Será el alcalde que va a inaugurar algo, dijo don Justo sin levantar los ojos del periódico. Pues ya podían avisar que ahora los alcaldes vuelan. Por poco me da un patatús, dijo doña Asunción mientras contemplaba hipnotizada cómo la sopa se arrastraba por las baldosas.
La sopera, regalo de la caja de ahorros, se había roto en mil pedazos y un aroma a sopicaldo de sobre inundaba el comedor. Don Justo, que odiaba a muerte la sopa, miró el humeante charco en donde nadaban algunos fideos y dijo feliz: parece que nos hemos quedado sin primer plato por culpa del alcalde". (Publicado en nuestra Zaragoza, en febrero de 1986, con el título “El alcalde volador”).
Muy poca gente en el Ayuntamiento conoce la existencia de ese cuartito secreto. Los alcaldes lo vienen utilizando desde tiempo inmemorial para descansar del terrible peso del poder, para echar una cabezada o para otros propósitos menos confesables: ha habido alcaldes que se encerraban en él a jugar a los trenes eléctricos mucho antes de que se inventara el Scalextric. A este reducto último del poder, que no consta en los planos del magno edificio, se retiró el alcalde a meditar, abrumado por los problemas municipales del conflictivo planeta atómico. (Publicado en nuestra Zaragoza, en 1986, titulado, “El cuarto secreto”).
Así se las gastaba y se las sigue gastando Mariano Gistaín. Observen ustedes su predilección por escudriñar en los secretos de los alcaldes. Nos descubrió que éstos volaban y que tenían cuartos secretos en el edificio de la Plaza del Pilar. Lástima que se quedó en los varones, seguro que Mariano conoce algún secretillo de doña Luisa Fernanda Rudi cuando fue alcaldesa. En fin, otro día será.
Mariano escribe, pasea por el llano y la montaña, toma siempre muchas notas, -¿qué coño hace con ellas?-. El título de alguna de sus obras ya apunta cómo es mi querido santo, pasen ustedes y vean: “El polvo del siglo”, “La mala conciencia”, “Los caballos no compran periódicos” (pero te leen) y “El entierro de Líster”, en colaboración con otro tío peculiar, Roberto Miranda.
Posdata: Mariano, te debo una minipimer para tu nueva casa, la compraré cuando se termine la crisis, que estarán muy baratas.