Me quedé patidifuso, yo sabía que el alcalde Sainz de Varanda era creyente, bueno, en realidad muy creyente. Por aquel entonces, cuando una periodista le había preguntado de dónde se iban a sacar las economías para recibir al Papa en nuestra ciudad, ya había pronunciado su famosa frase: Venderemos las alfombras si es necesario. No fue necesario, Zaragoza recibió al Presidente del Estado Vaticano, como yo lo llamaba, con mucho decoro.
Volvamos a Els Joglars. Pensé que Albert Boadella se negaría a retrasar el estreno y que montaría una rueda de prensa denunciando al Ayuntamiento por impedir la actuación de la compañía y cercenar su libertad de expresión. Será una noticia internacional, pensé. Pues no, Ángel Anadón cenó, mano a mano, con el cómico catalán y no hubo nada. ¿Qué pasó? ¿Qué le dijo? ¿Qué le prometió? Ni idea, nunca se lo he preguntado.
Anadón lleva toda la vida en el Teatro Principal, como empresario muchos años y como director otros tantos. Tiene un pequeño despacho con dos monitores de televisión; en uno ve todo lo que está pasando en la sala y en otro sólo baloncesto, su segunda pasión después del teatro, fue entrenador durante años. En el teatro es una referencia nacional, muchos autores le enviaban su obra para que la leyese y les diese su opinión. Ángel se la daba siempre con elegancia. Fue amigo personal de los grandes de la escena, Buero Vallejo, Gala, Rodero, las Gutiérrez Caba...
Durante ocho años fui en teoría su jefe al ser el consejero delegado del Teatro. Nunca tuvimos el menor roce, es un hombre de fiar y encantador. Ángel Anadón es un personaje de novela. Cuando empecé a publicar las historias del ficticio comisario zaragozano Cosme del Cacho como protagonista, Ángel le acompañó desde el principio; es sabido que un teatro, aparte de ser un lugar mágico, es donde afloran las emociones y pasiones, por lo tanto, también los odios y amores, asesinatos, robos, venganzas y sexo. Esto ha ocurrido y seguirá ocurriendo en los teatros, hasta se dice que todos ellos tienen fantasmas. Estoy seguro de que si en el Principal habita uno, Ángel lo conoce. Las memorias del mencionado serían más apasionantes que las de Adriano, se lo he propuesto. Ya veremos, soy todavía muy joven, -me ha respondido-.
Posdata: Cuando se escriba la historia del Teatro, Ángel Anadón será su protagonista.