LUIS ALEGRE

Con Luis, me ocurre como con una pléyade de jóvenes escritores y noctámbulos de esta ciudad, a saber: Mariano Gistaín, Félix Romeo, Martínez de Pisón... Otros no tan jóvenes: Pérez Lizano, José María Bardavio, Miguel Green, Arrudi, y un largo etcétera. A todos los conocí de noche en bares, garitos y baretos. La mayoría de estos lugares han desaparecido, claro que han pasado más de veinticinco años.

Destacaba por aquel entonces La marioneta y El bambalinas, ambos eran lugares de obligada presencia a partir de las doce de la noche. Encarna Mihi servía las copas y ¡ojo!, siempre llevaba medias negras, no recuerdo si eran con costura o sin ella. Mientras en los años 60/70 una tal Mona Jiménez reunía en Madrid en sus tertulias a la fauna cultural y política en torno a sus famosas lentejas; Mihi lo hacía con los gin tonic.

Fue en Bambalinas donde quise matar por primera vez a Luis Alegre. Motivo, me explico: el muy cabrón estuvo bailando toda la noche con Ariadna Gil, sin despegarse de ella y provocando la envidia de todos los machos presentes. Cuando le pedí con toda la educación que me dejara bailar con ella, Luis se negó rotundo. A los pocos minutos, cuando estaba sonando la música de Los Platters, se lo volví a pedir y el tío se volvió a negar. Cambié la estrategia y le amenacé con subirle los impuestos. -No pago, soy indigente, me contestó-. Mandaré derribar tu casa, “no te atreverás, vivo con mi madre”. Insistí, se te llevará el coche la grúa municipal, “no tengo coche concejal”, -me respondió el joven Alegre. Volví a cambiar el discurso; si me dejas bailar una pieza con ella te propondré para hijo adoptivo de la ciudad o pregonero, “y una mierda, ¿para qué sirve eso?”. Entenderán ustedes por qué odié al joven profesor. Ariadna, muy divertida por la escena, me dio un beso de despedida.

Años después, me volvió a ocurrir lo mismo con el sujeto. Alegre entrevistó en televisión a la escritora uruguaya Carmen Posadas. Él sabía que a mí me gustaba mucho y el muy cabrón no me dijo ni pío; en esa ocasión, ni siquiera un beso de despedida. En fin, así es mi amigo. Tiene algún detalle apreciable: su risa es inconfundible, canta muy bien la bien pagá, es amigo de todos los guapos y guapas del mundo del cine, escribe, pinta bastante y es un buen comensal. Muy recientemente fue director con David Trueba de la película La silla de Fernando”, que obtuvo el aplauso de crítica y público; presenta y dirige el espacio de entrevistas “El Reservado”, en Aragón TV; en octubre de 2002 fue distinguido como hijo adoptivo por el Ayuntamiento de Zaragoza. Joder Luis, si me hubieras dejado bailar con Ariadna, lo hubieses sido años antes.

Posdata: Renuévate el vestuario querido, vas fatal.