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Celia Betrián: “Las redes sociales pueden hacer mucho bien si se usan con conciencia”

Las redes sociales están repletas de creadores aragoneses que inspiran. Aragón Digital revela quién está detrás de los perfiles con más seguidores: sus historias, retos y secretos

photo_camera Celia ha conseguido convertir su perfil en una comunidad comprometida con el bienestar emocional y el amor propio

Las redes sociales han transformado nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos y también de entender la salud mental. Han abierto la puerta a la divulgación, a la cercanía y al acompañamiento emocional más allá de la consulta. Cada vez más psicólogas deciden usar plataformas como Instagram o TikTok para compartir herramientas, desmontar mitos y acercar la terapia a quienes nunca se habían planteado pedir ayuda. Y lo hacen con profesionalidad, rigor y mucha empatía.

Una de esas voces es la de Celia Betrián, psicóloga, terapeuta de parejas y sexóloga, conocida en redes como @psicologiaycelia. Con más de 390.000 seguidores en Instagram, Celia decidió abrir su cuenta en 2020, durante la pandemia. Natural de Torrente de Cinca (Huesca), ha conseguido convertir su perfil en una comunidad comprometida con el bienestar emocional y el amor propio, sin caer en simplificaciones ni frases vacías.

Hoy, en la “Entreinsta” de Aragón Digital, hablamos con Celia sobre cómo nació ese proyecto, qué impacto tienen las redes en nuestra salud mental y nuestras relaciones, y cómo compagina la creación de contenido con su trabajo como terapeuta. También nos cuenta qué le gustaría mejorar en Aragón en materia de salud emocional y por qué sigue apostando por una psicología con conciencia social y vocación divulgativa.

PREGUNTA.- ¿Cuándo decidiste abrir una cuenta en redes sociales para hablar de psicología?
RESPUESTA.- Fue en 2020, durante la pandemia. Como todos, empezamos a usar mucho más Instagram y TikTok. Yo vivía entonces en Australia, me quedaban dos meses de trabajo y sabía que tenía que volver a España. Venía un cambio de vida total, y pensé: “¿por qué no empezar a divulgar?”. Ya había tenido un blog unos años antes, pero no lo continué. Me quedé con la espinita, y en 2020 decidí crear la cuenta y empezar de verdad.

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Con más de 390.000 seguidores en Instagram, Celia decidió abrir su cuenta en 2020, durante la pandemia

P.- ¿Tuviste buena acogida desde el principio?
R.- Sí, la verdad es que sí. Empecé con un perfil que luego cambié. En agosto de ese año creé el definitivo, y en seis meses ya tenía unos 100.000 seguidores. Se me viralizaron algunos contenidos y, como era una época buena de Instagram, con más alcance y menos saturación, crecí muy rápido.

P.- ¿Por qué decidiste estudiar Psicología?
R.- La verdad es que no fue por pasión. Cuando terminé Bachillerato, lo elegí un poco por descarte. Venía del humanístico y no me quedaban muchas opciones, pero Psicología encajaba con algo que quizá me podía gustar. En ese momento no tenía muy claro en qué consistía realmente el trabajo de un psicólogo. Luego te das cuenta de que el mundo laboral es mucho más amplio. Pero, pensándolo ahora, creo que tomé la mejor decisión, porque me encanta mi profesión y todo lo que estoy aprendiendo. Además, encaja con el estilo de vida que quiero llevar.

P.- ¿Qué tipo de contenidos compartes actualmente?
R.- Como soy terapeuta de pareja, mis contenidos giran sobre todo en torno a las relaciones. Pero las relaciones implican también salud mental, así que trato de integrar ambas cosas. Con el tiempo me he vuelto más profesional y cuidadosa, porque muchas veces se lanzan mensajes simplistas que pueden hacer más daño que bien. Yo intento divulgar como si se lo estuviera diciendo a un paciente. Si no lo diría en consulta, no lo digo en redes.

P.- ¿Has recibido “hate” o mensajes que te hayan dolido?
R.- No he sufrido campañas de odio como tal, quizá porque soy muy cuidadosa con lo que comparto. Pero sí ha habido comentarios que me han dolido, sobre todo cuando critican mi profesionalidad. Una cosa es que no estén de acuerdo con un contenido concreto, y otra que te digan “menuda psicóloga” o “no me gustaría tenerte como terapeuta”. Eso sí me afecta más, porque no saben cómo soy en consulta.

P.- ¿Qué papel crees que juegan hoy las redes sociales en la salud mental?
R.- Todavía no hay estudios concluyentes, pero sí creo que las redes han tenido un impacto positivo. Han ayudado a visibilizar muchos temas y a que más personas se interesen por su bienestar emocional. Claro que, si haces un mal uso, pasas muchas horas o consumes contenido que te hace daño, puede generar ansiedad. Pero con un buen uso, creo que aportan más bien que mal.

P.- ¿Crees que han ayudado a normalizar el hecho de ir a terapia?
R.- Muchísimo. La terapia online también ha contribuido a que se vea como una opción más accesible. Antes había más rechazo, pero ahora mucha gente dice: “tengo un problema, necesito ayuda, y está bien pedirla”. Eso sí, también hay que evitar romantizar la terapia como si fuera la solución mágica a todo.

P.- ¿Y cómo afectan las redes a las relaciones de pareja?
R.- Afectan mucho. Hoy en día tenemos acceso a muchas más personas y muchas más imágenes idealizadas del amor. Eso puede facilitar la infidelidad, la falta de respeto o la comparación constante. También se idealizan mucho las relaciones, porque nadie sube vídeos discutiendo o yéndose a dormir enfadados. Vemos solo lo bonito, y hay que tener claro que eso es solo el escaparate.

P.- ¿Qué hábitos recomendarías para tener una relación más sana con las redes?
R.- Lo primero, tener claro para qué usas las redes y qué contenido consumes. ¿Cómo te hace sentir lo que ves? ¿Te ayuda o te genera comparación y malestar? También hay que ser consciente del tiempo que pasamos en redes, porque muchas veces se nos va sin darnos cuenta. No se trata de demonizar el uso, sino de hacerlo con conciencia.

P.- ¿Crees que en Aragón todavía queda camino por recorrer en salud mental?
R.- Depende mucho de dónde vivas. En Zaragoza hay más recursos, pero yo soy de un pueblo de 1.000 habitantes y allí todavía hay mucho estigma. Ni siquiera hay atención psicológica en el centro de salud y tienes que desplazarte bastante. A veces no es que la gente no quiera ir a terapia, sino que no puede.

P.- ¿Qué te gustaría ver en Aragón respecto a la salud mental?
R.- Me encantaría que hubiera educación emocional desde la infancia. Que en los colegios e institutos hubiera psicólogos enseñando gestión emocional y psicoeducación. Muchos problemas en la edad adulta vienen de no saber identificar ni gestionar lo que sentimos. También es clave dar herramientas a los padres, porque muchas veces repiten patrones sin cuestionarlos.

P.- ¿Cómo compaginas el contenido para redes, las sesiones, el podcast y todo lo demás?
R.- Es complicado. Yo no soy muy fan de las rutinas, pero con el tiempo he aprendido a poner límites y gestionar mejor mi descanso. Intento no exigirme tanto, no hacer por hacer. Si una semana no puedo publicar, no pasa nada. Se trata de ir a mi ritmo y no dejar que la autoexigencia me lleve por delante.

P.- ¿Crear contenido en redes es parte de tu trabajo o un extra?
R.- Es un poco las dos cosas. No gano dinero directamente por las redes, porque no hago publicidad, pero sí me traen pacientes. Y si dejara de publicar, esa vía se cerraría. Lo hago porque me gusta, pero también porque es importante para mantener mi proyecto.

P.- ¿Te consideras influencer o creadora de contenido?
R.- Me considero creadora de contenido. “Influencer” me suena más a lifestyle, moda… y yo me siento lejos de eso. Prefiero decir que creo contenido sobre relaciones y salud mental.

P.- ¿Qué te gustaría que la gente entendiera mejor sobre ir a terapia?
R.- Que la terapia es ese lugar seguro que quizá necesitaste en algún momento de tu vida. No es solo para gestionar problemas concretos, sino también para aprender lo que significa sentirse escuchado, valorado y acompañado. Hay personas que nunca han tenido eso en su entorno, y la terapia les da ese apoyo por primera vez.

P.- ¿Y qué es lo más bonito de tu trabajo?
R.- Ver cómo las personas se empiezan a querer, cómo caminan con más seguridad, con más calma, más fuertes. Ver cómo salen de terapia diciendo “lo he conseguido, ahora puedo valerme por mí”. Es como darles una armadura emocional. Y eso, de verdad, es precioso.