La huella del lindano en el río Gállego obliga a continuar con los trabajos de descontaminación más allá de la fábrica de Inquinosa, en Sabiñánigo. De forma paralela al desmantelamiento de las instalaciones en la localidad serrablesa, el Gobierno de Aragón formalizó este miércoles un contrato para la gestión, a partir del próximo mes de noviembre, de los residuos generados tanto en este emplazamiento como en la antigua depuradora de Sardas y el vertedero de Bailín, donde fueron a parar algunas cargas del plaguicida, altamente tóxico e incluso catalogado como cancerígeno, exparcido a lo largo del curso fluvial durante los catorce años de su fabricación.
Se trata de tres lotes separados pero que han recaído en la misma empresa, Adiego Hermanos S.A. El primero, con 192.708,73 euros ofertados (IVA incluido), va destinado a la gestión de los residuos ordinarios en los tres puntos y cuenta con un plazo de ejecución de dos años y otros tantos de prórroga. Es decir, hasta finales de noviembre de 2026 con opción a alargarlo a 2028. Los otros dos finalizarían en el mismo mes pero de 2025. Uno de ellos se ha formalizado por 35.225 euros con IVA, para el tratamiento de las sustancias líquidas de Inquinosa, y el último (20.168 euros) servirá para desmantelar la antigua depuradora portátil ubicada en la localidad de Sardas. Los casi 250.000 euros que suman las tres partidas estarán cofinanciados por fondos europeos.
Según detalla la orden firmada por los responsables del Ejecutivo Regional, la planta quedó abandonada en 1994 con diversos residuos dentro, sobre todo productos químicos utilizados en la elaboración del lindano comercial y sus derivados. En 2017 arrancaron las labores de “encapsulamiento” para evitar un posible foco de contaminación pero no fue hasta los años 2021 y 2022 cuando se eliminó el grueso de esta sustancia en las instalaciones, paso previo a los trabajos de desmantelamiento y demolición que tienen lugar en la actualidad.
No obstante, quedó por tratar una parte de “residuos peligrosos líquidos”. De acuerdo a la DGA, permanecen almacenados en “condiciones seguras” pero su eliminación debe llevarse a cabo lo antes posible. Algo similar ocurre con el laboratorio de Bailín, creado en 2009 para analizar las distintas sustancias extraídas de Inquinosa. Ha quedado en desuso desde que diez años más tarde, en 2019, viese la luz uno nuevo en el edificio Pirenarium. Por su parte, el Gobierno argumenta que la depuradora de Sardas, cuya vida útil cifran en diez años, también ha terminado obsoleta.
6.000 LITROS DE RESIDUOS PELIGROSOS
Los pliegos del proyecto apuntan la existencia de reactivos de laboratorio, lodos fruto de la depuración, residuos de carbón, activo, tierra contaminada, basura industrial de distinta índole y de residuos voluminosos y metálicos. Un dato ofrece todavía más luz sobre la cantidad de desperdicios que se gestionarán en los próximos años, y es que dentro del sarcófago de Inquinosa quedan almacenados 30 bidones de 200 litros cada uno.
El tratamiento de los residuos suma complejidad al proceso. Así, la empresa adjudicataria está obligada a presentar planes y protocolos para el manejo de estas sustancias para evitar que puedan afectar al medio ambiente de la zona.
La DGA adjudicó al pasado mes de mayo otro contrato relativo a la antigua planta química, también en vistas a 2026, pero por 1,2 millones de euros. Con él, está en marcha desde entonces, y como ya se viene realizando desde hace años, el seguimiento hidrológico de las aguas subterráneas junto a la fábrica. Su objetivo determinar si existen filtraciones tóxicas y monitorizar la situación con nuevos sondeos.
Se calcula que la inversión total para descontaminar el emplazamiento y el propio río ronda los 85 millones de euros. De esos, 50 se invirtieron a lo largo de la pasada legislatura.