Las olas de calor y la pobreza energética son un cóctel peligroso para la salud

Así lo aseguran los médicos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC)
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photo_camera Las olas de calor que se dan en los periodos estivales incrementan el riesgo de patologías producidas por el calor

La combinación de las olas de calor y de la pobreza energética es potencialmente perniciosa para la salud de la población más vulnerable, según ha advertido la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) este viernes.

Lo ha hecho en un comunicado en el que ha subrayado que la vulnerabilidad energética “afecta directamente” a la salud “incrementando la demanda" en consultas de Atención Primaria, ya que, como ha atestiguado Sandra Robles, médica de familia y coordinadora del grupo de trabajo de Inequidades en Salud de la semFYC, “la exposición a temperaturas extremas como las olas de calor que se dan en los periodos estivales incrementan el riesgo de patologías producidas por el calor y pueden producir reagudizaciones y/o agravamiento de patologías producidas por el calor”. Por esa razón, ha considerado de “vital importancia” el trabajo de los profesionales de Atención Primaria y ha explicado que “la longitudinalidad nos ayuda a categorizar el nivel de riesgo de tener problemas de salud por efecto del exceso de temperaturas y poder iniciar acciones que van desde la información de medidas preventivas hasta el seguimiento o activación de redes sociales/familiares, pasando por la revisión y adecuación de los tratamientos ajustándolos a las condiciones ambientales adversas”.

Los médicos de familia también han indicado que la pobreza energética afecta especialmente a las mujeres jubiladas que viven solas, familias monomarentales, especialmente las que se encuentran en situación de desempleo y no tienen niveles educativos superiores, personas migrantes y minorías étnicas, individuos con enfermedades crónicas o en situación de precariedad laboral y a quienes viven de alquiler. Por su parte, han testimoniado que las olas de calor “incrementan los riesgos de deshidratación, edemas, calambres musculares y problemas de piel” y “agravan las enfermedades crónicas”, “aumentan los accidentes cerebrovasculares y los partos prematuros” e “incrementan la siniestralidad laboral y el tráfico, al igual que las intoxicaciones alimentarias y enfermedades transmitidas por agua y alimentos”.

Sandra Robles ha observado  que los grupos de población más vulnerables a las olas de calor y las situaciones de riesgo asociadas a ellas son las personas mayores, especialmente las que están postradas en cama o con limitaciones de autonomía, los menores de cuatro años, lactantes, embarazadas, los que tienen enfermedades crónicas y quienes padecen enfermedades agudas concomitantes. A los colectivos anteriores ha sumado a las personas que consumen alcohol y otras sustancias, trabajadores expuestos a altas temperaturas, mujeres en situación de precariedad laboral, los que viven solos y/o en malas condiciones de habitabilidad y los que viven en barrios muy urbanizados, con pocos espacios verdes y de agua o expuestos a niveles elevados de contaminación atmosférica.

A juicio de Sandra Robles, “se puede decir que la susceptibilidad a las condiciones climáticas no depende exclusivamente de los factores individuales de las personas, sino que tienen una relación importante con las condiciones en las que viven y trabajan, es decir, con los determinantes sociales de la salud”. Del mismo modo, el uso de fármacos como anticolinérgicos, diuréticos, IECA, antiarrítmicos, betabloqueantes, estatinas, antidiabéticos orales, neurolépticos y antidepresivos aumenta la susceptibilidad al calor.

Ante esta situación, los médicos de familia han pedido “un esfuerzo conjunto de políticas públicas, concienciación social y medidas preventivas para proteger la salud y el bienestar de la población”.