Escribe César Pérez Gellida (Valladolid, 1974) entre la sangre desparramada de esos 44 personajes a los que mata sin piedad en "Nada bueno germina" que los vallisoletanos tienen un "rictus severo propio de gentes ceñudas poco acostumbradas a la risa". Él, a pesar de ser un vallisoletano de pura cepa, sonríe al ser recordada dicha frase por la periodista al comienzo de la entrevista.
Reír se ríe y pasárselo bien se lo pasa, a pesar de que la continuación de "Bajo tierra seca" (novela con la que ganó el Nadal) huela a óxido, a sangre y a tripas. Un thriller de esos que a los lectores más ansiosos le duran apenas una madrugada, y que sigue a Antonia Monterroso y a Sebastián Costa desde ese preciso momento en que puso punto y final a la anterior novela.
Con el ruido de un secador de fondo y a horas en la que la mayor parte de los mortales están durmiendo, Pérez Gellida hila, maneja (y mata mucho) a unos personajes con el único objetivo de pasárselo bien. Y ya van 15 novelas haciéndolo.
PREGUNTA.- Empezamos "Nada bueno germina" donde acabamos "Bajo tierra seca". ¿La escribiste inmediatamente después o dejaste reposar un poco a Antonia Monterroso y compañía?
RESPUESTA.- Es que yo no recuerdo muy bien cuando tomé la decisión de de continuar con esta historia. Yo supongo que sería hacia el desenlace, como en el último tercio de "Bajo tierra seca". Es cierto que tenía que tener una solución de continuidad en la línea horizontal de desarrollo. Entonces pasan unos pocos meses y aparecen en Jaén, pero en el mismo punto donde se quedó la historia anterior.
P.- Mareas, en el buen sentido de la palabra, al lector una y otra vez con una historia llena de giros e impredecible. ¿Cómo lo hace uno sin, como has dicho en más de una ocasión, tener un esquema?
R.- La verdad es que yo aprendí a escribir así. Comencé porque tenía problemas de insomnio y para no molestar a la persona que estaba al lado, me inventaba una historia que me entretenía y la retomaba al día siguiente en el punto donde me había quedado la noche anterior. Y así lo hago ahora. Yo escribo una escena y donde termina la retomo. Lo que sucede es que ese primer borrador puede tener incongruencias argumentales o algunos s fallos de guion, así como personajes poco perfilados. Lo que hago es torturarlo una y otra vez hasta que me confiese lo que yo quiero.
P.- Escribes con el ruido de un secador de fondo...¿Alguna peculiaridad más?
R.- Bueno, más allá de matar seres humanos para experimentar...No (ríe). No pero rarezas como tal, tengo horarios poco aconsejables de levantarme como a las cuatro o cinco de la mañana y escribir muchas horas seguidas, pero nada más allá de eso.
Creo que lo meritorio de esto no es el número, es que todos los personajes tengan nombres y apellidos y vínculos emocionales con los lectores
P.- Eso de matar, exactamente, 44 personajes, ¿era una especie de reto personal o algo parecido?
R.- (Ríe) Ha salido así, como yo no planifico las novelas no me di cuenta de que era tan cruenta. Eso sí, cuando leí el primer borrador ya me percaté de que olía un poco a óxido. Creo que lo meritorio de esto no es el número, es que todos los personajes tengan nombres y apellidos y vínculos emocionales con los lectores. Hay alguno que me ha dolido especialmente y más que al lector. Lo que pasa es que si me duele a mí, doy por hecho que al lector le va a doler y mi obligación es incomodar al lector. Si tengo esa oportunidad de hacer daño lo voy a hacer.
P.- En "Bajo tierra seca" vemos cómo se troceaban los cadáveres y se tiraban a los cerdos y en esta segunda parte las escenas no se quedan atrás...¿En que situación se le ocurre a uno una muerte así?.
R.- Es interpretación todo, desde el momento en el que tú tienes una historia y te metes en la piel de de los personajes y les dejas un espacio en tu cabeza para que crezcan y se desarrollen. Al final lo único que tienes que hacer es escucharles. Esto va surgiendo sobre la marcha, ten en cuenta que está es mi quinceava novela y todo es novela negra por lo que el componente de violencia está muy presente. Tengo que innovar. Más muertes por cerdos no, pero tiene que haber muertes diferentes.
P.- Ese personaje sin escrúpulos que era Antonia Monterroso evoluciona. Ahora parece tener miedo a algo, concretamente a Sebastián Costa.
R.-Exacto, eso es lo interesante del personaje en las dos novelas. Vemos que el arco de los personajes es complejo, que hay variaciones. Es una mujer muy acostumbrada a manipular a los hombres y a salirse con la suya, pero se encuentra con la horma de su zapato en un hombre que Sebastián Costa. Este tiene un motor gravitacional muy diferente al suyo porque él se mueve por la lealtad entonces, en algún momento, Antonia se da cuenta de que Sebastián Costa no es un hombre manipulable. Tienen dos líneas divergentes que hace que la historia tenga muchos más matices que si continuarán los dos juntos como Bonnie y Clyde.
Si algo tenía claro es que esta novela iba a tener su desenlace en Valladolid
P.- Conocemos ese Valladolid de principios del siglo XX donde se ambienta la novela. ¿Hubiese sido lo mismo si no hubiese tenido este escenario?
R.-Absolutamente no. Si algo tenía claro es que esta novela iba a tener su desenlace en Valladolid, lo que no sabía era cómo llegar hasta allí en una trama coherente y cómo iban a llegar los personajes. Para mí ha sido un viajazo estupendo, más allá de lo urbanístico, ver cómo ha evolucionado la ciudad, el conocer cuál era la cotidianidad de las personas a principios del siglo XX, que podían ser mis abuelos o bisabuelos. Me ha parecido un viajazo impresionante.
P.- La crítica y los lectores han hablado y, a la mayoría, tus libros no le duran ni un suspiro. ¿Cuál es el mejor piropo que has recibido como escritor?
R.- A mí me gusta mucho que me insulten. Está muy bien porque significa que les has conmovido, que les has incomodado, que lo que esperaban no es lo que ha sucedido. Y eso en un thriller es principal, tiene que haber suspense y giros de guion y tienes que estar jugando continuamente con el lector. También a mí lo único que me importa de verdad es que yo me divierta durante el proceso. Si yo lo hago, sé que el lector también lo hará.
P.- ¿Ya estás preparando la decimosexta novela?
R.- Sí. Y es lo único que te voy a decir.