MIGUEL MERINO
Esta frase me la dijo un año después de las primeras elecciones municipales de abril del 79. Miguel fue alcalde de la ciudad hasta esa fecha y dimitió para poder presentarse como candidato a la Alcaldía por la UCD en la campaña electoral.
Los socialistas empleamos un autobús de dos pisos que recorría la ciudad barrio a barrio. El bus llevaba una enorme pancarta que rezaba así: Limpia tu ciudad de azul Merino. Jugábamos con su apellido: Merino por marino, y el azul se entiende por sí solo. No fue alcalde democrático, se quedó en concejal y portavoz de su grupo. Nos hicimos amigos y un año después le descubrí quién fue el autor de la frasecita.
Junto con Ramón Sainz de Varanda, representaban por edad y por formación la generación intermedia de la transición. Su trabajo como oposición fue impecable. Miguel Merino conocía la ciudad como ninguno de nosotros y solía aconsejarnos en voz baja: ¡Por ahí no es correcto!, -exclamaba-, y nos declamaba el artículo de la Ley que estábamos a punto de vulnerar por ignorancia nuestra.
Miguel estaba enamorado de dos cosas conocidas: la ciudad y el boxeo, incluso tenía pinta de boxeador, supongo que en el caso de haberlo practicado habría sido en los pesos pesados. Apadrinó durante algún tiempo en sus comienzos a Perico Fernández, hasta se lo llevó a vivir a su casa para tenerlo controlado.
Miguel fue un fino jurista, eso sí, hacía algunas consideraciones sobre la ley con fina ironía e incluso mordacidad: “Dura Lex, sed Lex”. Sí, sí, todo lo que queráis, pero este país nuestro no avanzará si no cambia sus leyes. -Solía exclamar poniéndose un poco profesoral-. Dejó de ser concejal con el mismo talante que cuando dejó la Alcaldía y volvió a ser funcionario. Siguió siendo militante de la Unión de Centro Democrático cuando ésta ya estaba agonizando. Fue él y no otro el que apagó la luz el último día antes de abandonar el piso donde tenían las oficinas la buena gente de Adolfo Suárez.
Desde la Alcaldía, le enviamos un coche a su domicilio para recogerlo y traerlo al Ayuntamiento para un acto protocolario. Miguel ya estaba muy enfermo. El acto comenzó sin él y al terminar nos informaron de que había fallecido viniendo. Era algo anunciado, exclamamos algunos, y brindamos por él. Miguel así lo habría querido.
Posdata: Miguel estará sin lugar a dudas en su paraíso particular, aunque tenía varios: uno lúdico, otro práctico, otro sentimental, religioso, cultural, deportivo, etc... Cada día de la semana estará en uno de ellos y será feliz.