Así se manifestaba Ernest unos minutos antes de comenzar en La Romareda el partido Zaragoza-Barcelona. Mi admirado compañero, en esta ocasión, no acertó. El partido terminó en empate gracias al árbitro que escamoteó al equipo local un claro penalti. Siempre me ha sorprendido en algunos intelectuales su pasión por el fútbol, todavía hoy mi perplejidad es creciente.
Fue por la noche, de madrugada, mantengo la costumbre de dormirme con el auricular de una pequeña radio en el oído. La noticia sonó así: “ETA asesina de dos tiros en la cabeza al ex ministro y ex rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Ernest Lluch, en el aparcamiento de su domicilio”; a continuación daban sus datos biográficos. Me desperté del todo, me levanté, fumé, blasfemé y me acordé del partido contra el Barcelona del 21 de noviembre del año 2000.
El Ayuntamiento de Zaragoza convocó a los ciudadanos a las 12 de la mañana en la Plaza del Pilar, entre las esculturas de San Valero y del Ángel Custodio. Acudí con mi amigo Pedro Valdivia, hoy cónsul de Chile y durante años exiliado de su país por el golpe cruento del general Pinochet. Intentó consolarme: Nunca te había visto tan afectado Luis. Te tenía por un duro"+. Paseamos durante más de una hora por la ribera del Ebro, cruzamos el puente de Piedra y llegamos hasta el barrio Jesús: Verás Pedro, no sólo han matado a Ernest, esos gudaris de mierda nos han asesinado a todos un poco, -creo que dije gimiendo bastante-. Luis, a mí también me mataron amigos el 11 de septiembre, vosotros por lo menos podéis asistir al entierro y gritar "mueran los asesinos".
Lluch era un gran tipo y con un sentido del humor extraordinario. Nació en Vilassar de Mar, lugar de donde se surte de claveles a media España, de ahí que le gustase tanto el color rojo. Era doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona y La Sorbona de París. Detenido durante el franquismo, en varias ocasiones fue expulsado de la Universidad por su actividad política; en octubre de 1982, resultó elegido diputado del PSC-PSOE, Felipe González le nombró ministro de Sanidad en el primer gobierno socialista.
Comimos juntos antes de ir al fútbol, hablamos, cómo no, de política. Le pregunté por Felipe: Mira Luis, yo en realidad soy amigo de Carmen Romero; y me contó la siguiente anécdota: En una cena en la bodeguilla de La Moncloa, le dije a Carmen que estaba muy guapa y ... muy buena, Felipe me escuchó y me lanzó una mirada asesina.
Posdata: La noche que te asesinaron supe lo que era el odio.