Puente avanza el último empujón a la autovía del Pirineo y la apertura de la variante de Sabiñánigo
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha lanzado este miércoles desde Siétamo una batería de anuncios para casi “culminar” la autovía del Pirineo (A-21) y su entorno. Según ha avanzado, está previsto adjudicar en los próximos meses el proyecto para la redacción del tramo pendiente entre Puente la Reina y Fago, cuando también se licitarán las obras de la variante de Jaca, que conecta la A-21 con la A-23, y se prevé poner en marcha la de Sabiñánigo (A-23), que “está al caer”.
Respecto a la A-21, el propio Puente asistió a la puesta en servicio de la vía entre Sigüés y Tiermas, el pasado mes de abril, que suponía el despliegue de 73 kilómetros ininterrumpidos entre Pamplona y la localidad jacetana. Los nuevos anuncios, que ha llegado desde otra demandada infraestructura como es la A-22 entre Huesca y Siétamo, permiten vislumbrar a juicio del ministro la salida a una “encrucijada histórica” en la provincia oscense en materia de carreteras.
Con todo, el proceso, una vez se adjudiquen las distintas obras, apunta a extenderse varios años. Puente ha defendido la inversión del Gobierno Central, entre 2018 y agosto de este año, de 1.830 millones de euros en la red de carreteras de Aragón. Hasta un 53% han sido en conservación y mantenimiento, ha explicado. “Es la Comunidad líder en inversión, solo superada por Castilla y León, que es también la que tiene más kilómetros por habitante”, ha valorado.
En el caso de la A-22 (Huesca-Lérida), el responsable del ramo ha recordado los casi 69 millones destinados a su último tramo. La infraestructura resultante, ha dicho, es “la gran alternativa al valle del Ebro”. “Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña quedan conectadas por una infraestructura moderna, segura y eficiente”, ha defendido.
“LOS RETRASOS SON VISIBLES Y LEGÍTIMAMENTE CRITICADOS”
Puente no ha obviado en su comparecencia los retrasos que han rodeado a la culminación de la vía entre Huesca y Siétamo, que se adjudicaron en 2018, tras varios años sin inaugurar nuevos tramos en la provincia. “Son visibles y legítimamente criticados. Sin embargo, los antecedentes de este proyecto muestran que donde más tiempo se perdió sin justificación fue cuando durmió el sueño de los justos”, ha apuntado, en referencia al Gobierno popular de Mariano Rajoy.
El ministro ha achacado estas incidencias a la complejidad de los trabajos. Entre las causas, la necesidad de minimizar las afecciones al tráfico en las proximidades de la capital altoaragonesa, el contencioso del Ayuntamiento de Quicena por la afectación al yacimiento arqueológico romano de Ayareces, que ya fue excavado, o la proximidad al castillo de Montearagón, lo que obligó a modificar la hoja de ruta inicial.
“Una autovía bien diseñada no sólo es más segura y más rápida, sino más sostenible que una carretera convencional saturada de paradas y adelantamientos peligrosos. Es una apuesta por evitar la despoblación, por facilitar que las empresas agroalimentarias muevan sus productos, por acercar el turismo y por conectar el Pirineo con los mercados europeos”, ha declarado Puente.