JOAN MANUEL SERRAT
Lugar donde esto ocurrió: un avión de Iberia que acababa de aterrizar en Santiago de Chile. Un nutrido grupo de periodistas y políticos acudimos al país andino como observadores del referéndum, convocado por el nauseabundo general Pinochet. La DINA (Policía chilena) sube al avión y chequea todos los pasaportes. A Serrat le prohíben la entrada. La repercusión de las declaraciones del “Nano” (en Argentina) son portada al día siguiente de “La Tercera”, en Santiago. Pinochet perdió el referéndum.
Joan Manuel es un viejo conocido de nuestra ciudad. Tras las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, los ayuntamientos españoles gobernados por las izquierdas convirtieron campos de fútbol y plazas de toros en grandes escenarios donde actuar los artistas malditos, que no salían nunca en TVE. Serrat, junto con Víctor y Ana Belén, Miguel Ríos y un largo etcétera se convirtieron en cantautores. Nuestro Labordeta exportó Aragón con su “Canto de la Libertad”.
Años después ya consolidada la democracia en nuestro país, Serrat fue la estrella en plenas Fiestas del Pilar. Lugar del concierto: campo de fútbol de La Romareda (por cierto, con gran cabreo de la directiva del Real Zaragoza). Lleno absoluto con más de 30.000 entradas vendidas. Joan Manuel comienza su primera canción. De pronto voces repetidas gritan: “Que no se oye”. El músico se retira a los vestuarios. Pego un salto y me voy tras él. “Mira concejal, las torres del sonido están mal colocadas. Hay que abrirlas”. Se dan las órdenes oportunas a los técnicos y salgo al escenario micrófono en mano: “Si nos corremos todos seremos más felices. Apretaros un poco”. La frase les hace gracia. Serrat vuelve al escenario cantando “Hoy puede ser un gran día”, con un cachirulo al cuello. Aquello fue la hostia.
El “Nano” fue pionero en la llamada Nova Cançó catalana. Quiso cantar en catalán en Eurovisión y fue sustituido por Massiel, que se convirtió en heroína nacional cuando ganó con el “La, la, la” (hay que joderse). Poeta, su disco con versos de Miguel Hernández, fue apoteósico. Su “Mediterráneo” sigue siendo la canción más escuchada y cantada del siglo XX.
Serrat sigue en la brecha. Compra olivos de Belchite, lugar de nacimiento de su madre, y los vuelve a plantar en su casa de Cataluña. Su último amor es el vino, lo elabora con mimo y se lo bebe con sus amigos. Muy recientemente, con Joaquín Sabina realizaron una gira: “Dos pájaros de un tiro”, así se presentaba el magnífico concierto. Serrat sobrevivió al cantante madrileño.
Posdata: Sigue cantando, sigue viviendo, muy a tu pesar te has convertido en un mito.