¿Cómo se llamaba Huesca antes? Tenía otro nombre, pero pocos lo conocen
Huesca siempre ha sido considerada una ciudad de leyendas e historia, gracias a su rico pasado milenario y un semblante que maravilla a todos aquellos turistas que lo visitan. ¿La mejor forma de comprobar esa aura? A través de sus monumentos: la Catedral del Museo Diocesano, el Teatro Olimpia o la Iglesia de San Vicente El Real son solo algunos de los ejemplos.
Pero existe un factor que muchos visitantes y curiosos de Huesca suelen pasar por alto, y que también es una prueba del patrimonio y el legado de la capital oscense. Hablamos, nada más y nada menos que de su nombre. Puesto que, al igual que otros territorios como Zaragoza, Huesca ha recibido varios cambios e influencias que le han dotado con distintas identidades y que han hecho que estas acabasen evolucionando hasta su nombre actual.
Es difícil encontrar una respuesta a estos orígenes. Sin embargo, gracias a la etimología; es decir, la ciencia que estudia el significado y el origen de las palabras, se puede hacer una vuelta al pasado para tratar de ahondar en este nicho que para algunos investigadores e historiadores puede resultar apasionante.
Por ello, sigue leyendo, porque en este artículo viajamos siglos atrás para presentarte el nombre antiguo de Huesca que pocos conocen.
- BOLSKAN, EL PRIMER NOMBRE DE HUESCA
- OSCA, EL NOMBRE ANTIGUO DE HUESCA
- WASQA, EL NOMBRE DE HUESCA EN LA ÉPOCA MUSULMANA
BOLSKAN, EL PRIMER NOMBRE DE HUESCA
Lo cierto es que Huesca cuenta con varios nombres antiguos, la mayoría poco conocidos, y la raíz primordial de su nombre se puede rastrear hasta el año 179 a.C. Los investigadores aluden a que, en estos tiempos, Huesca era una ciudad perteneciente a uno de los pueblos íberos, bajo el nombre de “Bolskan”. Sin embargo, hasta día de hoy, todavía no se ha encontrado una teoría que confirme por completo a qué pueblo pertenecía. Aunque las suposiciones se atribuyen, sobre todo, a los ilergetes, los suesetanos o los vascones.
Sea como fuere, la antigua Bolskan era un territorio abundante y respetado, sobre todo con gran popularidad por las insignias de sus monedas y la ceca que las fabricaba. Las divisas representaban por un lado la cabeza de un guerrero barbudo y, por el otro, a un jinete con una lanza y el nombre de la ciudad en reverso.
La antigua Huesca prevalecería hasta la invasión y destrucción de la ciudad por parte del pretor romano Aulo Terencio Varrón. Sin embargo, y a pesar de ser territorio enemigo, Aulo Terencio se quedó prendido por la ciudad, por lo que decidió refundarla como una colonia romana y bautizarla con un nuevo nombre: Osca.
OSCA, EL NOMBRE ANTIGUO DE HUESCA
Con el nuevo gobierno de los romanos, Osca contaría con una gran reputación por toda la península. De hecho, los siete siglos de presencia romana en la ciudad dejaron bastantes eventos importantes, como el apoyo del ejercito de la ciudad a Julio César en la batalla de Lérida o la acuñación de denarios de plata y bronce con los nombres “Bolskan” y “Osca”.
En la actualidad, tanto las monedas de Bolskan como las de Osca se encuentran dentro de las colecciones de divisas íberas del Museo Británico. Esto da a entender el respeto a la tradición íbera que los romanos mantuvieron por Bolskan y la reputación de sus monedas al no hacerlas desaparecer. Aunque acabasen fundiéndose con la cultura romana.
De hecho, gracias a su colaboración en la batalla de Lérida contra Pompeyo, la ciudad de Osca fue elevada a la categoría de municipio romano con el título honorífico de Urbs Victrix Osca (Ciudad Victoriosa), un lema que todavía se puede ver actualmente en el escudo de Huesca, abreviado como “V.V. Osca”.
Sin embargo, la gloria del nombre antiguo de Huesca acabaría desvaneciéndose a partir del siglo III, cuando la crisis del Imperio Romano y las constantes invasiones enemigas afectaron al desarrollo de la ciudad. El cristianismo se convirtió en la religión predominante en la zona y el declive llegó a su clímax en el siglo VIII, cuando los musulmanes se apoderaron del territorio, llegando el fin de Osca y dando paso a su nueva identidad: Wasqa.
WASQA, EL NOMBRE DE HUESCA EN LA ÉPOCA MUSULMANA
Este nombre antiguo de Huesca se mantendría durante cuatro siglos (VIII – XI) y acabó siendo la seña de una ciudad con el Islam y el árabe como emblemas predominantes. Los cristianos mozárabes eran minoría y el obispado terminó por desaparecer. De hecho, el principal monumento que Huesca conserva de su pasado islámico son sus murallas, construidas en el siglo IX y consideradas uno de los monumentos oscenses más emblemáticos.
Sería ya en el año 1096 cuando, tras la batalla de Alcoraz, la conquista aragonesa daría origen a la ciudad y al nombre de la Huesca actual. El obispado y el cristianismo volvieron a restaurarse y el aragonés, nacido en las montañas pirenaicas, sustituiría al árabe como lengua común, hasta la difusión y predominio del castellano a partir del siglo XV.
A través de este proceso etimológico, la identidad de Huesca ha ido evolucionando gracias a sus raíces e influencias íberas, romanas, musulmanas y castellanas. Todo ello ha consolidado a Huesca como un referente multicultural y la portadora de un rico legado del que estar orgulloso.