Desirée Ruiz: “En la novela hay tristeza y hay dolor, pero también hay mucha luz”

La zaragozana Desirée Ruiz ha publicado su última novela "La casa de las amapolas". Foto: Pilar Álvarez
La escritora y profesora zaragozana, Desirée Ruiz acaba de publicar su última novela, "La casa de las amapolas"

Una casa llena de flores en la sierra de Albarracín oculta el doloroso peso del pasado y sirve de refugio para sanar cicatrices. Desapariciones, muerte y heridas sin cerrar se unen con una lírica sensible en “La casa de las amapolas”, la última novela de la zaragozana Desirée Ruiz.

Las mujeres de una misma familia y la casa son las protagonistas de esta novela, que habla de la relación entre madre e hijas, amigas, abuelas y nietas, y más. En una entrevista para ARAGÓN PRESS en una cafetería que se menciona en la novela, la escritora - aunque esto ha confesado que es hobbie - y profesora Desirée Ruiz, nos ha contado detalles de su publicación. 

PREGUNTA.- El libro está escrito con una sensibilidad tremenda, aunque en él hay mucho misterio y secretismo, ¿cómo has conectado tan bien esos conceptos?
RESPUESTA.- Es un misterio que no es el misterio de una novela policíaca o negra de un thriller. Es un misterio que va asociado con un secreto del pasado y un secreto familiar que va a afectar a las personas de una misma familia. Eso es lo que hace que el lector se enganche a seguir leyendo y quiera descubrir qué pasó con las personas que desaparecieron. 

A mí me interesa muchísimo también el profundizar en los personajes y en las emociones, es decir, narrar esa parte más intimista me parece muy interesante porque es la diferencia entre una novela de intriga que te guste cuando la lees, que te enganche, pero cuando la terminas te olvidas a la semana. Hay muchos libros. Se leen muchos libros y, sin embargo, si los personajes son profundos, el lector empatiza con ellos, entra en el terreno emocional. Ahí es cuando te dejan poso y te acuerdas de ellos. Aunque olvides la trama en general, te acuerdas de la casa, te acuerdas de Albarracín, te acuerdas de Flora o de Aurora o de Blanca. 

P.- Se podría decir que tu intención al escribir es que tus personajes perduren en el tiempo…
R.- Eso es lo que busco cuando escribo, mi intención es que al final, quien lea “La casa de las amapolas” sea ya casi propietario de la casa, que sea un lugar real para él en la ficción al que poder volver, incluso, como un refugio en un momento determinado porque al final la lectura también es un refugio.

"En las relaciones familiares puede haber mucho amor, pero también mucha incomprensión"

P.- En “La casa de las amapolas” las protagonistas son mujeres y familia. ¿Cómo describirías la relación que tienes con las mujeres de tu propia familia?
R.- Mi familia, afortunadamente, no se parece en nada a los personajes (risas). Tengo una relación fantástica con mi madre y con mis hijas, que son mayores también. Lo que ocurre es que sí que observo en mi entorno que, a veces pueden ser muy complicadas las relaciones entre la familia, porque puede haber mucho amor, pero también mucha incomprensión. A lo mejor hay personas que son muy diferentes entre sí. Entonces, no es mi caso, pero sí es cierto que se ve.

Es una constante los conflictos intergeneracionales entre las familias, y a lo mejor no son tanto como en el libro, porque es una novela de intriga y se extrema en todas las cosas, pero hay muchas veces en las que, por ejemplo, una madre y una hija son muy diferentes entre sí, y a lo mejor la hija no se siente comprendida, aunque haya mucho amor, al mismo tiempo hay conflicto.

P.- Has vuelto a escribir una novela en la que la casa, el hogar es protagonista. ¿De dónde surge esta idea? 
R.- Me encantan las casas, sobre todo las que tienen una historia. No las casas como arquitectura y ya está, sino las casas vividas. Pienso que tienen parte de la esencia de las personas que viven en ellas. Cuando entras en la casa de alguien, puedes captar un poco como es esa persona.

En el caso de la novela, la casa es bonita, muy acogedora porque lo que pretende es que las personas que viven allí sanen sus heridas. Es una casa refugio por definirla de alguna manera, pero también guarda muchos secretos, por lo que alberga una sensación inquietante, con recovecos y con armarios cerrados que están y que nadie ha abierto nunca. 

P.- Esta vez, la casa está ubicada en la sierra de Albarracín…
R.-  Me encanta Albarracín, es maravilloso. Cuando vas te enamoras y además es muy reconocible, no se te olvida, pues tiene una identidad propia y el entorno también es precioso. Luego también tenía las tres características que necesitaba para la casa. La primera, que era un lugar muy bonito; la segunda, que parece que el tiempo pasa más despacio; y la tercera, que tiene cierta magia y cierto misterio, necesario al ser una historia inquietante.

La zaragozana Desirée Ruiz ha publicado su última novela "La casa de las amapolas". Foto: Pilar Álvarez

P.- En el libro hay mucho dolor y mucha esperanza. ¿Cuál crees que pesa más de las dos? 
R.- A lo mejor durante el recorrido de la historia pesa más el dolor, porque todos personajes han sufrido mucho. Pero creo la esperanza está claro que es el mensaje final, por lo menos el que quiero dar. Realmente es una novela en la que hay tristeza y hay dolor, pero también hay mucha luz porque siempre hay un nuevo comienzo después. 

P.- En la novela también se aborda el tema de la muerte y de cómo supera el duelo cada persona. 
R.- Según cómo han sido las circunstancias de cada persona y cómo ha sucedido esa pérdida, creo que el duelo se lleva de una manera o de otra. No es lo mismo perder a un marido, a un padre o a un hijo, es decir, son situaciones diferentes, aunque todas duelan. 

Tampoco es lo mismo que se puedan cerrar los capítulos, a que no se puedan cerrar. En esta historia se comienza con dos desapariciones de unas jóvenes de las que no se sabe nada durante 25 años. Eso es mucho más difícil de cerrar, y ya ni siquiera hablo de superar porque creo que hay cosas que no se superan, directamente. Pienso que, cuando puedes procesarlo, a lo mejor puedes continuar con la vida, pero cuando te quedas estancado es mucho más difícil avanzar. 

"Sería un libro interesante de leer siendo joven porque se reflejan diferentes generaciones"

P.- Siendo profesora de Formación y Orientación Laboral, ¿crees que este libro debería ser lectura obligatoria para los jóvenes? 
R.- Obligatorio no, porque no soy muy partidaria de obligar a leer nada. Quiero decir, creo que cada uno tiene que encontrar lo que quiere leer. Sí que creo que sería un libro interesante porque además se reflejan diferentes generaciones y una de las protagonistas, Maya, tiene 19 años, por lo que puede que se sientan reflejados en muchas actitudes de ella, al igual que puede ser interesante también ver la realidad de otras generaciones desde el punto de vista de la historia. 

P.- ¿Por qué las amapolas tenían que estar en el título?
R.- Hay mucha simbología en la novela relacionada con la naturaleza, de hecho, desde el primer párrafo ya aparece un paralelismo. Las amapolas tienen también mucha simbología relacionada con el olvido, pero de manera sorprendente, no tiene que ver la simbología con el título. 

Quería encontrar una flor que estuviera muy representada en la sierra de Albarracín y en un determinado momento del año, la localidad se cubre de amapolas. Me parece una flor bonita y un nombre bonito para incluirlo como nombre de la casa. Luego, el que el título fuera el nombre de la casa fue una decisión posterior, con lo cual no tuvo mucha simbología del título en el principio.

P.- Algún proyecto que puedas adelantar...
R.- Aún no he podido comenzar a escribir nada, pero sí que tengo en mente otra historia de la que estoy construyendo los personajes, que es lo primer que hago. Tengo flashes de lo que podría ser la historia y seguiría un poco la línea de las que he escrito hasta ahora. Secretos familiares en un pasado y presente que se entretejen, personajes femeninos y las relaciones entre ellos.