Aragón es tierra de pueblos que sorprenden al viajero a cada curva de la carretera. Valles verdes, casas de piedra, iglesias centenarias y castillos que asoman sobre las montañas dibujan un mapa perfecto para escapadas en cualquier época del año, con rincones que combinan naturaleza, patrimonio y buena mesa sin necesidad de salir de la comunidad.
En la provincia de Huesca, uno de esos lugares que parecen hechos a medida para desconectar es Broto, un pueblo pirenaico con sello de Pueblo Mágico de España donde el río Ara parte el casco urbano en dos y el paisaje mira de frente a las cumbres de Ordesa y Monte Perdido. Calles estrechas, plazas recogidas y fachadas de piedra conviven con cascadas, rutas sencillas y alojamientos con encanto pensados para quienes buscan un fin de semana diferente.
Para quienes viven en Zaragoza, Broto es una escapada muy asumible. En torno a dos horas en coche bastan para pasar de la ciudad al sonido del agua del Ara, al frescor del valle y a las noches silenciosas de montaña, con todo lo necesario para alargar la visita en restaurantes y hoteles de estilo pirenaico.
- QUÉ VER EN BROTO
- LA CASCADA DE SORROSAL, EL GRAN ESPECTÁCULO DE AGUA
- DÓNDE COMER EN BROTO
- CÓMO LLEGAR A BROTO
QUÉ VER EN BROTO
El casco urbano de Broto invita a caminar sin prisa. Las casas de piedra con tejados de pizarra se organizan en torno al río Ara y se reparten entre los barrios de la Santa Cruz y de Los Porches, conectados por varios puentes que se convierten en miradores improvisados del valle. Un paseo por estas calles permite entender cómo se ha vivido tradicionalmente en la montaña y por qué el turismo ha encontrado aquí un lugar con personalidad propia.
La ruta por el pueblo se completa con la iglesia de San Pedro, templo gótico-renacentista que preside Broto y marca el perfil del casco antiguo. Desde sus alrededores, en los días despejados, se adivinan las paredes que conducen hacia Ordesa y el Mondarruego, una imagen que explica por qué muchos viajeros eligen este pueblo como base para conocer el Pirineo aragonés.
LA CASCADA DE SORROSAL, EL GRAN ESPECTÁCULO DE AGUA
El gran reclamo natural de Broto está a pocos minutos del centro. La cascada de Sorrosal es un salto de agua encajado en un circo rocoso que se ha convertido en una de las postales más conocidas del pueblo. El acceso se realiza a pie desde el casco urbano, por un sendero sencillo y bien señalizado que sigue el curso del río y que resulta perfecto para hacer en familia.
En apenas un kilómetro de recorrido el paisaje cambia por completo: las últimas casas quedan atrás, el valle se estrecha y la roca gana protagonismo hasta que la cascada aparece de frente, desplomándose desde más de 50 metros de altura. En verano, la base del salto se llena de gente que se remoja en las pozas; en invierno, los días de frío intenso pueden dejar formaciones de hielo que dan a la pared un aspecto casi alpino.
DÓNDE COMER EN BROTO
Para recuperar fuerzas después de una ruta o de la visita a la cascada, Broto cuenta con varios locales donde la cocina de montaña sigue mandando. Uno de los clásicos es el Restaurante Casa Joaquín, conocido por su carta de platos caseros y sus carnes a la brasa. En sus menús suelen aparecer migas, sopas calientes, guisos de ternera y cordero y postres tradicionales, siempre con raciones abundantes pensadas para caminantes y familias.
Otra parada recomendable es el restaurante Ara, uno de los mejor valorados de la zona. Su propuesta combina menús del día con selecciones elaboradas, utilizando en las elaboraciones productos de primera. Sus opciones, que van desde ensaladas hasta suculentas carnes, harán las delicias de quien decida parar aquí.
CÓMO LLEGAR A BROTO
Para llegar a Broto desde Zaragoza la opción más cómoda es el coche. El recorrido habitual sigue la A-23 en dirección Huesca, continúa hacia Sabiñánigo y enlaza allí con la N-260, que recorre el valle del Ara pasando por localidades como Fiscal antes de entrar en el casco urbano del pueblo.
En total, el trayecto ronda las dos horas y unos 160 kilómetros, con una carretera de montaña en el tramo final que se toma con calma, pero que regala muy buenas vistas del Pirineo conforme uno se acerca al Sobrarbe.


