De los tacones a la silla de ruedas por la esclerosis múltiple: “Aun así sigo viviendo la vida a tope”

A Carmen Fernández le diagnosticaron esclerosis múltiple a los 43 años
Hoy, Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, afectados y asociaciones visibilizan la enfermedad

A Carmen Bermúdez le encantaba pasear, llevar tacones, vestirse con colores vivos y maquillarse. Pero de un día para otro, notó como su cuerpo cambiaba… empezó a arrastrar la pierna derecha, no tenía fuerza, sentía como si sus sandalias pesaran “cuatro kilos”, tenía hormigueos y le costaba caminar. Ahí comenzaron sus síntomas y un año después le diagnosticaron esclerosis múltiple. Y aunque ahora lleva zapatos planos y los paseos van acompañados de su silla de ruedas, Carmen sigue emanando una energía positiva arrolladora como buena cordobesa y ni las ropas vistosas ni su pintalabios la han abandonado.

No sabía qué pasaba con mi vida, no había escuchado ese nombre en mi vida y jamás había tomado medicación

Fue hace 17 años, a los 43 años, cuando le dijeron que tenía esclerosis múltiple. No fue un proceso rápido, ya que pasó un año viendo a médicos e incluso pasó un periodo ingresada hasta que llegó a un profesional que le reveló lo que le sucedía. La cordobesa asegura que lo primero que sintió fue “miedo”. “No sabía qué pasaba con mi vida, no había escuchado ese nombre en mi vida y jamás había tomado medicación”, recuerda.

Toda su vida y la de su familia cambió de golpe. “No eres la misma persona y son unos cambios difíciles de entender para los que te rodean… Lleva su tiempo acostumbrarse a todo lo nuevo, a mí, a mis hijos y a mis amistades”, cuenta Carmen. Confiesa que en esos momentos es cuando descubres quienes realmente están a tu lado. Además, “te enseñan a no tirar la toalla, a cuidar y a valorar lo que tenías y tienes”, expresa la andaluza.

“NO PUEDES PENSAR EN TODO LO QUE TE LIMITA”

Carmen asegura que es una persona “muy positiva y alegre” y no hace falta que lo jure, pues su voz, su vitalidad y su salero lo confirman. Ahora, ha aceptado que su vida ha cambiado e intenta llevarlo “lo mejor posible” con actividades que la mantienen ocupada como salir a dar un paseo, arreglarse, realizando talleres en la asociación de la Fundación Aragonesa de Esclerosis Múltiple (Fadema) y llevando una vida “lo más normal posible”. Hasta realiza viajes ella sola a su ciudad natal.

La cordobesa confiesa que ella siente que ha tenido dos vidas, la de antes de la enfermedad y la actual

“No te puedes quedar ahí muerta de pena porque sino la enfermedad puede contigo. No puedes pensar en todo lo que te limita, tienes que pensar que si no es de una manera, de otra puedes hacer las cosas”, explica Carmen, quien señala que “no es fácil llegar a ese punto” y la mentalidad es “muy importante”.

La cordobesa confiesa que ella siente que ha tenido dos vidas, la de antes de la enfermedad y la actual. “Esta me ha enseñado un montón. Estoy viviendo la vida a tope, la disfruto y la vivo aunque vaya en silla de ruedas, me da igual”, afirma, entre risas. Asegura que aunque ahora no puede caminar, sigue siendo la misma con “los mismos sentimientos, el mismo corazón y los mismos gustos”. “Me encantan los colores, me gusta pintarme, maquillarme y no lo quiero perder porque he visto que la vida se va en dos momentos y hay que vivirla”, cuenta.

FUNDACIÓN ARAGONESA DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Actualmente, vive en la residencia de la Fundación Aragonesa de Esclerosis Múltiple (Fadema), una decisión que tomó ella porque le parecía “egoísta” hacer que sus hijos atendieran los cuidados que necesita cuando ellos mismos tienen que cuidar de sus propios hijos. Allí reconoce que está muy bien cuidada y que recibe toda la ayuda que necesita. De hecho, pone en valor el trabajo de las auxiliares de enfermería: “Son muy importantes. No son menos que nadie. Su labor tiene todo el valor del mundo, que te vengan a levantar, que te ayuden porque no puedes hacerlo sola, que te escuchen y que te comprendan”.

La ayuda de la fundación también ha sido relevante en su estado de ánimo y en el día a día de la afectada. Allí sigue sus tratamientos, acude dos veces a la semana a fisioterapia y también tiene sesiones de terapia ocupacional. Eso sí, también cuida mucho de su alimentación porque se ha dado cuenta de que es “primordial”.