Nueva autovía en Huesca: todavía está en obras, pero los radares de la DGT ya están puestos
La promesa era clara: la A-22 entre Huesca y Siétamo estaría lista antes de que acabara el verano. Sin embargo, a pocos días de cerrar agosto, el panorama aún mezcla maquinaria, tramos sin asfaltar y señales sin desvelar.
Aunque no hay fecha definitiva para la apertura, parece que hay algo que las autoridades han preferido no demorar: la presencia de radares de velocidad.
No serán nuevos radares, sino conocidos. Los míticos dispositivos que durante años encabezaron los rankings de multas en la antigua N-240 —con cifras de vértigo— están siendo recolocados en esta nueva vía que discurre a los pies del castillo de Montearagón. El viejo problema de la velocidad inadecuada en este corredor sigue muy presente en la estrategia de seguridad.
- LA NUEVA AUTOVÍA A-22, CON RADARES ANTES DE LA APERTURA
- OBRAS SIN TERMINAR Y PROMESAS SIN FECHA
- LA SEGURIDAD, PRIORIDAD EN UN TRAMO HISTÓRICAMENTE CONFLICTIVO
LA NUEVA AUTOVÍA A-22, CON RADARES ANTES DE LA APERTURA
Hace apenas unos días, operarios retiraban el radar de la recta de entrada a Tierz para instalarlo apenas diez metros más allá, ya sobre el carril de la A-22 en sentido Barbastro. El traslado fue rápido: la estructura blanca abandonó el arcén de la antigua nacional para reaparecer, horas después, en su nuevo emplazamiento. Nada simbólico: el mensaje es claro.
El radar del Estrecho Quinto, otro de los más famosos del país, ha corrido la misma suerte. Colocado años atrás para frenar la siniestralidad, llegó a acumular más de 33.000 denuncias en solo doce meses y generó ingresos superiores al millón de euros. Aunque había quedado inactivo en 2022 por las obras, ahora se le asigna un nuevo destino en uno de los accesos a la futura autovía.
OBRAS SIN TERMINAR Y PROMESAS SIN FECHA
Este tramo final de la A-22, que conecta la capital oscense con Siétamo a lo largo de 12,8 kilómetros, comenzó a construirse en 2018. Desde entonces, se ha convertido en un ejemplo paradigmático de retraso: más de cuatro años sobre el calendario previsto. El último compromiso era culminarlo en el primer semestre de 2025, pero ni eso se ha cumplido.
Los últimos datos oficiales hablan de una inversión final de 61,5 millones de euros (por encima de los 46 millones presupuestados) y de un trazado que incluye nuevos enlaces en Montearagón y Loporzano, además del desdoblamiento de la ronda norte de Huesca. A pie de obra, la señalización ya está colocada, incluso los carteles que anuncian la presencia de radar, pero el firme no está completo y las máquinas continúan trabajando.
LA SEGURIDAD, PRIORIDAD EN UN TRAMO HISTÓRICAMENTE CONFLICTIVO
No es casual que se priorice la instalación de radares antes incluso de acabar el asfalto. En 2016, el radar de Estrecho Quinto fue el tercero que más denuncias generó en España. Dos años después seguía en el podio. Margarita Padial, jefa provincial de Tráfico, ya lo anticipó hace tres años: se buscaría la forma de mantener su presencia, en función del nuevo trazado.
Aunque puede que la recaudación de estos radares haya sido determinantes para mantenerlos, el objetivo principal es reducir siniestros; ya que la recta de Tierz y la bajada desde Estrecho Quinto arrastran una historia de incidentes y velocidades inadecuadas. Los radares no son un añadido. Son parte del rediseño.
Mientras tanto, el tramo sigue esperando su inauguración. Y los conductores, acostumbrados a años de promesas incumplidas, ya solo creen en lo que ven. De momento, ven señales de radar.