Colegio Ramiro Soláns de Zaragoza: de “gueto” a convertirse en el mejor colegio de España
Hace más de 20 años el colegio público Ramiro Soláns de Zaragoza jamás se hubiera podido imaginar que se convertiría en el mejor colegio de España. Después de un largo camino de trabajo y esfuerzo, marcado por los estereotipos de un centro educativo en el barrio Oliver, han logrado el objetivo con el que habían soñado. Por su espíritu “transformador de vidas”, por una metodología “innovadora” y por los valores que defienden, entre otros muchos aspectos, se han alzado con el Premio Princesa de Girona Escuela 2024.
El cariño, los buenos gestos, las sonrisas y el compañerismo son palpables en cada uno de los rincones del colegio. Y aunque pueda parecer que la llegada de las vacaciones de verano es un factor importante en el buen ánimo, se nota que estas características están en el ADN de todo el colegio. Basta con darse una buena vuelta por sus aulas y charlar con alumnos, familias y profesorado para despejar cualquier duda sobre por qué han recibido este merecidísimo galardón.
A pesar de que ahora es el mejor colegio de España, los comienzos nunca fueron sencillos. Según cuenta su directora, Rosa Llorente, al inicio de los 2000, el centro era un “gueto” que proyectaba “una imagen muy negativa hacia el interior y exterior”. Se enfrentaban a tasas de fracaso escolar del 95% y a “graves” problemas de convivencia y absentismo del 45%. “Familia y escuela caminábamos en direcciones opuestas”, asegura.
Es ahí donde comienza la gran “aventura”, una “larga y compleja”, pero que tantas alegrías les ha dado. “Nos embarcamos en la construcción de un proyecto de transformación social a través del lema “Vive tu escuela, atrévete a cambiar”. La clave del éxito -afirma- fue instaurar las creencias que tenían de “justicia social, equidad e inclusión”. Y poco a poco, y con buena letra, transformaron el colegio desde “la coherencia, desde la ética y del cuidado hacia nuestras familias, alumnado y profesorado, generando una fuerte vinculación emocional”. Estas “alianzas” fueron determinantes para poner en marcha proyecto que, de otra forma, hubiera sido “imposible”. Frente a esos primeros indicadores, actualmente las tasas de éxito se sitúan en el 75% y el índice de absentismo se ha reducido al 4%.
Y así, como si fueran huellas de este camino, las paredes y las puertas del colegio están abarrotadas de proyectos realizados por los alumnos que demuestran los valores que busca impulsar el colegio. Un mural sobre las mujeres deportistas para generar referentes, la igualdad de oportunidades a través de dibujos de bailarines y bailarinas o cómo se debe trabajar en equipo. “Queremos formular un alumnado sano, emocionalmente empático, activo, crítico, participativo, comprometido y creativo”, explica la directora.
UNA METODOLOGÍA “INNOVADORA”
El profesorado es una parte “esencial” para el proyecto del centro, pues no trabajan con libros y el material es totalmente propio. Por ello, el equipo directivo trabaja desde un modelo de liderazgo “apreciativo” que permite sumar los talentos de todos los docentes para volcarlos “hacia el bienestar común y generar ganas de cambio”, explica Llorente.
“Nos centramos en las fortalezas de los niños y en dar una atención personalizada a los alumnos”, manifiesta la jefa de estudios, Amparo Jiménez, quien señala que, a pesar de que hay varias metodologías de aprendizaje, la base es “el trabajo en equipo y la colaboración”. La realidad es que buscan que aprendan de forma “divertida” despertando la curiosidad y potenciando la creatividad de los jóvenes. Así, durante el año se eligen diversos temas para trabajarlos en las aulas como han sido los vikingos, el imperio romano o el medio ambiente.
Una vez elegida la temática, los profesores elaboran material para trabajar en clase. Es por esto, que la “creatividad” de toda la comunidad educativa es “fundamental” para llevar adelante el proyecto del colegio.
La inclusión de las familias es una parte muy importante para el centro. Desde una exposición sobre las historias personales de cada familia hasta viajar gastronómicamente a los países de las 25 nacionalidades que conforman los 384 alumnos que tiene el colegio. “Es muy importante abrir las puertas y que las familias, cuando entren aquí, se sientan como en su casa y aunque se marchen del centro sigamos siendo su referente”, relata la directora.
Llama especialmente la atención que los alumnos más mayores elaboran un periódico escolar y un programa de radio con temas de actualidad que les interesa como la Guerra de Gaza, mujeres empoderadas, los derechos de los niños o el medioambiente. Además, los alumnos cuentan a través del periódico digital las novedades del colegio, así como plasman ideas que les envían sus profesores. “Creo que está muy bien porque intentas encontrar nuevas cosas que te gusten; por ejemplo, si quiero puede ser una presentadora”, explica Lina, una de las alumnas.
Por otro lado, dentro del horario lectivo, los alumnos tienen clases de robótica. “Llegamos a todo el alumnado, trabajando la igualdad de oportunidades y vencer esa brecha de género que se da en las competencias digitales”, explica la jefa de estudios. De estas clases se encargan dos tecnólogos expertos que ayudan a los jóvenes a entender este mundo y adquieran competencias digitales en un futuro cada vez más tecnológico.
IMPULSAR LA INSERCIÓN LABORA A TRAVÉS DE “HILVANA”
La transformación social va mucha más allá de las aulas del Ramiro Soláns, y es que también impulsan el proyecto “Hilvana”. Se trata de un taller de emprendimiento femenino textil en el que participan las madres y familiares de los alumnos del colegio dos veces por semana. A través de él, se busca favorecer la entrada al mundo laboral.
Rabab es una de las mujeres que acuden al taller y reconoce que, al igual que la mayoría, aprendió a coser gracias al taller. Bajo la marca “Hilvana”, crean batas, bolsos, neceseres, llaveros y toda clase de piezas que se pueden adquirir en el mercadillo del colegio y en otros puntos como el rastro de la Magdalena.
“Es muy bonito poder ayudar a las personas a construir y diseñar proyectos personales de vida. Eso es algo que te llena, te gratifica y te hace crecer mucho como persona y como profesional”, asegura Rosa Llorente.