DOCTOR CASADO

El señor doctor vive de milagro. Bueno, no fue exactamente así. Se retrasó en ir a su consulta y los pistoleros del GRAPO mataron a su compañero José Ramón Muñoz Fernández. ¿Por qué? Por haber cumplido con su deber como médico y evitar la muerte a sus pacientes que estaban en huelga de hambre.

José Luis Casado es médico, médico, médico, de la antigua escuela. Ama su profesión sobre todas las cosas. Además, su amor sólo lo comparte con los suyos: familia y amigos. Practica su profesión con mucho esmero y sabiduría en la sanidad pública. Inquieto, impertinente con los necios, fundador de Alianza Popular de don Manuel Fraga, al cual admira, y militante del PP actual. Tiene la lengua afilada en la crítica, siempre de frente, nunca le he visto mirar de refilón. El doctor, al igual que los taxis, siempre lleva la luz verde encendida, sólo tienes que levantar la mano para que se pare y te atienda. Le gusta la política y cuando alguien lo hace mal lo critica. Oye José Luis, que éste es de los tuyos, –le inquiere alguno-. Y a mí qué coño me importa, que espabile, que para eso le hemos elegido.

Al doctor Casado/House le gusta la vida, no es tan cabrón como el de la televisión; eso sí, se parece a él en lo mordaz y en lo irónico. Nos vemos con frecuencia, se prodiga socialmente y le he visto diagnosticar en una tertulia con una copa en la mano.

Hace muy pocos meses se casó su hija y José Luis estaba espléndido. Estás más guapo que la novia, –le dije besándole en ambas mejillas-. La comida en El Cachirulo, fantástica. Periodistas, políticos de izquierdas y de derechas, empresarios, médicos, mujeres guapas, -amigas de la novia claro-. Él personalmente organizó las mesas, tarea por cierto muy difícil y puso cada oveja con su pareja. El buen doctor conoce a la parroquia zaragozana como nadie y no sólo eso, sino que a muchos y a muchas los ha visto desnudos y desnudas, -por su profesión, por supuesto-.

Posdata: Si usted se encuentra mal le recomiendo que llame al doctor Casado. Ya sabe, sólo tiene que levantar la mano. Y si se encuentra bien y no necesita sus servicios, intente merecer ser del círculo de sus amigos, se lo pasará de maravilla. Me consta que a José Luis no le han quedado secuelas ni físicas ni mentales por el riesgo que tuvo de ser asesinado por los GRAPO; sin embargo, la muerte de su amigo y compañero no se le olvidará nunca.