En Aragón es una tierra donde lo bello convive con lo extremo y donde hay rincones que no se revelan a primera mirada. Aunque el Ebro nutre vegas fértiles, en amplias zonas la aridez ha exigido siempre ingenio y adaptación. Donde falta el agua, la arquitectura se oculta: se mimetiza con el terreno, entre campos de secano y suaves relieves de arena, dando lugar a construcciones que no pretenden impresionar, sino resistir.
En los alrededores de Albelda, un pequeño pueblo de la comarca de La Litera, esa historia está escrita bajo tierra. La llamada Ruta de los Aljibes y Silos es un paseo diferente, casi secreto, por estructuras excavadas durante generaciones para conservar el agua de lluvia y el grano. Un testimonio silencioso del modo en que el ser humano se adaptó al paisaje árido, sin alterar su esencia.
- UNA RUTA POR LA ARQUITECTURA DE LA SED
- HISTORIA ESCONDIDA EN LA TIERRA
- UN PLAN DISTINTO PARA DESCUBRIR HUESCA
UNA RUTA POR LA ARQUITECTURA DE LA SED
La ruta, de unos 10 kilómetros y apenas 90 metros de desnivel, es circular y accesible para senderistas poco experimentados. A lo largo del recorrido aparecen aljibes perfectamente conservados, algunos con escaleras, otros con tapaderas de piedra, y silos que sirvieron para almacenar el grano en tiempos en los que el clima era más aliado del hambre que de la abundancia. El terreno, suave y arenoso, fue ideal para excavar estas estructuras, muchas de las cuales se utilizaban incluso hasta el siglo XX.
Uno de los puntos más llamativos del camino es la conocida como Sabineta, una sabina milenaria que resiste el paso del tiempo en medio de una finca agrícola. Se calcula que este árbol tiene más de 2.000 años. También se puede visitar la ermita de San Roque, de estilo barroco y construida en el siglo XVI, que custodia el inicio o el final del recorrido, según desde dónde se empiece.
HISTORIA ESCONDIDA EN LA TIERRA
Antes de la llegada del Canal de Aragón y Cataluña, la vida en Albelda estaba marcada por la escasez de agua. No había cauces cercanos, y la lluvia era tan poco frecuente como necesaria. Los aljibes eran entonces la solución: recogían el agua que caía sobre tejados o superficies artificiales y la almacenaban durante meses. El ingenio y la necesidad dieron lugar a una red de depósitos subterráneos que hoy, gracias al trabajo de documentación y recuperación de los vecinos, puede recorrerse a pie como si fuera un museo al aire libre (y bajo tierra).
Los silos, por su parte, servían para guardar grano en condiciones estables de temperatura y humedad. Aunque más comunes en otras regiones del sur de Europa, su presencia en el norte de Aragón es poco conocida, y en Albelda son un testimonio único del modo de vida agrícola antes de la mecanización.
UN PLAN DISTINTO PARA DESCUBRIR HUESCA
Esta ruta no es la más popular, ni la más transitada, ni la más espectacular en cuanto a paisaje. Pero sí es una de las más originales. Caminar entre aljibes, silos, sabinas milenarias y restos de una arquitectura olvidada es asomarse a un pasado rural que en muchos lugares ya ha desaparecido. Y hacerlo en Albelda, donde la memoria se ha excavado y conservado, convierte la experiencia en un viaje diferente, didáctico y casi íntimo por el corazón seco de Aragón.
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