Carlos Martín Montañés: “Lo más impactante es que la tuberculosis sigue matando pese a ser curable"

El doctor Carlos Martín Montañés, investigador de la Universidad de Zaragoza, es el investigador principal del desarrollo de la vacuna MTBVAC contra la tuberculosis

A pesar de ser una enfermedad curable, la tuberculosis causó la muerte de 1,25 millones de personas en 2023 en todo el mundo. “Lo más impactante es que una enfermedad curable siga matando”, afirma Carlos Martín Montañés, investigador principal del desarrollo de la vacuna MTBVAC contra la tuberculosis. Desde la Universidad de Zaragoza, su equipo trabaja desde hace más de tres décadas para lograr una vacuna universal que proteja a quienes no tienen acceso a los tratamientos, especialmente en regiones donde la enfermedad tiene tasas de mortalidad más altas como India o Sudáfrica.

La vacuna, actualmente en fase avanzada de ensayos clínicos en recién nacidos de Sudáfrica, Senegal y Madagascar, podría cambiar la historia de la enfermedad. “Queremos que sea una vacuna universal, asequible y útil para controlar la enfermedad a nivel global”, resume el aragonés que este miércoles recibió el Premio Aragón Salud 2025 en reconocimiento a su trayectoria.

PREGUNTA.- ¿Cómo se siente al recibir el Premio Aragón Salud 2025 por su investigación de la vacuna de la tuberculosis?

RESPUESTA.- La verdad es que no me gusta mucho recibir premios, sobre todo porque estamos al final de un proyecto muy largo en el que intervienen muchísimas personas. Yo pongo la cara, pero en realidad es un proyecto colectivo que empezó hace unos 30 años con muy poquita gente, y hoy cada vez hay más personas que creen en él. Por eso, recibir un premio a título personal siempre me da un poco de pudor. Es un reconocimiento que agradezco, pero que pertenece a todo el equipo que ha trabajado durante tanto tiempo.

P.- La enfermedad de la tuberculosis suena a pasado, pero más de un millón de personas perdieron la vida por esta enfermedad en 2023…

R.- La tuberculosis, en nuestro medio, es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria que tarda mucho en crecer. Se transmite por vía respiratoria y, en cierto modo, le hemos perdido el respeto porque desde los años 60 o 70 disponemos de antibióticos que, con seis meses de tratamiento, pueden curar completamente a la persona. En nuestro entorno sigue habiendo tuberculosis, pero la gente ya no muere por ella.

"Cuando una persona está enferma y no se trata, tiene una probabilidad de morir del 50%"

Cuando una persona está enferma y no se trata, tiene una probabilidad de morir del 50%. Las cifras más altas de mortalidad se concentran en países como India o Sudáfrica que viven una situación parecida a la de Europa a comienzos del siglo XX donde no tienen acceso al tratamiento. Lo más impactante es eso, es una enfermedad curable que sigue matando. Por eso es tan importante desarrollar una vacuna que proteja a quienes no tienen acceso a los tratamientos.

Es una enfermedad del pasado, sí, pero también del presente. En Europa del Este, por ejemplo, hay cepas resistentes a los fármacos. Por eso, Europa y Estados Unidos financian su investigación: temen un rebrote que no pueda tratarse. Una vacuna sería muy útil para todos.

La enfermedad mata a más de un millón de personas al año. Foto: Lorena Torrijo

P.- ¿Cuánto tiempo lleva dedicándose a la investigación de esta vacuna?

R.- Estudié Medicina en Zaragoza y terminé en 1982. Luego empecé la tesis en Microbiología y me formé en técnicas de biología molecular y resistencia a antibióticos durante cinco años en Santander. En 1987 volví a Zaragoza y luego me fui tres meses al Instituto Pasteur donde trabajé con Mycobacterium tuberculosis.

Entre 1987 y 1992 aprendí las técnicas de biología molecular y, de vuelta a Zaragoza, comenzamos a estudiar brotes de tuberculosis multirresistente, sobre todo entre pacientes con VIH, cuando aún no existía tratamiento contra el sida. Las personas con sida tenían la inmunidad muy baja y morían por tuberculosis resistente. Ese fue el punto de partida para nuestra línea de investigación.

P.- ¿Cuántas personas forman parte de su grupo de investigación?

R.- Empezamos muy pocos, siete u ocho. Actualmente, el número varía, pero puede llegar a treinta. Trabajamos tanto en el desarrollo de la vacuna como en la búsqueda de nuevos fármacos, junto con otro grupo dentro del mismo equipo. Se han leído más de quince tesis doctorales dedicadas a la vacuna y una tesis es una vida para un investigador, son cinco o seis años de trabajo. Además, hay más de cien artículos publicados y colaboraciones con proyectos europeos y otros grupos internacionales. Todo eso forma parte de la fase preclínica que hemos ido avanzando paso a paso.

P.- Están desarrollando la vacuna MTBVAC después de cien años desde que se creó la vacuna BCG...

R.- La MTBVAC es una vacuna de dosis única. A diferencia de otras, no requiere conservarse a -30 grados: puede guardarse en nevera y durar dos años. Es una tecnología sencilla, basada en la vacuna BCG pero con una cepa humana. Protege contra las formas respiratorias, que son las que transmiten la enfermedad, algo que la BCG no consigue. Nuestra idea es simple, pero realista: una vacuna que el mundo ya sabe fabricar, transportar y aplicar, pero con la eficacia necesaria para cambiar la historia de la tuberculosis.

"Protege contra las formas respiratorias, que son las que transmiten la enfermedad, algo que la BCG no consigue"

La vacuna MTBVAC es la única vacuna atenuada derivada de una cepa humana de tuberculosis. Hasta ahora existía la vacuna BCG que procede de las vacas. A esa cepa le faltan muchos genes que consideramos esenciales para la inmunidad, y por eso decidimos desarrollar una nueva. Nuestra idea es clásica: cogemos el patógeno y lo atenuamos, eliminando el gen más virulento —el que causaba muertes en pacientes con VIH—, y lo probamos en distintos modelos animales hasta llegar a humanos. En 2001 conseguimos el primer prototipo y, en 2006, se incorporó una compañía española, Biofabri, creada para desarrollar la vacuna junto con la Universidad de Zaragoza. Es la encargada del desarrollo industrial y clínico.

Llevar una idea del laboratorio a los ensayos en humanos es muy difícil y costoso. En España hay pocos fármacos que se inicien desde cero porque son procesos largos, pero este es uno de ellos. Queremos que sea una vacuna universal, asequible y útil para controlar la enfermedad a nivel global. Por eso necesitamos financiación pública.

En 2012 comenzaron los ensayos clínicos en humanos. Foto: Lorena Torrijo

P.- ¿En qué punto se encuentra el desarrollo de la vacuna y cuando podrá comercializarse?

R.- En 2012 comenzaron los ensayos clínicos en humanos. Nunca antes se había probado una cepa atenuada de tuberculosis en personas. Se empezó en Lausana (Suiza), con voluntarios sanos, principalmente estudiantes de medicina y personal sanitario. Se demostró que la vacuna era segura e inmunogénica. En 2015 se inició un ensayo en un país endémico, comparándola con la BCG, que protege a los niños de las formas graves, pero no de las respiratorias.

Actualmente, el ensayo con recién nacidos se realiza en Sudáfrica, Senegal y Madagascar. Es un estudio a doble ciego con más de 7.000 bebés, ya se han vacunado más de 5.000 y quedan unos 2.000. Después, habrá un seguimiento de uno o dos años para analizar la eficacia. Si todo va bien, los resultados podrían conocerse en dos o tres años. Mientras tanto, trabajamos con la Organización Mundial de la Salud, UNICEF y otras entidades internacionales para asegurar que la vacuna sea accesible y pueda producirse en grandes cantidades.

P.- ¿Con qué apoyo económico cuentan actualmente?

R.- Desde el principio, los estudios básicos se financiaron con apoyo del Gobierno de Aragón y del Ministerio de Sanidad. Desde 1993 hasta hoy hemos mantenido de forma ininterrumpida proyectos nacionales. Desde el año 2000 también hemos recibido fondos europeos, participando en comparaciones con otros laboratorios europeos. Actualmente, los estudios clínicos se financian con proyectos europeos y fundaciones internacionales. El mayor reto está en la fase 3 del ensayo con bebés, que requiere decenas de millones de euros. Esa es la financiación que falta por completar.

P.- Insiste en que la vacuna debe ser universal y asequible...

R.- La mayoría de las personas que mueren por tuberculosis no tienen acceso al tratamiento, aunque exista y es muy triste que una enfermedad curable siga causando muertes. Queremos llegar a toda la población porque, además de salvar vidas, una vacunación universal evitaría la transmisión y protegería también a nuestros propios países. A largo plazo, podríamos pensar incluso en la erradicación de la enfermedad. En los años 80 se creía que la tuberculosis estaría erradicada en los 2000, pero luego llegó el sida, la resistencia a antibióticos… y vimos que el tratamiento no basta. Hace falta una vacuna eficaz y accesible.