Zaragoza.- Desde hace más de ocho décadas, generaciones de aragoneses han pasado por las aulas de Kühnel Estudios Superiores. Lo que en sus orígenes fue un jardín de infancia, se ha convertido en una escuela de negocios puntera en Aragón, impartiendo programas formativos relacionados con la gestión empresarial y de negocios.
En Kühnel Estudios Superiores apuestan por la formación presencial en la que tiene un peso esencial el conocimiento de la realidad de las empresas. Por ello, cuentan con profesionales con amplia experiencia laboral.
Trabajar en estrecha colaboración con las empresas es clave para conocer las necesidades de éstas y poder formar de manera acorde con ellas a sus alumnos. Talento, capacidad de esfuerzo y conocimientos multidisciplinares son, según el director general de Kühnel Estudios Superiores, Javier Kühnel, las principales demandas de las organizaciones.
Pregunta.- ¿Cuál es la trayectoria de Kühnel, Estudios Superiores?
Respuesta.- La empresa cumple 85 años. Nació como jardín de infancia, fundada por mi abuelo. Al fallecer éste, mi padre se encargó de la gestión y dirección y, desde entonces, y durante 65 años, hemos trabajado como una academia. Estamos muy posicionados en el sector de lo financiero y preparación de oposiciones, pero siempre muy sensibilizados con la captación de talento, que es lo que buscan las empresas.
Cuando me incorporé a la Dirección, hicimos un cambio de estrategia de negocio y nos convertimos en una escuela de negocios. Desde el año 95 nos dedicamos a la formación de postgrado, atendiendo a las necesidades de las empresas, que al final son nuestros clientes.
Iniciamos una nueva trayectoria muy diferente con cambios estratégicos, de plantilla, de producto, de proceso e incluso de instalaciones. Llevamos casi quince años así y estamos muy satisfechos.
P.- ¿Qué les piden las empresas?
R.- Las empresas buscan captar talento con una actitud muy volcada hacia el esfuerzo y al sacrificio y con una formación práctica y útil. También se buscan personas con una capacidad multidisciplinar, pero especializadas en un área.
P.- ¿Ustedes encaminan a sus alumnos a la hora de elegir un programa formativo u otro?
R.- Una de las claves de éxito que tenemos a la hora de que nuestros alumnos encuentren un puesto de trabajo es precisamente el acompañamiento y la mentorización mientras están en el centro. Es importantísimo no solo el perfil académico del alumno, sino también el perfil personal para orientar su carrera hacia lo que pueda hacer mejor. Tenemos un Departamento de Desarrollo Profesional del Alumno, que se dedica a esto de manera individual. Al final las empresas lo que buscan son personas y nosotros tenemos a esas personas durante diez o doce meses, lo que nos permite conocerles muy bien.
P.- ¿Cuál es su perfil de alumno?
R.- Alrededor del 60% de ellos son alumnos licenciados universitarios, titulados superiores, que han acabado la universidad o que llevan dos o tres años trabajando. Es un perfil más junior, de personas que buscan encontrar un trabajo o avanzar en su carrera profesional. El resto son de tipología más variada. Se trata de directivos u otros clientes o alumnos con titulaciones diversas.
P.- ¿Cómo ha evolucionado el proceso formativo?
R.- Ha habido mucha incorporación de nuevas tecnologías, pero nosotros hemos seguido siendo fieles a nuestra metodología, que se basa en lo que necesita escuchar nuestro alumno. Es decir, las realidades que se encuentran en un despacho explicadas por profesionales que tienen un alto nivel de responsabilidades y competencias y que saben transmitir académicamente sus conocimientos a los alumnos.
Empleamos mucho el caso práctico y esta formación se presta muy bien al modelo pedagógico de intercambio de experiencias entre el alumno y el profesor. Así, los alumnos superan ese ‘gap’ entre la empresa y el aula.
P.- ¿Qué ventajas y desventajas tienen las nuevas tecnologías?
R.- Las nuevas tecnologías tienen que ser utilizadas de forma coherente y consecuente. La formación on-line sirve para muchas cosas, pero no para todo. Si queremos una formación en la que se transmitan conocimientos, habilidades y competencias, el contacto con el profesor de “tú a tú” es fundamental. Una cámara te da el servicio, pero es mucho más distante y dificulta esa comunicación.
Como apoyo, las plataformas on-line vienen bien porque los alumnos se obligan a trabajar de diferente forma y con unos métodos que nos rodean. Incluso la metodología de acceso a la información y desarrollo de proyectos y trabajos es diferente. Es cierto que sirve para emplear recursos que están ahí fuera, pero nuestro criterio es no sustituir un profesor presencial por una cámara y profesor a kilómetros.
P.- ¿La situación de crisis ha llevado a la gente a formarse más o la falta de recursos impide este acceso a la formación?
R.- Hay que analizar dos aspectos: por un lado la necesidad de formación de mucha gente y, por otro, la falta de posibilidades económicas de las personas que necesitan esta formación. Estamos también en Madrid desde hace tres años y lo que palpamos es que la parte de negocio de las escuelas no está saliendo adelante de manera fácil, no por la necesidad de formación, sino por la falta de recursos.
Nosotros hemos solventado esto gracias al programa de becas con empresas, por el cual las compañías pagan el 90% de lo que cuesta cada programa. Es cierto que es un sector que lo está pasando mal. Ha habido un tiempo en el que todo el mundo se ha apuntado a la formación porque parecía una salida fácil. Pero no es así. Requiere mucho compromiso y profesionalización.
P.- Centros como el suyo suponen una continuación de la formación más allá de la enseñanza reglada. Desde su posición, ¿cómo ven el sistema educativo español?
R.- El sistema tiene que replantearse desde Primaria. Nos han educado en una serie de competencias que no nos aportan muchas herramientas para defendernos en el mercado laboral, sino en un sistema que produce aspirantes a puestos fijos.
En lo que respecta a la universidad, también debería mirar hacia su interior. Tiene dos vías, una es la investigación y la docencia; pero otra, que es la que más gente busca, son programas que le vinculen con la empresa. Deberíamos remodelar el sistema y hacer planes formativos donde los profesionales se incorporen a la docencia, donde los programas se adapten a las necesidades de aquellos que están contratando, es decir, las empresas.
P.- El sector de las academias y centros de enseñanza ha sido muy denostado durante los últimos años. ¿Mejora la situación y qué falta por hacer para que sea un sector de prestigio?
R.- La crisis ha golpeado en la línea de flotación de un sector que necesitaba profesionalización y adaptarse a la demanda del mercado. Al no aportar un contenido nuevo y útil, ha habido centros que han cerrado, pero está pasando en todo el sector formativo.
Los centros deben ofrecer un producto acorde con las demandas del mercado profesional. La crisis ha propiciado que al no aportar un contenido nuevo y útil, muchos centros han cerrado. Pero esto pasa en toda la fila de proveedores de servicios académicos. Se ha vivido muchos años a la sombra de la subvención y en el momento en que se ha cortado este grifo, quienes no son profesionales, han caído.
P.- ¿Cómo es su relación con el Centro Universitario de Villanueva [adscrito a la Universidad Complutense]?
R.- La relación es cómoda porque entendemos la formación de una misma forma. El de este centro es un equipo extraordinario y muy bien dotado profesionalmente. El acuerdo se basa en la afinidad de criterios.
Esto se concreta en dos o tres vías: la primera es la convalidación como títulos propios de los programas máster que ofrecemos a nivel nacional. Además, nosotros impartimos los postgrados en Madrid en las instalaciones de este centro, por lo que aprovechamos sus medios, su logística… Por supuesto, hacemos intercambios de profesorado.
P.- ¿Se plantean alguna colaboración de este tipo con alguna de las dos universidades aragonesas?
R.- Hace un tiempo intentamos un acercamiento con la Universidad de Zaragoza, pero es demasiado hermética, creo que no vendría mal que abriera sus colaboraciones con otros centros.
Con la USJ llevamos a cabo un proyecto concreto durante algo más de un año y vimos que cada uno debía volver a sus cauces.
P.- Otra de sus actividades de referencia es el Salón de Empleo, que cada año es un éxito porque la afluencia de personas es mayor. ¿Esto refleja la dificultad de la situación?
R.- El Salón de Empleo es una fórmula sencilla. Se trata de unir dos voluntades: la de aquellos que quieren contratar y la de aquellos que quieren ser contratados. Aparentemente es muy fácil, pero no lo es tanto porque se trata de captar empresas que tienen que aportar puestos de trabajo de calidad y porque necesiten talento.
La crisis ha cambiado los perfiles. Al principio abundaba más un perfil menos profesional, pero en estos últimos años acuden al salón personas muy capacitadas, con mucha experiencia de trabajo.
Con esta iniciativa intentamos aportar un soplo de motivación, de que se puede encontrar un puesto de trabajo y no sólo facilitamos la entrevista, sino que asesoramos al candidato a través de una serie de talleres.
P.- La última iniciativa en la que se han involucrado es el programa Puedes. ¿En qué consiste?
R.- Esto surgió en noviembre de 2012. La iniciativa surge porque pensamos que las empresas tenemos un compromiso social importantísimo. Se nos ocurrió lanzar un programa que una recursos de varias empresas especialistas es sus áreas para ayudar a gente en su búsqueda de empleo para que sea menos ardua, menos difícil y algo más motivadora.
Las empresas aportamos profesionales con experiencia en herramientas de búsqueda de empleo, de diversos aspectos de la entrevista… Además, tendrán un programa de mentorización y acompañamiento para intentar que la mayor parte de estas personas encuentren un empleo.
P.- ¿Cuáles son los cursos que más les demandan sus alumnos?
R.- Ahora no hay ninguna línea que despunte por encima de los demás, algo que creo que es bueno. Todos los sectores siguen demandando personal, pero no hay ningún pico.
En mi opinión, hay que incidir en la formación en idiomas. Los idiomas son algo que todos sabemos que necesitamos, pero muy poca gente se lanza a la aventura de aprenderlos.
El campo de trabajo es prácticamente global. España tiene una situación muy compleja, pero fuera hay unas oportunidades de mercado impresionantes. Además, la gente que ha tenido la iniciativa de trabajar fuera, luego está mejor reconocida en los procesos internos de selección en España.