CRÓNICA POLÍTICA

PP, Vox y la (silenciosa) campana de Huesca

La compatibilidad en el Gobierno de Aragón volvió a chocar este lunes con la pugna en el Ayuntamiento de Huesca 
Orduna y Azcón con el cuadro de la Campana. Foto: Fabián Simón (DGA)
photo_camera Orduna y Azcón con el cuadro de la Campana. Foto: Fabián Simón (DGA)

Vaya por delante decir que la alcaldesa oscense, Lorena Orduna (PP), no va a cortarle la cabeza a nadie como sí narra la leyenda de la Campana de Huesca sobre Ramiro II el Monje y los nobles que andaban conspirando en el siglo XII. Lo que hoy algunos llaman poner palos en las ruedas. Bastante acalorados están ya los debates en el Ayuntamiento y las comparecencias de prensa, aunque sin necesidad de transgredir la metáfora. La del portavoz de Vox, José Luis Rubió, este lunes, marca el último capítulo de un mandato en el que Orduna no sabe lo que le espera a la vuelta de la esquina. Ella y el PP, en solitario, porque a tenor de las palabras del último Pleno los voxistas ya no tienen la condición de socio preferente que les otorgaba sobre el papel el Pacto para la Gobernabilidad de Aragón firmado en la DGA.

Recoge la Crónica de San Juan de la Peña del siglo XIV que Ramiro, tras pedir consejo al abad de San Ponce, este lo llevó al huerto y arrancó de un tajo un manojo de coles que sobresalían. Si el Rey se lo tomó muy a pecho, es un debate que no tuvieron entonces, porque convocó a los nobles para mostrarles “una enorme campana que sonaría en los confines del reino” y les cortó la cabeza uno a uno. No contento, las colocó en círculo y colgó una a modo de badajo. Ya tenían la campana, que después se inmortalizó en un cuadro que lleva años en el interior del consistorio y es parada obligada en las visitas institucionales.

Cortar cabezas ya no se lleva. En el mundo de las redes, alguno diría que es contenido muy poco ‘family friendly’ y por fortuna, pese al lenguaje en ocasiones bélico de la política y sus estallidos, las batallas son simbólicas, aunque ruidosas. Así fue la ruptura de Antonio Laborda con Vox y su salida al grupo mixto, la vía alternativa para que Orduna, a un voto de la mayoría absoluta, aprobase los Presupuestos al final del año pasado sin contar con los voxistas, que ya cuestionaban entonces su afinidad con el concejal escindido. La sangre no llegó al río y las cuentas para este año en la capital altoaragonesa contaron con el respaldo de los partidos que dirigen el Gobierno de Aragón.

RUBIÓ (VOX): "A PARTIR DE AHORA, CON MÁS INTENSIDAD"

Si Ramiro tuvo a su abad, Vox ha señalado en público al teniente de Alcalde, Ricardo Oliván, como el culpable del distanciamiento entre ambas formaciones con la aprobación de un reglamento que limita el número de mociones en los plenos y ellos tachan de “censura”. Antes vinieron las acusaciones mutuas de haber roto el pacto. Después, las de confabularse con el PSOE, el único grupo de la izquierda después de la pelea de papeletas de las anteriores elecciones (pero ese es otro tema) o la polémica con Nolasco y el islam. Por el camino, la supresión del Festival Periferias o las ayudas a la cooperación. Un goteo que de constante es casi silencioso. Ni los líderes en Zaragoza se pronuncian con la misma rotundidad que en los primeros asaltos.

José Luis Rubió adelantó en su última comparecencia que no van a ser “sumisos”, como a su juicio “le gustaría” al Partido Popular. En su lugar dice tener “las cosas claras” y avisa: “a partir de ahora, con más intensidad”. Sin Vox, si las cosas no cambian, a Orduna le tocará mover ficha, una situación donde el ruido, se decante en una dirección o en otra, está garantizado. Ni pensar en después del verano, cuando pase el olor a albahaca y el nuevo curso político de pie a negociar de nuevo unos presupuestos con ingredientes para dar mucho que hablar.