El rechazo social hacia determinados colectivos sigue siendo una realidad persistente en España. Un estudio elaborado a partir de 1.000 entrevistas pone cifras a esa percepción y señala que las personas gitanas y musulmanas continúan situándose entre los grupos que generan mayor distancia social, según refleja el barómetro ‘La mirada social sobre el pueblo gitano’, publicado este martes por la Fundación Secretariado Gitano.
En concreto, el 36,4 % de los encuestados afirma sentir poca o ninguna simpatía hacia las personas gitanas, un porcentaje que solo se ve superado por el rechazo hacia las personas musulmanas, que alcanza el 44,4 %. De hecho, son los únicos dos colectivos en los que el nivel de discriminación percibida es mayor que el de simpatía expresada por la ciudadanía.
DISCRIMINACIÓN Y CONTACTO SOCIAL LIMITADO
Según el barómetro, la población considera que el colectivo gitano es el quinto más discriminado en España, por detrás de las personas sin hogar, las personas musulmanas, las personas trans y las personas inmigrantes. Esta percepción se traslada también a la vida cotidiana, ya que la posibilidad de contacto genera incomodidad en distintos ámbitos.
Así, el 29,2 % de los encuestados considera muy o bastante incómodo que un hijo tenga una pareja gitana, mientras que el 24 % afirma sentirse incómodo ante la posibilidad de tener vecinos gitanos. Además, el 60,2 % de la población declara tener poco o ningún contacto con personas gitanas y solo cuatro de cada diez asegura mantener amistad con alguna.
El estudio señala que Extremadura y Asturias son las comunidades autónomas donde más se percibe la presencia del pueblo gitano en el entorno cercano, siendo el entorno vecinal el espacio de contacto más habitual.
REALIDADES Y MITOS SOBRE EL PUEBLO GITANO
El barómetro refleja un desconocimiento generalizado sobre la historia y la cultura del pueblo gitano. Siete de cada diez personas reconocen tener un conocimiento limitado o nulo. Entre los valores más asociados destacan la familia y el respeto a los mayores, seguidos de la alegría de vivir, la solidaridad entre iguales y una concepción del trabajo como medio para vivir y no para acumular.
En cuanto a las condiciones de vida, casi el 70 % de los encuestados acierta al señalar que la población gitana vive mayoritariamente en pisos y barrios convencionales, frente a un 24 % que considera que habita principalmente en chabolas. Sin embargo, cuatro de cada diez creen que la mayoría de las familias gitanas son pobres, una percepción que coincide con la realidad, ya que el 86 % vive por debajo del umbral de pobreza y la pobreza infantil alcanza el 89 %.
Por el contrario, existe una percepción sobredimensionada sobre el acceso a ayudas sociales. Aunque el 70,7 % piensa que la mayoría recibe prestaciones como el ingreso mínimo vital, en realidad solo dos de cada diez personas gitanas perciben esta ayuda. También se exagera la presencia del comercio ambulante, que el 74 % atribuye como actividad mayoritaria, cuando más de la mitad de las personas gitanas ocupadas trabajan como asalariadas.
EDUCACIÓN Y ESTEREOTIPOS PERSISTENTES
En el ámbito educativo, tres de cada cuatro personas creen que la mayoría del alumnado gitano no finaliza la ESO, una percepción que se ajusta parcialmente a la realidad, ya que el 63 % no la ha completado. No obstante, aunque la mitad de la población duda de la escolarización total en etapas obligatorias, los datos indican que la tasa de escolarización es prácticamente total.
Respecto a las causas del fracaso escolar, el 40 % de los encuestados lo atribuye a las propias familias gitanas, mientras que el 20 % señala la escasa implicación del sistema educativo para abordar desigualdades de origen. Un 23,8 % considera que influyen ambas razones por igual.
