La empresa Becton Dickinson ha dado marcha atrás en la construcción de su fábrica de jeringuillas en Zaragoza cuando estaba prácticamente finalizada. El edificio se sitúa en una de las parcelas del polígono Empresarium de La Cartuja y en los trabajos estaban participando hasta 35 empleados. La inversión total, que se ha ejecutado en buena parte, rondaba los 206 millones de euros en tres fases, de las cuales la primera consistía en levantar este complejo para después equiparlo. Tal era el interés del Gobierno de Aragón que se tramitó su Declaración como proyecto de Interés Autonómico (DIA) hace ahora tres años, en 2021, e incluso miembros del Ejecutivo participaron en la colocación de la primera piedra.
Según ha explicado el director general de Política Económica del Gobierno de Aragón, Javier Martínez, la decisión responde a motivos “estrictamente empresariales”. “Hay que tener en cuenta siempre esta posibilidad. Una empresa que está muy lejos de Zaragoza, ante un comportamiento bursátil, y en este caso ha caído más de un 15% este último año, o un cambio en la dirección, haga cambiar totalmente sus planes de expansión”, ha asegurado.
Así las cosas, dice, los esfuerzos de la DGA ya se centran en “recolocar lo antes posible a los trabajadores y continuar la labor de atraer empresas y de ayudar a las que hoy están en Aragón a que sigan creciendo para que la economía sea cada vez más competitiva”. La interrupción de su desembarco en Zaragoza no borra su presencia en la Comunidad, y es la multinacional lleva más de cuatro décadas asentada en la localidad oscense de Fraga.
No obstante, se trataba de un proyecto de calado. En cifras, la previsión apuntaba a que de la planta zaragozana saldrían más de 1.500 millones de jeringas cada año una vez se pusiera en funcionamiento. Casi triplicaría los 6.000 anuales de Fraga a fecha de 2021, un número que puede haber variado tras las inversiones de los últimos años.