SANTIAGO PALAZÓN

Luis, seguro que el cielo existe, si no ¿qué iban a hacer contigo? Navidad 1992.

Así me dedicaba mi amigo Santiago el libro que acababa de regalarme. Título: “El Catecismo de la Iglesia Católica”. Número de páginas: 705. Obra preparada por un grupo de teólogos y catequetas. De esta manera, mi amigo me devolvía la pelota. Me explico: meses antes fui a desayunar al domicilio de Santiago, estaba convaleciente en cama y le llevé un libro envuelto y dedicado. Cuando vio el título y la dedicatoria, juro que se ruborizó. Título: “La máquina de follar de Charles Bukowski, autor norteamericano y símbolo del realismo sucio.

Mi santo es un santo, o por lo menos lleva camino de ello. Se santigua antes de comenzar a comer, la primera vez que lo hizo en mi presencia fue en un restaurante, mis ojos no daban crédito. Es creyente, católico practicante y alumno aventajado de Jesuitas, como a él le gusta recordar. Fue concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, de 1987 a 1991 por la lista de Alianza Popular; por aquel entonces se consideraba fraguista. Pronto riñó con su grupo municipal, con su partido, y lo abandonó. Le pidieron que dejase el escaño, a lo cual se negó: A mí me han elegido los vecinos, pienso servir a la ciudad desde el Grupo Mixto”. Nadie se atrevió a llamarle tránsfuga, porque no lo fue. Licenciado en Derecho, supo explicar la doctrina del Tribunal Constitucional, quien pocos años antes había dictaminado que el escaño no era propiedad del partido sino del electo (Doctrina Alonso Puerta).

Es famoso su debate en el Pleno municipal, con el correoso e inteligente José Luis Martínez Blasco, concejal del Partido Comunista. Éste tachó a Santiago de algo así como pijo de Jesuitas. Mi engominado amigo sin perder la sonrisa le replicó: “Cuando usted estaba en el seminario, yo los fines de semana repartía tartas y pasteles a domicilio para ganarme unas pesetas”. Santiago es irónico, mordaz, católico, anda tieso como si se hubiese comido un paraguas (cerrado). Durante años, compartimos tertulias radiofónicas; primero en Antena 3 Radio, con su director, nuestro todavía amigo Daniel Llagüerri; después en Z Radio, con la periodista Lola Ester; y más tarde nos ficharon sin cobrar en varias televisiones locales que por aquel entonces comenzaban a emitir. Hicimos más de cincuenta entrevistas a personajes y nos reímos una barbaridad. A ambos nos preguntaban: “¿Cómo podéis ser amigos?”. Pues sí hemos sido, somos y seremos amigos; él de derechas y yo en la otra orilla. Hoy los dos somos un poco nihilistas, eso sí, nos gusta la ciudad donde vivimos.

Posdata: Me gustaría saber si guardas el libro de Bukowski. Si es así vuelve a leerlo, siempre se aprende algo nuevo.