Así se desata un fuego con vida propia: claves del devastador incendio en la Segarra

El incendio de este martes en Lérida generó un auténtico infierno en el que las llamas se extendieron a casi 30 kilómetros por hora de velocidad
Vista del humo generado en el incendio de la comarca de la Segarra
photo_camera Vista del humo generado en el incendio de la comarca de la Segarra

El incendio declarado ayer en la comarca de la Segarra en Lérida ha sido considerado de sexta generación, se trata de un fuego extremadamente violento y destructivo "que tiene una vida y un clima propio" según los meteorólogos. En estos casos, a los servicios de extinción no les queda otra que esperar a que sea controlable para poder actuar.

Se habla de incendios de sexta generación desde 2017, están muy ligados al cambio climático porque solo se pueden dar en condiciones muy extremas y el que ha calcinado desde este martes casi 6.000 hectáreas en la provincia de Lérida es uno de ellos. La primera vez que en España sucedió uno de dichas características fue en Málaga en 2021. Liberan tal cantidad de energía y calor que generan su propio clima y condiciones más allá de lo que es la meteorología fuera del incendio.

Columna de humo en el inncendio de la comarca de la Segarra

INTERVENCIÓN DIFICULTOSA

Los bomberos no pudieron actuar directamente sobre los focos hasta pasadas unas horas del inicio del fuego debido al peligro que suponía. Además, se formó un gran pirocúmulo que alcanzó la estratosfera a unos 14 km de altitud. Una de las consecuencias de la formación de esta gran nube fue que las llamas se extendieran hacia todas las direcciones llegando a alcanzar picos de velocidad de 28 kilómetros por hora, una de las cifras más altas jamás registradas en Europa según la Generalitat de Catalunya.

¿QUÉ ES UN PIROCÚMULO?

Los incendios de tal magnitud forman una gran masa de calor y humo que, cuando gana altitud, se enfría y, junto a las partículas de ceniza y de otros tipos que hay en el aire, se condensa y forma una gran nube. Si esto sucede con inestabilidad en capas altas de la atmósfera, se crean tormentas muy difíciles de pronosticar.

Esas tormentas pueden ayudar a refrescar la zona por la lluvia pero son un arma de doble filo. La evaporación de la propia lluvia puede tener como consecuencia un reventón: un gran desplome de aire que genera rachas de viento muy intensas y que son las mejores aliadas para la propagación del fuego. Además, la propia actividad eléctrica de la tormenta en esa dinámica interna del incendio puede crear nuevos focos.

Formación de un pirocúmulo. Fuente: Meteocat
Formación de un pirocúmulo. Fuente: Meteocat

La comarca de la Segarra experimentó un reventón de aire durante el trágico incendio, las llamas se dispersaron hacia todas las direcciones consumiendo miles de hectáreas en un abrir y cerrar de ojos dejando la triste noticia de dos personas fallecidas.