Frialdad en la antesala del S.D. Huesca – Real Zaragoza
Ni la música ni las barras. Tampoco el himno del Huesca. Nada servía de aliciente para la afición de la S.D. Huesca en la antesala del partido frente al Real Zaragoza. Apenas un par de decenas de aficionados teñían unos aledaños muy fríos a dos horas del partido, por mucho que después cambiase relativamente de cara.
La situación se animó con el paso de los minutos, pero en ningún caso se recuperó la sensación vivida en otros duelos aragoneses. La tesitura se evidenció claramente a la llegada de los jugadores, cuando Joaquín y Pulido entraron a pie en El Alcoraz con apenas un par de voces de ánimo. En la práctica, nada de nada.
La realidad es que el ambiente quedó complemente enrarecido con el precio de las entradas. Ni más ni menos que 50 euros por ver el partido entre la S.D. Huesca y el Real Zaragoza. Desde el primer día se adivinó escasez de ilusión y ganas en los aficionados altoaragoneses. Igual que en los de Zaragoza, que veían cómo su cuantía a pagar era de 70 euros.
Ante semejante tesitura, con enfado mayúsculo de por medio, ya había poco que hacer. Por mucho que se regalasen las entradas, el enfado era mayúsculo. Y lo que intentó ser la solución no hizo más que elevar el grado de indignación. Al fin y al cabo, quien va al fútbol cuando es gratis, poco le interesa.
UN DÍA IDÍLICO
En este sábado 9 de noviembre, día casi ideal para los amantes del fútbol, se tradujo en una previa del partido triste que solo se animó a la hora de entrar. Hubo que esperar a una hora de antelación para ver movimiento de aficionados.
Hasta entonces, apenas se tiraban cervezas y la música casi hacía eco. A eso se añadió la suspensión – y bien suspendida – de la convocatoria zaragocista para ir a Huesca sin entrada. Detrás de ello, un viaje a Valencia para ayudar a los afectados por las inundaciones.
Al final, se animó esa zona. Pero, sin duda, la penalización fue muy elevada. Nunca un partido del Huesca frente al Real Zaragoza tuvo tan escasa trascendencia a nivel social en ambas partes. Detrás, una política de precios a cambiar para volver a hacer del duelo aragonés un día de alegría.