S.D. Huesca 1-2 Real Zaragoza

El Real Zaragoza conquista El Alcoraz y mete al Huesca en problemas (1-2)

Los jugadores del Real Zaragoza han celebrado el triunfo. Foto: LaLiga
La S.D. Huesca y el Real Zaragoza ofrecieron un duelo aragonés de alta tensión que terminó con los tres puntos de vuelta a tierras mañas.

Conquista maña con un caído en la batalla que se va con la cabeza alta. En el duelo aragonés entre Real Zaragoza y Huesca, sin ser ninguno de los dos equipos dignos de ver por gusto, ofrecieron derroche, entrega, ganas de sacar la cabeza de la zona baja. Y aquí, el cuadro maño, que aprendió por fin todas las triquiñuelas que desquician al rival, supo llevarse el partido donde quería. Los goles de Liso y Maikel de penalti invalidaron el de Loureiro para lograr el 1-2 y volver a Zaragoza con la permanencia encarrilada. Por su parte, el Huesca se mete en problemas.

Los dos conjuntos movían ficha en El Alcoraz, con varias novedades. El Real Zaragoza introducía a Lluís López, Fran Gámez y Liso como novedades, dejando fuera a Jair, Valera y Bakis. Con dos novedades quedaba el Huesca, que introducía a Nieto para la ocasión, dejando fuera a Blasco; y a Joaquín en detrimento de Hugo Vallejo.

Espectáculo de luces, puesta en escena de marca mayor y ambientazo en El Alcoraz para acoger un partido clave por la permanencia. Desde luego, la grada había recibido el chute final de adrenalina y el balón estaba, en todos los sentidos, en el tejado de los jugadores. Los 400 de Zaragoza valían por mil, pero la voz oscense también se multiplicaba. Cosas del fútbol.

Una situación que merecía el reconocimiento de esos desplazados. Porque desde la zona de tribuna no se veía una garganta dominadora. Tampoco un equipo así en el terreno de juego. Aunque, en honor a la verdad, había empezado mejor el Huesca con el balón. Enfrente, el Real Zaragoza apostaba por la solidez y la contra, pero pronto vería temblar su plan.

Antes, amagó con liberarse del planteamiento con presión alta y la búsqueda de Liso y Azón. Pero ante una posible cambio de escenario, el Huesca tiró hacia adelante y encontró premio. Primero, con Valentín poniendo un balón al corazón del área que hizo temblar a la defensa para que Mouriño enviase a córner. Y al botarlo, tras una jugada ensayada, Loureiro le pegaría con el alma más que con el pie para mandar el balón a la escuadra en el 19.

Alegría del gol en el Huesca y un jarro de agua fría vertido sobre el Real Zaragoza. Primer tiro a puerta oscense, pleno de eficacia pocas veces visto. Así que Hidalgo apostó por dominar el juego. Con esa premisa, a pesar de ir ganando, asumía ciertos riesgos un Huesca al que tampoco le sentó excesivamente bien la ventaja por esa parte. Pero que era abismalmente superior con cuero.

Sin embargo, el Real Zaragoza es mucho equipo. Tanto, que puede recuperar la vida cuando parece completamente muerto. Especialmente, con la gente de casa, que como Víctor, tiene que salir al rescate. Ahí apareció Liso para llevarse el balón con pura garra maña, disparar en el área y, con la ayuda de un Álvaro poco atinado, hacer las tablas en el 36.

Quedaba una guinda para llevar la locura al fondo blanquillo. Prácticamente en la última jugada del primer asalto, Javi Martínez lanzaba un manotazo a Maikel Mesa dentro del área que corrigió el VAR para decretar penalti. Sería el propio 11 quien, a lo Panenka, con la tranquilidad que le otorgan las tablas de tantos años de fútbol, hizo el 1-2 casi en el 50 del primer asalto. Turno de vestuarios, euforia maña y cara de circunstancias en un Huesca que tenía muy difícil reponerse.

SEGUNDA PARTE, ENTREGA Y RESISTENCIA

El resumen de la segunda parte se redujo a un equipo que tiene más corazón que fútbol frente a uno que supo poner el cerrojo. Los intentos altoaragoneses se volcaban con su Alcoraz, y veían con desesperación que sus acercamientos no tenían éxito. Por mucho que Bolívar, en el 73, se viese solo ante la meta de Badía prácticamente para empujar de cabeza. Ayudaba a ese desquicio las triquiñuelas blanquillas acompañadas de pérdida de tiempo. Y bronca, mucha, que siempre favorece a quien va por delante pero, como en este caso, no necesariamente la origina el ganador. .

Sí se acercaba el Huesca, pero el Real Zaragoza se convertía en un muro inexpugnable. Ese era el mérito de una defensa heroica y de un Edgar Badía que cumplió con todas las que tuvo. Los decibelios subieron El Alcoraz, la tensión era máxima, pero no se veía nada distinto a todos los campos de Segunda.

Mouriño fue expulsado en el tramo final, y Sielva al filo del último silbido. En medio del arreón final del Huesca, con un apretón inmenso que hizo sufrir de lo lindo al Real Zaragoza. La guerra, al fin, llegó a su paz después de casi 100 minutos. Los altoaragoneses se vaciaron, pero el muro zaragicista echó el cerrojo de principio a fin. Es un hecho que ese alma oscense, la puso también la escuadra avispa. 

El Real Zaragoza supo jugar mejor sus cartas en todo momento para encarrilar la permanencia en El Alcoraz. Y dejar al Huesca, que fue todo corazón sin éxito, en la cuerda floja. Dejando a un lado lo sentimental, por mucha alegría que traiga encarrilar la permanencia, valorando estrictamente el fútbol, solo hay un resumen: ganó el aragonés menos malo.