La operación policial contra la droga más letal de la historia de Brasil deja 132 muertos en Río de Janeiro

El Gobierno nacional de Brasil y el regional del estado de Río de Janeiro anunciaron este miércoles la creación de una entidad conjunta de combate al crimen organizado como respuesta a la crisis de seguridad provocada por una operación policial que dejó el martes al menos 121 muertos en esta ciudad brasileña. EFE/ Antonio Lacerda
Diversas ONG han exigido una rendición de cuentas institucional y la identificación de todos los fallecidos ante el mayor operativo contra el narcotráfico en Brasil

La operación policial contra el Comando Vermelho, la organización criminal más poderosa de Río de Janeiro, se ha convertido ya en la más letal en la historia de Brasil, con un balance de 132 muertos y cuatro agentes fallecidos, según la Defensoría Pública. El Gobierno regional de Río, sin embargo, solo reconoce 119 víctimas, la mayoría supuestos miembros de la banda, abatidos durante los intensos enfrentamientos en las favelas de Penha y Alemão, donde viven cerca de 200.000 personas.

Las escenas de violencia se prolongaron durante horas a principios de esta semana y provocaron un colapso total en el norte de la ciudad, con el cierre de escuelas, centros de salud y un centenar de líneas de autobús suspendidas. Decenas de vecinos han participado desde el miércoles en la búsqueda de desaparecidos, hallando nuevos cadáveres en plazas y zonas forestales. La Defensoría Pública de Río ha denunciado una “violencia estatal nunca vista” y acompaña las labores de identificación en los institutos forenses.

UNA INTERVENCIÓN BAJO SOSPECHA

El secretario de la Policía Civil, Felipe Curi, ha defendido que la actuación fue “legítima y necesaria” para ejecutar órdenes de captura contra los líderes del Comando Vermelho, y que los agentes solo respondieron “a quienes optaron por el enfrentamiento”. En total, fueron detenidas 113 personas, incautadas 119 armas de fuego, 14 explosivos y grandes cantidades de droga, además de diez adolescentes puestos bajo custodia policial.

Personas observan cuerpos sin vida en una calle este miércoles, en Río de Janeiro (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda

Pese a ello, organizaciones sociales y de derechos humanos reclaman una investigación independiente ante la magnitud de las muertes y los indicios de ejecuciones extrajudiciales. Algunos cuerpos permanecían aún en las calles cuando las autoridades ofrecieron el primer balance oficial, lo que ha alimentado las críticas sobre falta de transparencia y uso desproporcionado de la fuerza.

LULA Y CASTRO ACUERDAN UNA RESPUESTA CONJUNTA CONTRA EL CRIMEN

El impacto político del operativo ha llevado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a ordenar una intervención inmediata. Este miércoles, el ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, y el gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, anunciaron la creación de una Oficina de Emergencia de Combate al Crimen Organizado, una entidad conjunta entre el Gobierno federal y el regional para coordinar la respuesta a la crisis.

Lewandowski explicó que el nuevo órgano, de carácter temporal, reunirá a las fuerzas nacionales y estatales para actuar “de manera rápida y coordinada” y reforzar las tareas de inteligencia y desmantelamiento financiero de las bandas criminales. El ministro confirmó además que el Gobierno federal enviará peritos, médicos forenses y refuerzos de la Fuerza Nacional de Seguridad, además de ofrecer plazas en cárceles de máxima seguridad para aislar a los cabecillas del Comando Vermelho.

UNA CIUDAD EN ESTADO DE CHOQUE

Río de Janeiro ha amanecido este jueves sin nuevos enfrentamientos, pero con barrios enteros paralizados y comercios cerrados. Las autoridades intentan recuperar la normalidad mientras se multiplica la indignación por el altísimo número de víctimas. La Defensoría Pública y diversas ONG han exigido una rendición de cuentas institucional y la identificación de todos los fallecidos, mientras la Fiscalía brasileña evalúa abrir una investigación por violaciones de derechos humanos.

La operación, que tenía como objetivo capturar a los líderes del Comando Vermelho, ha dejado una ciudad marcada por la violencia y un país sumido en el debate sobre los límites del combate al narcotráfico.