MARINA FORTUÑO

Once de diciembre de 1987. Sensación de vértigo, de frío, de miedo, de tristeza... de impotencia, de rebeldía, de injusticia...La crueldad de los etarras sesgó once vidas, cinco de ellas apenas superaban los nueve años de edad.

Así comenzaba Marina su crónica de lo ocurrido en nuestra ciudad el día que los gudaris de mierda pusieron la bomba en la Casa Cuartel de la Guardia Civil, en la avenida de Cataluña.

Mi amiga es periodista de radio, siempre en la misma empresa: Radio Zaragoza Cadena SER. No es que esto sea un mérito, hoy el periodismo es bastante distinto de cuando empezó en 1984; más empresa y menos pasión. Durante un tiempo, ocupó el cargo de directora de Comunicación en la Diputación Provincial de Zaragoza, no le gustó y volvió a su casa de la radio, de donde no tendría que haber salido.

Marina me hizo una larga entrevista en directo, en un programa con participación de los oyentes, en un momento de mi vida institucional muy complicada. Fue dura, muy dura con sus preguntas y así se lo dije al terminar, y juro o prometo que no he sido nunca un timorato. De vez en cuando lo recordamos: La tengo grabada Luis, si quieres te la paso. No, gracias cariño, no tengo ganas de cabrearme. Por aquel entonces manteníamos la típica relación periodista-político, a partir de ahí comenzó nuestra amistad. Sí, fue dura, pero no borde ni malintencionada.

Durante cuatro años nos veíamos los martes en el Hotel Boston. ¡Eh! Me explico. Eva Pérez Sorribes y Marina tenían un programa de tertulia política de una hora de duración. Los tertulianos comíamos en el hotel con ellas: Ana Sanromán (IU), Monsita Costa (PAR), Chesús Yuste (CHA), Joaquín Salvo (PP) y yo, que cada pocos programas aclaraba que no representaba al PSOE, aun siendo militante. Algún cretino del partido intentó que me cambiasen por alguien de su confianza, la dirección de la radio no sucumbió ante el poder. La Fortuño es buena gente. Coincidimos ambos en que las cosas han cambiado, sobre todo, la relación periodistas-políticos. No afirmamos que sea mejor ni peor, sólo son distintas.

Posdata: Los martes me acuerdo de la tertulia, en la comida muchas risas, luego... alguna vez nos poníamos serios.