Yo 1,69, ¿y vosotros?. Los vosotros éramos Juan Señor y yo mismo. “¿Os consideráis bajitos?” -les pregunté-. Así comenzó una más que agradable conversación. Miguel y Juan afirmaban que ser bajito no era un plus en el campo, aunque mencionaron media docena de grandes futbolistas que medían aproximadamente lo mismo. “Sí que es cierto -abundaba Pardeza-, que yo en mi carrera como delantero, siempre me he encontrado con altos: caso de Carlos Santillana y Valdano. Además, ambos eran muy buenos. De cabeza he metido pocos goles. ¿Y en la política? ¿Es un handicap la estatura Luis?”. “Ahora que me preguntas, reconozco que nunca me han ganado por la estatura. Ésta no siempre está relacionada con la inteligencia”. Los tres estuvimos de acuerdo y nos quedamos tan anchos.
Miguel no caía bien a todo el mundo. Simultaneaba por aquel entonces los entrenamientos con sus clases en la Universidad. Cuando tenía concentraciones del equipo, mientras sus compañeros jugaban a las cartas, él leía a Saramago. A una parte de la prensa deportiva y a casi toda la afición no les gustaban sus hobbies. “En una ocasión, un tipo malcarado me abordó y me dijo: Pardeza, menos leer libros y más patadas, que para eso te pagamos”.
Mi santo fue el único integrante de la “Quinta del Buitre” que no era madrileño, y sólo él tuvo que abandonar el Real Madrid para triunfar. Sus mayores éxitos fueron en el Real Zaragoza, donde formó un buen tándem con el también delantero Paquete Higuera. Posteriormente, fichó con el equipo mexicano el Puebla FC donde anunció su retirada y volvió a nuestra ciudad. El Real Zaragoza le contrató como secretario técnico, colaboró y sigue colaborando en distintos medios de comunicación y no sólo para hablar de deporte. Cuando el Zaragoza bajó a Segunda División, dimitió.
Miguel vive en nuestra ciudad. Me he vuelto a encontrar con él en la Asociación de Escritores, está estupendo. Es jovial, escribe, lee, opina e intenta pasar desapercibido. Siempre me ha parecido un tipo de mucha altura, no sólo física sino intelectual.
Posdata: Miguel, algún día los bajitos gobernarán el mundo, y si no mira a José Mª Aznar.