Carmen, obviamente, es de las segundas. ¿Cómo se puede ser santa al uso siendo atea, republicana, socialista y antifranquista en el exilio? Pues lo es.
Nieta e hija de exiliados en Toulouse, todos ellos militantes del PSOE, fue reclamada por el partido tras su legalización, volviendo a Madrid, donde inmediatamente fue miembro de la Ejecutiva Federal, presidida hasta su muerte por Ramón Rubial, del cual ella se sentía alumna. Pocos años después, cuando en octubre de 1981 Felipe González y el PSOE ganaron las elecciones, tras formar gobierno, Carmen, diputada por Madrid, fue elegida secretaria Federal de Organización. Felipe y Alfonso Guerra se dedicaron a gobernar y la Bloise se hizo cargo del partido. Formó un núcleo duro con los hermanos Martínez Cobo (José y Carlos, dos médicos residentes en Toulouse algo mayores que ella); el cuarteto se cerró con un jovencísimo Javier Tezanos, recientemente fallecido, al cual una parte del partido le dedicó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un homenaje; yo estuve allí.
Carmen se pateó todas las agrupaciones del partido; un coche de segunda mano, conducido por su marido Rafael, hizo más de 400.000 kilómetros hasta que no pudo más y se paró. Fue precisamente en Zaragoza.
En nuestra ciudad, conectó muy bien a partir de 1977 con los damascos (Manolo Ventura, Carlos Pérez, Antonio Piazuelo, Emilio Burgos y Luis García-Nieto), hasta tal punto que en Madrid nos llamaban los franceses. Carmen sí que es cierto que, junto con los Martínez Cobo, Paulino Barrabés (por aquel entonces jefe de las economías de UGT) y algunos otros configuraron un grupo al cual desde el propio partido denominaron el clan del cassoulet. También, y debido al poder democrático que ocupaban en el partido, comenzaron a tener enemigos. Éstos, fíjense qué originales, los tacharon siempre por la espalda de masones, o mandilones, todos los que estábamos en su entorno lo éramos. Ya saben, por lo visto fui masón sin haberme iniciado.
Mi amiga era tierna, cariñosa, capaz, y prudente; sólo mostraba su autoridad en administrar las escasas economías del PSOE. Cuando se acusó a su partido de estar financiado por Alemania, ella exclamaba: “¡Ojalá fuese verdad, así podríamos pagar los alquileres!”.
Te prometo Carmen portarme bien y ser Santo para estar contigo en el paraíso de los socialistas.
Posdata: En el acto del Círculo de Bellas Artes te busqué con la mirada. Obviamente no estabas. ¿O sí estabas?