¿Cómo llegaron los guacamayos de la Amazonia a la costa peruana? Un análisis genético de la UZ lo cuenta
Un estudio internacional que ha contado con participación de la Universidad de Zaragoza (UZ) arroja nueva luz sobre las conexiones entre distintos territorios de Sudamérica antes del Imperio inca. La investigación demuestra que hace más de 800 años ya existían redes de intercambio que permitían trasladar animales vivos desde la selva amazónica hasta la costa peruana, cruzando la cordillera de los Andes.
El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, confirma que varias especies de guacamayos y otros loros amazónicos fueron capturados en la selva y transportados vivos hasta enclaves costeros. Entre los investigadores destaca la participación del aragonés Pere Bover, del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de la Universidad de Zaragoza (IUCA-Unizar), quien ha liderado parte de los análisis genéticos.
El estudio se centra en plumas halladas en Pachacámac, uno de los principales centros religiosos del antiguo Perú. El equipo internacional, liderado por George Olah, de la Australian National University (ANU), ha contado también con investigadores de la Universidad de Adelaide (Australia), la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (Perú) y la Southern Illinois University (USA).
Desde su publicación la pasada semana, el trabajo ha despertado un notable interés internacional. Según datos de Altmetric, el artículo se sitúa entre el 1 % de los estudios científicos con mayor atención desde su publicación y dentro del 5 % de los resultados más seguidos en la plataforma, con más de medio centenar de apariciones en medios de comunicación y numerosas interacciones en redes sociales.
ADN ANTIGUO PARA EXPLICAR EL ORIGEN DE LAS PLUMAS
La investigación parte de un hallazgo arqueológico en Pachacámac, situado en la costa central de Perú, cerca de Lima. En 2005, una excavación sacó a la luz una tumba intacta de la cultura Ychsma (1000–1470 d.C.), anterior a la expansión del Imperio inca.
En su interior se encontraron 34 fardos funerarios, algunos decorados con plumas de vivos colores -rojos, azules y amarillos- propias de guacamayos y loros que habitan en la Amazonía, a cientos de kilómetros de distancia. Este descubrimiento planteó una incógnita clave: cómo habían llegado esas plumas hasta un entorno desértico separado por los Andes.
Para resolverlo, el equipo analizó el ADN antiguo conservado en las plumas. El investigador ARAID Pere Bover, responsable del Laboratorio de Paleogenómica del IUCA y coautor del estudio, ha liderado el análisis filogenético de los restos. “Desde la parte de paleogenómica, hemos realizado la extracción del ADN de las muestras; hemos elaborado librerías, que nos permiten identificar y secuenciar los datos, y extraer el genoma mitocondrial. Este genoma es más abundante que el genoma nuclear, más fácil de obtener, y contiene información filogenética, por lo que analizarlo nos permite identificar la especie y sus relaciones de parentesco”, relata Bover.
Los resultados identificaron varias especies amazónicas, como guacamayos escarlata (Ara macao), guacamayos rojo y verde (Ara chloropterus), guacamayos azul y amarillo (Ara ararauna), loros amazona (Amazona farinosa) y, además, una gaviota. La alta diversidad genética apunta a que los ejemplares procedían de poblaciones silvestres y no de cría en cautividad prolongada.
El análisis isotópico de carbono y nitrógeno permitió reconstruir su dieta. Las plumas revelan que estas aves consumieron maíz, un alimento ajeno a su dieta natural en la selva, lo que indica que fueron mantenidas en cautividad durante un tiempo tras su captura. “Las aves modernas de la selva tropical tenían una firma química que reflejaba una dieta silvestre propia de ese entorno. Sin embargo, las plumas antiguas encontradas en la tumba del desierto costero tenían una firma completamente diferente”, afirma Bover en declaraciones a la agencia SINC.
En conjunto, los datos sugieren que los animales no solo eran cazados por sus plumas, sino trasladados vivos desde la Amazonía hasta la costa, donde permanecían el tiempo suficiente para desarrollar nuevas plumas bajo otra alimentación.
POSIBLES RUTAS A TRAVÉS DE LOS ANDES
En las sociedades andinas prehispánicas, las plumas tropicales tenían un fuerte valor simbólico y ritual. Se utilizaban en adornos vinculados a contextos funerarios y a individuos de alto estatus, lo que explica su presencia en enterramientos como los de Pachacámac.
El transporte de guacamayos vivos implicaba un desafío logístico considerable, con largos desplazamientos y grandes diferencias de altitud entre la selva y la costa del Pacífico.
Para entender cómo se realizaban estos trayectos, los investigadores aplicaron modelos de movilidad del paisaje que incluyen variables como la topografía, los ríos y los principales asentamientos arqueológicos. Estos modelos identificaron posibles corredores que habrían facilitado el traslado de animales entre la Amazonía y la costa andina.
Los autores concluyen que estos resultados encajan con la existencia de redes de intercambio a larga distancia que conectaban distintos ecosistemas andinos mucho antes del auge del Imperio inca.
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