Los vecinos de La Baña, en León, se niegan a abandonar sus viviendas pese a la proximidad de las llamas. Únicamente se ha evacuado a los internos de un centro de mayores y dependientes. Aunque desde la dirección del centro se ofreció su traslado a otra residencia, algunos residentes, como María Dolores Bayo, que vive conectada a un respirador y necesita un andador para moverse, han preferido permanecer encerrados en su casa del pueblo. La reactivación el pasado domingo de varios focos en San Martín de Castañeda y San Ciprián (Zamora) y en Avión (Ourense) obligó a rehacer constantemente el dispositivo, mientras helicópteros e hidroaviones sobrevolaban el municipio de La Baña.
“Algunas noticias han dicho que habían evacuado el pueblo y eso es mentira”, aseguró a Servimedia Dora Maestre, hija de una residente del centro. Según su testimonio, este fin de semana se presentaron dos autobuses en la plaza junto a la Guardia Civil, que pidió la evacuación por megafonía. Sin embargo, los vecinos respondieron con un contundente “¿a dónde nos lleváis?”. Nadie supo darles respuesta y finalmente los autobuses regresaron vacíos.
Los únicos que han abandonado el pueblo son los más vulnerables. Personas con problemas de movilidad o respiratorios y de edad avanzada que residían en el centro La Solana fueron trasladadas de manera preventiva, según relató su directora, María Jose Luis Ramos. El dispositivo se organizó con autobuses y, en algunos casos, ambulancias, para reubicar a 16 usuarios en Ponferrada, seis en Bembibre y otros ocho en domicilios privados con sus familiares, como el de María Dolores. La responsable recalcó que la evacuación se hizo para evitar riesgos innecesarios, sin que hubiera un peligro inminente.
"PENDIENTES DEL VIENTO"
La hija de María Dolores confiesa vivir pendiente del viento y sometida a un gran estrés por las noticias contradictorias. “Unos dicen que ya está controlado, otros que se ha vuelto a activar; y más aún si pienso que estoy a cargo de mi madre con problemas de movilidad y respiratorios”, explicó. Profesora de profesión, asegura que en estos días se ha convertido “en gerontóloga”, gracias a los consejos de una cuidadora sobre cómo atender mejor a su madre.
“No sabemos cuánto va a durar esta situación o si tendremos que salir corriendo”, afirma. Mientras ella vive en la incertidumbre, su madre atraviesa este momento con la serenidad que le proporcionan los fármacos que toma. Aun así, María Dolores reconoce que no sale de casa “por miedo al humo y a que afecte a su respiración”. Su deseo es regresar cuanto antes a la residencia, pero asume que lo que toca ahora es “vivir encerradas”, mientras el resto de vecinos de La Baña, que mantiene el nivel de riesgo 2, resiste el envite del fuego y del humo con la esperanza de que el viento sea favorable.

