Rosa Montero: "En los márgenes sociales, en la penumbra, es donde la vida se manifiesta más real"

La escritora y periodista presenta "Cuentos verdaderos", una recopilación de las crónicas y reportajes que escribió en El País entre 1978 y 1988
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photo_camera Rosa Montero ha estado hoy en Zaragoza

Ha sido una "gruppie" en la gira de rock más importante de España, la de Miguel Ríos, ha escrito folio tras folio sobre un 23-F que, como a todo el país, la dejó llorando de rabia e incertidumbre toda una noche. Se ha acercado al Teatro Chino de Manolita Chen, el que llamaban el cabaret de los pobres, al Juicio del Nani, al asesinato de los abogados de Atocha, a la epidemia de la heroína. Rosa Montero (Madrid, 1951) ha vivido mil vidas y se ha acercado a otras tantas en esa época en la que era una plumilla inquieta que iba de aquí para allá y dictaba sus crónicas por teléfono a la redacción de El País. A sus 73 se ha cansado de ese periodismo en el que irrumpió con 19 y del que quedan cientos de crónicas, artículos y reportajes, que ahora se recogen en el recién publicado "Cuentos verdaderos". La literatura florece en cada hecho verídico y la pluma de Montero permanece intacta, como si el tiempo no hubiese pasado.

PREGUNTA.--Escribió estas crónicas entre 1978 y 1988 y vuelve a ellas ahora. ¿Da algo de pudor volver a leer a esa Rosa Montero treintañera?
RESPUESTA.-Nada, nada. Fíjate, me ha sorprendido hasta a mí porque yo he cambiado de opinión en algunas cosas a lo largo de estos tiempos, pero todas estas crónicas que aparecen aquí, de las que no he modificado nada y solo he corregido las erratas, fluyen conmigo sin ningún problema. Me siento completamente cerca, sin ningún tipo de ruptura, ni de vergüenza, ni de nada con esa chica tan joven. Hay una continuidad total.

P.-¿De cuál de las crónicas se siente especialmente orgullosa?
R.- Bueno orgullosa...es que no sé todavía hoy cómo maldita sea lo conseguí. No creo que pudiera hacerlo hoy. Cosas tan difíciles como el relato del Golpe de Estado del 23-F. Todos nos acordamos de cómo nos pillo, a mí fue yendo a una reunión de la asociación de organizaciones feministas en la calle Barquillo donde había una chica en la puerta diciéndonos que nos fuéramos, que estaban dando un Golpe y, claro, esa sede ya había sido atacada por la extrema derecha. Entonces yo me fui corriendo a buscar una cabina para llamar al periódico (El País) y me confirmaron que efectivamente eso estaba sucediendo. Les pregunté si querían que fuese y me dijeron que no, que ya había muchos redactores, que me fuera a casa y me quedase en "standby". Me fui a casa y como todos los españoles me pasé la noche sin dormir, completamente desesperada y llorando.

A la mañana siguiente me pidieron que fuera a la redacción a relevar y yo les dije que vale, pero que no había dormido nada. Así que llegué allí y me sientan delante de la máquina de escribir para hacer un relato novelesco de lo ocurrido y empiezan a traerme teletipos de todos los colaboradores del periódico en España. Yo empiezo a escribir pero, claro, sin saber lo que iba a pasar porque el Golpe acabó sobre las 12.30 o así y yo a las 10.00 ya estaba allí. A medida que iba terminando, me quitaban el folio y se lo llevaban al rodillo porque iban a sacar un especial. Así que ahí estaba yo escribiendo en esas condiciones tan difíciles, sin haber dormido y tú lo lees ahora y parece que tienen continuidad, como si lo hubiera pensado pero si es que ni me dio tiempo. Ahora leo eso y digo: ¡Dios mío! Ahora no hubiese sido capaz, supongo que es lo que te da la juventud, esa capacidad para escribir sobre el vértigo, el filo de la cuchilla, me ha admirado.

Hay temas importantes en estos "Cuentos verdaderos" el Golpe, el asesinato de los abogados de Atocha, el tema de la drogas, de la epidemia de la heroína. Pero los que verdaderamente me han sorprendido y me han hecho palpitar el corazón han sido el mundo lumpen, ese mundo en el que la sociedad empieza a entrar en la penumbra e ir casi al abismo, que son El Teatro Chino de Manolita Chen, al que llamaban el cabaret de los pobres, y el de los luchadores del Campo del Gas, que eran luchadores de estos que iban disfrazados como los mexicanos. Todos ellos eran gentes que vivían en situaciones tan difíciles sin ningún tipo de protección ni derechos sociales, en un mundo tan oscuro, y eran tan maravillosos que todavía me emociono.

P.-Cuenta un truco, dice, un poco sucio pero necesario que le enseñó un "perro viejo" cuando cubrió la visita del Papa a España. ¿Era el periodismo más emocionante antes?
R.- Sí (ríe). Antes las crónicas y los reportajes se tenían que dictar por teléfono al periódico y dependiendo del lugar en el que estuvieses y la afluencia de medios era imposible conseguir una línea. En la visita del Papa Juan Pablo II a España te puedes imaginar...Entonces lo que hacía era irme a una cabina y llamar a cobro revertido a El País. Me lo cogía una de las secretarias de la redacción, que eran quienes tomaban el dictado, y entonces yo colgaba el auricular y me iba a cubrir la noticia con la línea ya pillada. Luego solo llegaba con mi libreta y mis notas y me encontraba a un montón de colegas frenéticos porque cada vez que cogían el auricular les contestaba la secretaria de El País.

Respecto a si es más o menos emocionante, pues depende dónde y depende lo que hagas. Ahora con las nuevas tecnologías conozco gente que está también haciendo cosas maravillosas, yo que sé, de magacines de mujeres de no sé dónde. Pero lo que sí que es verdad es que ha cambiado el modelo y lo que todavía no se ha logrado terminar de hacer es la travesía del desierto de los medios de comunicación tradicionales. Ahora hay un poco de esperanza en que al enseñarnos las plataformas a tener que pagar por contenidos, pues la gente se empieza a suscribir pero todavía hay muchísimo por hacer. En la crisis de 2008 los medios de comunicación fueron el segundo sector más afectado que perdieron a más gente que nadie. En los últimos 20 años se han perdido el 95% de los periódicos y esto es un empobrecimiento tan grande... Ya no de los medios sino de la democracia.

"Un periodismo fuerte es esencial para una democracia fuerte"

P.- Son malos tiempos para el oficio...
R.-Son malos tiempos. Los medios han adelgazado, se hacen con muchísima menos gente que antes, a la gente se les exige ser mujeres y hombres orquesta, hacer cosas para el papel, para los digitales, para Youtube... Se despide a los seniors y se contrata a los juniors con sueldos de esclavitud, en fin, así no se puede hacer buen periodismo. Un periodismo fuerte es esencial para una democracia fuerte. Es una reflexión un poco angustiosa pero es que en estos últimos 20 años ha habido un deterioro de la credibilidad democrática en todo el mundo y de la legitimidad y al mismo tiempo una crisis de los medios de comunicación y yo creo que van unidas.

P.- Ha escrito de tantas cosas que parece que no le quedan acontecimientos en la historia de España...¿Echa en falta algunos?
R.- La verdad es que no me acuerdo, no puedes escribir de todo, claro. La mayoría de los temas los proponía yo, otros me los decían, pero no es que eche en falta ninguna. Sí que es verdad que siempre he tenido un interés especial en los márgenes sociales, por mantener la escucha de los susurros de la sociedad, aquellos que no están en el centro ni iluminados por los focos. Siempre he pensado que en esos márgenes, en esa penumbra de la que hablábamos antes, la vida se manifiesta de una manera más real, más cruda, mientras que en la vida esta más convencional, de la clase media, está todo más maquillado.

P.- ¿Cómo es escribir algo parecido a un cuento de algo real?
R.- Es mucho más difícil que escribir ficción porque necesitas hacer una documentación muchísimo mayor, además que no se te vaya saber los detalles de la noticia más o menos convencional, pues toda esa carne que pones alrededor la tienes que hacer documentándote porque el periodismo es así, tú no puedes decir ni escribir nada que un notario no pueda confirmar que es así. Si tú dices en una de estas crónicas que Fulanito cruzó la calle, entró en el Bar Brillante y se tomó un carajillo es porque tú has ido al Bar Brillante y te han contado que Fulanito cruzó la calle y lo que se tomó y si no, tú eso no lo puedes poner. Exige un esfuerzo de documentación bestial, por eso ahora no las vemos, porque las empresas no pagan ese esfuerzo.

"No sabría vivir sin escribir ficción"

P.- ¿Es Rosa Montero más novelista o periodista?
R.- Son dos cosas distintas, yo empecé, como la mayoría de los novelista, a escribir de niña. Con cinco años hacía mis primeros cuentos de ratitas que hablaban entre ellas. Desde ese momento nunca he dejado de escribir ficción. Si soy periodista es por esa facilidad para escribir y pensé que para ganarme la vida podría dedicarme a ello. Es muy raro el escritor que cultiva un solo género, Octavio Paz era ensayista y poeta, por ejemplo. Yo me considero una escritora que cultiva el periodismo, porque para mí es un género literario, el ensayo y la ficción.

Para mí el periodismo, el que yo he hecho que es ser plumilla, reportera, me parece una profesión preciosa, muy intensa, que te permite vivir mil vidas, muchos mundos, no solo geográficos sino también internos. Pero me parece un trabajo, pertenece a mi ser social y por eso pude dejarlo, me he cansado de hacer periodismo, solo hago artículos y no quiero hacer nada más porque empecé con 19 años y no quiero hacerlo más. Para mí escribir ficción no es un trabajo, no pertenece a mi ser social, pertenece a mi yo más privado y personal, desde que me recuerdo como persona me recuerdo escribiendo y forma parte de lo que soy. Me da horror pensar que se me pueda acabar porque yo no sabría vivir sin escribir ficción.