Casi 80.000 parados en Aragón no reciben ninguna prestación y los desempleados de larga duración, más de dos años sin trabajo, ascienden a 39.600, según el informe presentado por CCOO. Son datos que no invitan a pensar que la economía se está recuperando. Es verdad que hay menos parados que hace un año, pero los posos que ha dejado la crisis serán difíciles de quitar y llegar a las tasas de desempleo que se registraron en 2008 es una utopía.
El nuevo Gobierno de Aragón debe presentar cuál va a ser la tónica que va a seguir en materia de empleo. Sus principales retos pasan por conseguir que los parados de larga duración puedan reincorporarse al mercado laboral. Para ello las políticas activas de empleo deben ser prioritarias. Formación, seguimiento y actualización de los conocimientos son algunas de las necesidades de este colectivo.
Otro de los retos pasa porque los desempleados sin prestación puedan recibir algo. Este segmento de la población se encuentra, en muchas ocasiones, en una situación límite. Sin embargo, no se tiene que ver como una subvención que permite estar sin hacer nada. Este dinero tendrá que estar bien administrado y quien lo reciba se debe comprometer a desarrollar una búsqueda activa de trabajo.
El mercado laboral aragonés está mejor que hace un año y poco a poco todo se va estabilizando. Hay que añadir que en el caso de la Comunidad el principal motor del empleo ha sido la industria, considerada habitualmente menos volátil que el sector servicios. La senda recorrida ha sido la acertada, pero la cautela debería imponerse al triunfalismo.