Juan Carlos I rompe su silencio sobre el 23-F en sus memorias, "Reconciliación" (Planeta), y asegura que no tiene "nada que ocultar" sobre lo ocurrido en el intento de golpe de Estado que puso en jaque a la democracia española. El rey emérito dedica el capítulo 9 de su libro, publicado el pasado mes de diciembre, a ofrecer su versión de aquella jornada clave en la historia reciente del país.
"Circulan muchos rumores conspirativos sobre este suceso, que puso en serio peligro nuestra democracia. Quiero dar aquí mi versión, con toda sinceridad, con mi memoria como única limitación", proclama. El que fuera jefe del Estado hasta el 18 de junio de 2014, cuando abdicó en favor de su hijo, Felipe, insiste en que no tiene "nada que ocultar" y sostiene que aquella noche no hubo un único intento de golpe, sino tres.
"Esto es lo que recuerdo de aquella larga noche en la que no hubo un solo intento de golpe de Estado, sino tres: el del teniente coronel Tejero y el general Jaime Milans del Bosch, el más conocido y visible; el de Armada, que fue muy doloroso en el plano personal, y el de los falangistas que quisieron acoplarse a los dos anteriores en una vuelta al orden franquista".
El relato sitúa el inicio de los acontecimientos "sobre las seis de la tarde", cuando, al pasar junto a la mesa de su ayudante, escuchó en la radio el "ruido de ametralladoras" procedente del Congreso. "Nadie pudo contarme nada, salvo que un teniente coronel de la Guardia Civil había irrumpido en el Congreso y había tomado como rehenes a todos los civiles. Los militares se sublevaban y burlaban el orden constitucional. Es más, ¡el golpe se llevaba a cabo en mi nombre! Era un ultraje. Estaba totalmente consternado. Corrí a mi despacho, donde se reunió conmigo el secretario general de la Casa Real, Sabino Fernández Campo", destaca.
ALGO FALLABA
Ante la gravedad de la situación, explica que llamó al jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, para recabar información. Sin embargo, quien respondió fue Alfonso Armada, que le trasladó: "Majestad, le propongo ir a verle para explicárselo todo". "Algo fallaba", escribe el rey emérito.
En ese momento, el general José Juste, jefe de la "poderosa división acorazada Brunete", contactó con Zarzuela para preguntar si Armada se encontraba allí. "Ni está ni se le espera", recuerda que respondió entonces Sabino Fernández Campo. "Eso lo cambia todo", añade el Rey que contestó Juste "aliviado".
Sabino consiguió después hablar con el teniente coronel Tejero, quien aseguró que obedecía órdenes del capitán general de Valencia. La respuesta fue directa: "¿Cómo te atreves a hacer lo que estás haciendo en nombre del Rey? No lo vuelvas a hacer, no estás autorizado a ello".
"Creo que a Tejero le sorprendió esta conversación. Fue entonces cuando me di cuenta de que él pensaba que esta actuando con mi acuerdo implícito", apunta Juan Carlos I.
EL APRENDIZAJE DE FELIPE Y EL MENSAJE A LOS ESPAÑOLES
El rey emérito cuenta que pidió que su hijo Felipe estuviera presente en esos momentos decisivos. "Ese día empezaba su aprendizaje de Rey", sostiene. Según relata, el hoy monarca le preguntó: "Papá, ¿Qué pasa?". "He lanzado una pelota al aire. La Corona está en el aire. ¡No sé de qué lado va a caer", respondió.
El entonces príncipe permaneció "toda la tarde y casi toda la noche siguiendo los acontecimientos, hasta que finalmente se quedó dormido en un sillón". En Zarzuela también se reunió la familia de la reina Sofía y las hermanas del entonces Rey.
"De los 11 capitanes generales, calculo que la mitad apoyaba la rebelión, pero no se atrevían a desobedecer. Les advertí: 'Quien se levante contra el Rey está dispuesto a provocar una guerra civil y será considerado responsable'", explica. Después, el jefe o el secretario de la Cara Real telefoneó a los ayudantes de los capitanes "para comprobar que estos seguían siendo leales". Algunos, subraya, fueron decisivos, como el capitán general de Madrid, Guillermo Quintana Lacaci, "a quien la democracia española debe mucho". Detalla que "justo cuando el general Juste estaba a punto de cumplir la orden de Milans del Bosch de ocupar Madrid con la división acorazada Brunete, Guillermo Quintana Lacaci revocó la orden de Milans del Bosch y ordenó el regreso a los cuarteles de las fuerzas acorazadas que ya habían partido".
En "Reconciliación", Juan Carlos I también describe cómo se organizó la emisión de su discurso televisado. "Se decidió finalmente que se enviarían a la Zarzuela dos equipos" de RTVE "que tomarían rutas separadas. Todas esas gestiones llevaron mucho tiempo".
"Mientras tanto, Armada volvió a llamarme para pedirme autorización para ir al Congreso a negociar con Tejero por 'puro sacrificio patriótico'. Me había dado cuenta de su duplicidad, y le contesté: 'No te doy ningún permiso, y no vayas allí en mi nombre'. Esa fue la última conversación que tuvimos", relata.
En su mensaje a los españoles, pronunciado en 90 segundos, afirmó que "la Corona, símbolo de la permanencia y la unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático". "Creo que una vez que los españoles me oyeron, apagaron la radio y se fueron a la cama más tranquilos", sostiene.
"Sigo teniendo preguntas y dudas sobre la forma en que se desarrollaron los acontecimientos y el papel que asumieron algunos", escribe. "Lo único que sé con certeza es que algunos militares intentaron utilizar las armas para mofarse de la joven democracia española, mi obra, y yo no podía tolerarlo", zanja.
