La pescadilla que se muerde la cola

En poco más de un mes se aplicará el incremento del IVA aprobado por el Gobierno de Mariano Rajoy. El caso que más ampollas ha levantado es la subida de algunos bienes y servicios que pasarán a tributar del tipo reducido del 8% al general, que alcanzará un 21%. Librerías, teatros, peluquerías, centros de estética o el cine son algunos de los servicios que entran dentro de este saco.

En poco más de un mes se aplicará el incremento del IVA aprobado por el Gobierno de Mariano Rajoy. El caso que más ampollas ha levantado es la subida de algunos bienes y servicios que pasarán a tributar del tipo reducido del 8% al general, que alcanzará un 21%. Librerías, teatros, peluquerías, centros de estética o el cine son algunos de los servicios que entran dentro de este saco.

Esta subida del IVA vuelve a cebarse con los que menos tienen. Y es que éste es un impuesto que afecta a todos sin tener en cuenta la capacidad económica de cada uno, por lo que la clase baja y media son, una vez más, los más castigados con este incremento.

El encarecimiento de bienes y servicios puede provocar un menor consumo, con todo lo que ello implica para los comercios, especialmente para las pymes y autónomos. Muchos negocios se verán obligados a asumir el IVA y reducir sus beneficios, si es que todavía los tienen, o a aplicar la subida con el más que seguro descenso de ventas, pudiendo llegar incluso a tener que echar el cierre, lo que supondría engordar más las listas del paro.

Esta situación es como la pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso del que parece que no se va a salir nunca y que, de seguir así, acabará explotando con las peores consecuencias. Además, la falta de consenso entre los dos grandes partidos no ayuda nada a tranquilizar un ambiente que empieza a ser insostenible.
 
Es tal el cariz que ha tomado la crisis que ya se puede calificar, sin ningún pudor, de irresponsable la actitud de los políticos que, inmersos en sus batallas dialécticas, están más pendientes de medir sus palabras para quitar y poner votos en un bando u otro que del futuro del país.

Dejar a un lado sus diferencias y pensar más en los ciudadanos debe ser el principal objetivo que debe marcarse la clase política para poder remar en la misma dirección y hacer frente a la crisis. Sólo así, con consenso y trabajo en equipo, se pueden empezar a poner las primeras piedras para el camino de la recuperación. De lo contrario, la pescadilla acabará ahogándose con su propia cola.