Cuando un reto se convierte en aprendizaje
En una clase, el profesor plantea a sus estudiantes al inicio del curso: «necesitamos aumentar el reciclaje en el centro educativo en un 25% durante este curso académico». Este reto requiere un enfoque interdisciplinario, integrando conocimientos de estadísticas, reciclaje, comunicación y publicidad, trabajo colaborativo y análisis del impacto económico si se alcanza ese porcentaje de reciclaje en el centro. Además, un equipo podría grabar un documental sobre la experiencia del reto, lo cual también exige colaboración: trabajo en equipo y coordinación de responsabilidades. Este reto está orientado a la resolución de problemas: ¿cómo nos organizamos? ¿cuáles mensajes planteamos? ¿qué actividades realizamos? El liderazgo del docente es crucial, actuando como guía, orientador y facilitador, aportando conocimientos y evaluando el proceso. Estamos ante un «aprendizaje basado en retos».
Si hablamos de «reto», nos referimos a un «objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta» (Diccionario de la lengua española). Desde esta perspectiva, en el contexto educativo, cualquier actividad debería ser un reto para el profesorado y para el alumnado. Si no lo es, ¿cómo podríamos motivar el aprendizaje? En los tiempos actuales, las competencias que un estudiante debe ir incorporando en su aprendizaje son amplias y diversas.
En definitiva, la metodología denominada «aprendizaje basado en retos» focaliza la atención en esta dimensión: es una estrategia pedagógica que coloca a los estudiantes en el centro del proceso de aprendizaje, enfrentándolos con problemas o desafíos reales que requieren soluciones creativas y colaborativas.
La clave radica en la narrativa que el profesorado aporte a la diversidad de retos que plantee al alumnado. Por supuesto, siempre en el contexto de un diseño curricular y con la finalidad de alcanzar los objetivos de aprendizaje. Es fundamental la supervisión, monitorización y adecuación de los retos a las características del alumnado. Para ello, se suelen mencionar algunas características relevantes del aprendizaje basado en retos. Primero, interdisciplinariedad, al promover la integración de diversas disciplinas, permitiendo a los estudiantes abordar los desafíos desde múltiples perspectivas. Segundo, colaboración, al fomentar el trabajo en equipo y la cooperación entre el alumnado. Tercero, orientación a la resolución de problemas, al permitir al alumnado identificar problemas, proponer soluciones y ponerlas en práctica.
Fundamental en el aprendizaje basado en retos es un profesorado que lidere el proceso. Orientador, guía, motivador. Es fundamental un cambio de mentalidad: el aprendizaje es un proceso y se adquiere en la medida en que se alcanzan los retos planteados. Se complementa con otras actividades y metodologías de aprendizaje. Son fundamentales los recursos, una preparación previa y una estrategia para que la reflexión crítica esté presente en el proceso. Esto implica una evaluación compleja, no resuelta con un examen o un trabajo, sino que requiere desarrollar nuevas herramientas y criterios de evaluación.
Al centrarse en el aprendizaje activo y la resolución de problemas reales, el aprendizaje basado en retos prepara a los estudiantes para enfrentar los desafíos de la sociedad en la cual conviven, equipándolos con las habilidades y conocimientos necesarios para tener éxito en su vida académica, profesional y personal.