cipotegato, cuyo nombre proviene de la palabra cipote que significa tripudo en Aragón, ha hecho que las fiestas de Tarazona sean consideradas de interés turístico de la Comunidad. Sobre el origen de esta tradición existen varias versiones, algunas con parte de leyenda. La joven alcaldesa de la Ciudad, Ana Cristina Vera, ha señalado la historia de un preso moro que salía a la plaza, donde todos le tiraban piedras; si el reo conseguía salir con vida de allí, ganaba su libertad.

Lo que sí se mantiene en antiguos documentos, es que el Cipotegato aparecía en las Fiestas del Corpus Christie, que por motivos del trabajo del campo se pasaron al final del verano. De tal manera que el personaje tricolor encabezaba la corporación municipal cada 27 de agosto, día de mercado en la plaza, por lo que los niños de la ciudad aprovechaban la fruta de los puestos para lanzársela. De ahí, la tradición de lanzarle tomates al Cipotegato, costumbre más arraigada en las últimas décadas. Éste personaje es, sin ninguna duda, el protagonista de las fiestas de Tarazona.