CRISTÓBAL MONTES

Cuando se despertó, el dinosaurio aún seguía allí.

Empleo muy a propósito el relato más breve de la literatura del escritor uruguayo Augusto Monterroso.

Cuando llegué al PSOE, él ya estaba allí. Me refiero a don Ángel Cristóbal Montes. Me dio la mano y recuerdo que exclamó: “Bienvenido al socialismo”.

Durante años compartimos militancia, inmediatamente me cautivó su oratoria muy del estilo latinoamericano, tras su entrenamiento en Venezuela donde había vivido largos años. Amaba y me consta que sigue amando ese país. “Las mujeres venezolanas son las más hermosas del mundo” -nos confesaba a un reducido grupo de alumnos políticos-. Fue en Caracas, donde sufrió un terremoto: “Cuando comenzó la tierra a temblar perdí de vista el cielo”. Posiblemente fue en ese momento cuando perdió la fe y se convirtió en un pesimista profundo.

Tuve ocasión de viajar con él en mayo de 1979 a la Baja Sajonia, invitados por el SPD. Los socialistas zaragozanos y los socialdemócratas de la ciudad de Göttinger habíamos establecido lazos de colaboración y fuimos invitados para participar en las elecciones al Parlamento Europeo, a pesar de que España aún no pertenecía a él. Ángel dio un mitin para inmigrantes españoles y latinoamericanos. Fue duro, radical, y feroz con la dictadura española recién extinguida tras la muerte de Franco. Agnóstico, republicano, culto, escritor infatigable, magnífico profesor. Su principal mérito, elegir como antagonistas políticos a los más poderosos que terminaban ganándole siempre, nunca con la palabra sino con los hechos.

Diputado constituyente, pudo ser un hombre útil cuando se estaba redactando la Constitución Española, pero Gregorio Peces Barba no se lo consintió. De los 350 diputados de la primera cámara democrática española, mi amigo era el único que había redactado leyes en Venezuela.

Se fue dignamente besando su carné rojo, fue una tarde en el entonces Casino Mercantil en el Coso zaragozano. Aquel día, el prodigioso verbo de Ángel fue vencido, el aparato del partido fue el ganador y muchos perdimos con él.

Ahora prepara sus memorias políticas. Que tiemblen los que no le vencieron con la palabra. Reclamo la presencia de don Ángel en la historia contemporánea del socialismo aragonés.

Posdata: Si alguien te pregunta si estás retirado de la política, ya sabes la contestación “antes muerto que apolítico”.