JOSÉ MARÍA BENEGAS

Cuando alguien de Aragón me llama José María, sé que son “los damascos”. Si me dicen Txiki, son “los otros”.

Así de sencillo lo explicaba el entonces secretario federal de Organización del PSOE. Vaya clarividencia, teniendo en cuenta el enrevesado laberinto de corros, familias y grupos que configuraban el socialismo de Aragón, a mediados de los años 80. A los damascos se nos tildaba de españolistas, bien conectados con dirigentes históricos como Carmen García Bloise. También se nos llegó a denominar los franceses, por nuestra relación con el clan del cassoulet, grupo proveniente del exilio con sede en Toulouse. Los “otros” eran los ex PSA: Marraco y las tres B (Bada, Biescas, Bayona), militantes en su día del PSA de Emilio Gastón. Al parecer ellos se autocalificaban como nacionalistas, aunque nunca publicaron ni propusieron ninguna medida que avalara esta legítima postura.

José María es un buen tipo y conoce el paisaje y el paisanaje del socialismo español como si fuera su propia casa, que lo es. Vivió y siguió viviendo en ella. Nació en Caracas, aunque él de siempre se ha sentido vizcaíno. La margen izquierda del Nervión fue el lugar donde comenzó su militancia rodeado de obreros. Es licenciado en Derecho.

Participó activamente en el mítico congreso de Suresnes (barrio de París), donde fue elegido secretario general Felipe González. Volviendo de él con Ramón Rubial y Manolo Garnacho en un viejo Renault de segunda mano, la Guardia Civil les paró en la frontera. Cuando pasaron el control Garnacho exclamó: Menos mal que no nos han registrado el portaequipajes”. El joven José María preguntó: ¿Por qué Manolo?” Llevamos una maleta con ejemplares de “El socialista” y la vietnamita (multicopista)". “Cabrones, me lo podíais haber dicho”.

Colaboró intensamente en el debate de proyecto de la Constitución en 1978, y el pacto de Ajuria Enea en 1979. Muchos todavía nos preguntamos cómo es posible que fuese y siga siendo muy amigo de Xavier Arzalluz. Formó parte de los miembros que negociaron los Acuerdos de Madrid. Nunca he visto llorar a nadie como a él, cuando ETA asesinó a su amigo y compañero Enrique Casas. Tiene publicados varios ensayos sobre el terrorismo de ETA: “La razón socialista” en 1990, “El socialismo de lo pequeño” en 1995, y lo último, “Diario de una tregua” en 2007.

José María ha vivido y sigue viviendo rodeado de guardaespaldas. Lo pudimos comprobar cuando en 1990 nos citó en el restaurante Vallés de San Sebastián a Marraco, José Félix Sáenz, José Marco, Antonio González Triviño y Luis Roldán. De aquella tensa reunión salió el acuerdo de que Marraco repitiese como candidato a presidente de la Comunidad Autónoma, pero no de secretario general del partido. Aquello se llamó el pacto de San Sebastián y todo el mundo lo incumplió menos los damascos.  

Posdata: José María representa lo mejor del socialismo español. Que cunda el ejemplo.